Prueba la fama

Reforma
2016-08-23

Ciudad de México— Misael Rodríguez espera que el éxito no lo noquee.

A diferencia de otros boxeadores, el medallista olímpico no quiere ser víctima de los excesos, parrandas, alcoholismo y el derroche de dinero que terminan por aniquilar las carreras deportivas.

Desde que ganó la presea de bronce en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en su natal Parral, Chihuahua permanecen en trance de adoración y ahora entiende la idolatría que desata un pugilista.

Ayer vivió la exaltación de la gente al llegar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México blindado por elementos de seguridad y alrededor de un tumulto de personas que apenas lo dejaron subirse a la camioneta donde partió al hotel.

Pero admite que su mejor arma son un par de puños y la sabiduría de su madre Aurelia Olivas, quien llegó ayer por sorpresa al aeropuerto para abrazarlo.

“Tengo 22 años. Sé que soy joven, lo que me ayuda a mí es que tengo es una gran madre, tengo una gran familia que siempre han estado ayudándome, siempre han estado conmigo.

“Siempre me han mantenido con los pies sobre la tierra y pienso que ellos no me van a dejar a mí, y yo no voy a cometer excesos”, compartió en una comida de bienvenida que le organizó la Federación Mexicana de Boxeo en un restaurante de la capital.

El púgil tricolor ya quiere llegar a casa, donde el sábado será recibido por familiares y allegados.

“Ahora ya puedo comer unos tacos y pasar tiempo con mi familia, ir a la Ciénaga de Cenicero en mi Parral”, exclamó.

“No he visto a mis hermanos, sólo vino uno. Quiero comer tortillas de harinas, platicar con mis tíos, son momentos muy bonitos que extraño mucho”, platicó.