Una década separados... un abrazo de tres minutos

Iris González/ El Diario
2018-10-14

Ciudad Juárez– Después de 10 años de no ver a su hermana Patricia que vive indocumentada en Denver, Agustín Medina pudo por fin volver a estar cerca de ella, aunque sólo por dos minutos.

El juarense se dio cita a las 8 am del sábado en el muro fronterizo, a la altura de la colonia Puerto Anapra, del lado mexicano, donde una hora después se abrió una de las puertas para permitir este reencuentro.

Agustín y Patricia, al igual que otras 250 familias, se reencontraron en la sexta edición de “Abrazos, No Muros” (“Hugs Not Walls”), organizada por la Red Fronteriza por los Derechos Humanos (BNHR), bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza.

A eso de las 9 am, elementos de la Patrulla Fronteriza abrieron una compuerta de 6 metros de alto (19.7 pies) en la valla –en los límites de Sunland Park y Anapra– para permitir que los residentes en Estados Unidos se encontraran con sus parientes que viven en México.

Con la voz entrecortada, por una mezcla de lágrimas de felicidad con tristeza, Agustín platicó que desde hace una década se regresó a Juárez y solamente tenía contacto vía celular con su hermana, pues la situación migratoria de ella le impide cruzar a México.

‘¡Fue un milagro!’ María Luisa Bañuelos nunca imaginó que el muro que luce imponente e impenetrable en la línea divisoria se abriera algún día para poder ver, abrazar y besar a su hermano después de varios años sin verlo.

“¡Fue un milagro!”, dijo emocionada al ver a la distancia cómo se abría la enorme puerta de más de 6 metros de alto.

“Sentí mucha emoción, al igual que todos los miembros de mi familia que vinieron conmigo, dijo la madre de familia, a quien no le importaron las inclemencias del tiempo. “Se siente muy bonito, es una experiencia única”, expresó Dolores, cuyos ojos estaban a punto de brotar en lágrimas.

“Me habló mi hermana de Los Ángeles y ella no creía que podía abrirse el muro y poder abrazar a mi hermano”, dijo la mujer residente del Valle Bajo, quien se apresuró para poder subir las fotos a las redes sociales.

Reencuentro por turnos Fueron cerca de 3 mil personas provenientes de Durango, Guadalajara, Ciudad de México, Juárez, El Paso, Nuevo México, Denver y Kansas las que se dieron cita en este punto.

Con playeras azules, las familias que viven del lado estadounidense cruzaron el muro en esta área marcada con los cordones amarillos para encontrarse con sus seres queridos, que vestían de blanco, y fundirse en largos abrazos y besos.

Después de que sonaba el cronómetro, tenían que regresarse ambas a su territorio para permitir a otro grupo hacer lo mismo. Del lado mexicano el lugar fue resguardado por agentes de la Policía Federal, además de que hay algunos funcionarios que acudieron para ser testigos de las muestras de cariño de las familias.

Desde Durango, Esteban Rodríguez, de 81 años, vino a ver a su sobrina que vive en El Paso.

Dijo que la última vez que vio a Juanita Estrada, hija de su hermano, fue hace 10 años, por lo que decidió recorrer varios kilómetros hasta llegar a esta frontera para reencontrarse con ella.

En todo momento los agentes estuvieron haciendo guardia en las puertas, al pendiente de que los asistentes no cruzaran los cordones amarillos que se colocaron para establecer un perímetro en el que pudieran abrazarse.

‘¿Qué sería de mí?’ Por tercera ocasión María Cortés acudió a este evento para abrazar y besar a sus hijos que no puede visitar en El Paso, de donde fue deportada.

“Si no fuera por este tipo de eventos, no sé qué sería de mí, porque el único motivo por el que me levanto todos los días es porque sé que dentro de seis meses más podré volver a abrazarlos y besarlos”, platicó entre llanto la mujer.

Durante las cinco ediciones anteriores –comenzando en agosto de 2016– “Abrazos, No Muros” se realizó en el lecho del río Bravo a la altura del Centro de El Paso, frente al Barrio Chihuahuita y a la Presidencia Municipal de Juárez. No obstante, por el inicio de la construcción del muro fronterizo, ordenado por Donald Trump en septiembre, estuvo a punto de cancelarse el evento.

La Red Fronteriza tuvo que reorganizar el evento con el apoyo de la Border Patrol, para trasladarlo a Sunland Park, en la misma zona donde se realizan las misas binacionales. “Nosotros siempre decimos que es el último evento que va a realizarse porque no sabemos si nos den la oportunidad de volver a hacer otro”, dijo Teresa Nevárez, directora de la Red Fronteriza.

Ante el racismo “Esta vez lo estamos haciendo aquí, en un lugar que representa lo peor de la política migratoria, el racismo y la xenofobia que existe en los Estados Unidos”, afirmó Fernando García, director de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos.

Tras reconocer la voluntad de la Patrulla Fronteriza para la realización del sexto evento, dijo que fue un trabajo en el que se involucraron varias instituciones.

“Ellos abrieron la puerta para que se hiciera esta grieta en un muro que ha reflejado tantas cosas malas”, dijo García.

“La Patrulla Fronteriza trabaja ‘de la mano’ con todas las organizaciones no gubernamentales de la comunidad”, dijo Ramiro Cordero, portavoz de la Border Patrol en El Paso.