Hace mas daño un mal juez

Javier Cuéllar
2019-01-09

La cruzada emprendida por el régimen del presidente Andrés Manuel López Obrador en contra de los llamados huachicoleros, que han cometido en las últimas décadas un robo de combustibles a Pemex del orden de las 600 pipas de 15 mil litros cada una más la ordeña de ductos por el equivalente aproximado a otras 200 pipas diarias constituye el robo más grande que se haya cometido en el mundo en la historia de la humanidad y su destrucción ha causado serios problemas de abasto de combustibles por lo menos en 10 estados de la República.
La supresión de este enorme robo nos indica que la venta ilegal de esas 800 pipas de combustibles diarias, era de tales dimensiones que tenía ya sus propias cadenas de distribución ya que esa gasolina y diesel se vendían diariamente en el mercado nacional entre una extensa gama de empresarios gasolineros que no tenían el menor empacho en comprar combustibles robados ya que se les vendían más baratos, esos eran los cómplices por receptación de este gigantesco robo.
Al interrumpirse súbitamente el hurto, las líneas clandestinas de distribución quedaron sin suministro y se sobreviene el desabasto que estamos viendo porque todas esas gasolineras compradoras de lo robado se quedaron sin mercancía y ahora nada tienen que vender. En esos comercios cerrados se encuentra una línea de investigación que el gobierno debe seguir para atrapar, no sólo a los ladrones de Pemex, sino a los que les compraron lo robado, el cierre puede ser una evidencia. El hecho de que sobreviniera el desabasto que estamos presenciando demuestra a las claras que el robo suprimido era de dimensiones colosales. Resulta curioso que en las comarcas como Chihuahua y Juárez donde existió poco huchicoleo no se dio el desabasto.
Como mexicanos debemos comprender que el volver a utilizar los poliductos en estos momentos es volver a propiciar el robo de combustibles mediante la ordeña. En consecuencia tenemos que soportar un relativo desabasto mientras la distribución de combustibles por la vía de arrastre terrestre se vuelve a vigorizar y a rediseñar con cierta seguridad la distribución pues es tanto el atractivo del robo que aún con todo y el escándalo y la sobrevigilancia del ejército, los huachicoleros siguen robándose aproximadamente 70 pipas de combustible diarias sobre los propios cascos de los soldados. Tal es la audacia de los rateros.
Como paso inmediato el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador debe proceder a encarcelar a todos los trabajadores y líderes del sindicato petrolero, a todos los funcionarios y a todos los choferes y comerciantes privados que están involucrados en ese enorme robo a la nación mexicana para dar las menores oportunidades de huir a  esos bandoleros del huichicol, comenzando por su líder nacional Carlos Romero Deschamps y sus 46 líderes seccionales a quienes apunta la conducción de ese infame saqueo nacional.
López Obrador no debe facilitar ningún tipo de amnistía que favorezca a esta bola de ladrones que saquearon a este país durante décadas en la forma más descarada del mundo cuando eran ellos los que tenían la obligación de salvaguardar los intereses de la nación mexicana. Obreros, líderes, funcionarios y empresarios, todos tienen una enorme responsabilidad no sólo ante la historia, sino ante la ley. No puede haber una amnistía ni mucho menos un borrón y cuenta nueva.
Los ojos de la nación y del mundo se encuentran puestos sobre el presidente López Obrador que al destapar esta enorme cloaca ha asombrado al planeta y resulta injustificable que ahora que los tiene en sus manos nada haga y los proteja con ese manto de impunidad. Esos delincuentes han causado mucho daño al país pero López Obrador debe entender que Francisco de Quevedo nos dice: “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”. Y ahora el papel de juez le toca a él. Por lo menos el de justiciero.