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Deportes

Un mexicano en Brasil

Excélsior | Lunes 19 Septiembre 2016 | 06:36 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- En muchas ocasiones frente al marco, al balón hay que pegarle de primera intención para anotar. De esa forma vio Giovanni Marines (Ciudad de México, 1989) la oportunidad de trascender y formar una carrera dentro del futbol profesional, aunque ésta tuviera que forjarse en un país distinto, al que nunca se había imaginado llegar y mucho menos para practicar el balompié: Brasil.

Después de varios intentos por los equipos menores del América, Cruz Azul, Querétaro, Pumas y San Luis, este extremo mexicano, que por su agilidad y velocidad dentro del campo le apodaron Rayo, según cuenta a Excélsior, decidió aceptar una invitación para emigrar a un país donde el futbol es más que un deporte, lo cual contrasta con sus impresiones al comenzar a patear la pelota cuando era un adolescente. “Al principio, esto del futbol no me lo tomaba tan en serio”, revela.

“A los 24 años jugaba con Socio Águila, cuando en un selectivo se me acercaron personas de Brasil, se interesaron en mí y me invitaron a jugar allá. Fue Lourdes Magaris quien habló conmigo para probarme con el Colorado Atlético Clube”, recuerda Rayo Marines.

Confiesa que la incredulidad asaltó su pensamiento y las dudas le daban vueltas antes de tomar la decisión, además de tener el aspecto económico como una traba para trasladarse al país sudamericano.

“Me preguntaba: ‘¿Por qué yo? ¿Por qué me están invitando a jugar a un país donde exportan jugadores a muchos países?’. Creo que las cosas que el destino te tiene preparadas llegan en el momento indicado. Acepté, platicaron también con mis papás, mandaron algunas cartas y se concretó todo”, relata.

Antes de emigrar, se hizo de fondos. Cualquier cosa era buena.

“Durante unos meses me fui al centro de Coyoacán a vender chocolates con unos amigos que me ayudaron a completar para mi pasaje a Brasil. Fueron semanas muy intensas, porque si no viajaba en ese momento la oportunidad se me iba. Conseguí el dinero y pedí a Dios que todo saliera bien.”

Y le llegó la hora...

Marines había recibido una invitación, pero ésta no venía con un contrato. Era cuestión de estar unas semanas a prueba para determinar si su futbol era compatible con el que se desarrolla en Brasil, si se adaptaba, si podía llenarle el ojo a los técnicos y después se haría un ofrecimiento formal.

“La prueba fue con el Colorado Atlético Clube. Tuve que adaptarme al clima, a mis compañeros. Llegué sin saber nada de portugués y eso me frustró un poco porque en los partidos no entendía las instrucciones de mi técnico”, recuerda y comparte.

“Hubo momentos en los que lloré, pero nunca falta una persona que te echa la mano”, dice.

Con ayuda de sus compañeros y personas que le abrieron las puertas de su casa para tener un techo dónde vivir durante el tiempo que duraba su visoría, Rayo fue elegido y comenzó así su aventura en el Campeonato Paranaense, una de las 27 Ligas estatales que existen en Brasil, primero con el Colorado Atlético Clube, después con el Cascavel Clube Recreativo y recientemente vistiendo la casaca del Pato Branco Esporte Clube.

“La competencia es muy fuerte. Compito con jugadores muy altos, de 1.90, con cuerpos muy fuertes. Yo mido 1.65. El futbol brasileño es más de lucha, más físico en comparación con el que se practica en México. En Brasil sienten mucho el futbol”, comenta.

La velocidad y la técnica son cualidades que Marines ha podido explotar en el balompié brasileño en una competencia físicamente desigual, pero eso precisamente le ha dado un lugar en los equipos de ese país a poco más de un año de estar por esas latitudes.

Reinaldo Serrão, quien dirigió a Marines, detalla a este diario las características del futbolista mexicano.

“Estuvo conmigo por un tiempo en Cascavel. Técnicamente es buen jugador, muy obediente. Es muy aplicado, interesante e inteligente para jugar, de buena calidad técnica”, menciona el estratega.

Los planes de Rayo

Giovanni Marines vive el presente y disfruta su momento, ahora con su nuevo equipo, Pato Branco, con el que ya disputa el nuevo torneo que dio comienzo el pasado 14 de agosto. Sin embargo, piensa en grande y comparte sus deseos de vestir la camiseta de la selección mexicana.

“A lo mejor se escucha absurdo, como se escuchó en algún momento venir a Brasil, pero me encantaría llegar a la selección. Soy un jugador escondido, pero busco destacar en el futbol de Brasil y llegar a llamar la atención.”

Sobre regresar a las canchas nacionales para continuar su carrera profesional, Rayo es claro y, aunque extraña el país y ha tenido oportunidad de enrolarse en equipos del Ascenso MX, antes preferiría buscar otros horizontes.

“Sí, he pensado volver a México, pero ahorita me enfocó en destacar acá. Creo que regresar sería mi última opción. Mi agente, Emerson de Lima Moraes, me ha mencionado sobre algunas oportunidades de irme a jugar a Japón o a Canadá, pero me siento muy bien y me veo mucho tiempo jugando en Brasil, aunque no descarto en el algún momento tomar más en serio esas opciones”, manifiesta.

Juega el rol de técnico y directivo

A la par de su carrera, Giovanni es cabeza del proyecto Rayo Soccer, dedicado a jóvenes que viven situaciones adversas para que tengan la oportunidad de jugar al futbol.

“Antes de irme a jugar a Brasil dirigía a los equipos de menor edad. Ahora sólo represento el proyecto que llevo junto a otras personas en el que tratamos de impulsar la carrera de futuros futbolistas. Afortunadamente de aquí hemos podido colocar a tres jugadores en la Tercera División”, cuenta.

Cuando viene a México es cuando se involucra y visita a los nóveles jugadores de su equipo, que entrena en el Deportivo Santa Úrsula, a espaldas del Estadio Azteca, rumbos donde vivió y comenzó a dar sus primeros pasos como futbolista hasta llegar a tierras brasileñas.

“Nunca pensé estar allá. Muchos me decían: ‘Es Brasil, tú a qué vas’. Decidí eso y ahora estoy muy contento haciendo lo que más me gusta.”

Según Marines, además de tomar las oportunidades que le ha puesto el destino, y patear los balones como vienen, de volea o a botepronto, “la clave de todo ha sido la constancia y la fe”.

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