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Espectaculos

Niños aprendiendo

Excélsior | Domingo 31 Julio 2016 | 07:51 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- El juego como premisa del teatro es el elemento fundamental para atrapar las miradas del público de la primera infancia, el que va de seis meses a los cuatro años de edad. Las propuestas escénicas en México para estos espectadores que están descubriendo el mundo apuestan por la sensibilización: la exaltación de las emociones y los objetos como componentes sustanciales de las escenas.

Más que historias relatadas con diálogos, este teatro representa escenas recreadas con movimiento y un espectro audiovisual que evoca a la curiosidad. El teatro para bebés apela al lenguaje de su público, a quien le permite libertad de expresión y con el que genera un vínculo. Esta conexión se refleja también entre los espectadores: va de ida y vuelta entre los padres e hijos asistentes.

Es un teatro que rompe las reglas de la formalidad al verlo: el silencio no es requerido, pues los niños balbucean, hablan y se mueven en las funciones; la cuarta pared es atravesada; los padres pueden salir en plena representación si necesitan alimentar, limpiar o calmar a los bebés. Las obras son trabajos serios para la primera infancia, porque más que para generar público, los bebés son tratados como tal desde su llegada al teatro.

Alberto Lomnitz, escritor y director de la obra Mis manitas hablan, dirigida a niños de seis meses a cuatro años de edad que se presenta en La Teatrería los sábados de agosto, explicó que existe material bibliográfico acerca del tema y que gran parte de los textos, muchos colectados por la Organización Internacional de Teatro para Niños, provienen de escritores europeos, pues el auge del teatro para bebés en este continente va en aumento.

“En Europa hacen teatro para bebés desde hace años, quizá diez, aunque en términos de la historia del teatro sigue siendo muy reciente, es un campo de exploración. Hemos agregado nuestro granito de arena en términos de lo que significa este tipo de teatro y lo que puede y no hacer. Hay bastante discusión al respecto, pues tiene que ver con los debates generales acerca del desarrollo de los bebés. Es difícil saber qué están pensando, qué les sucede, qué entienden y qué no.

    La esencia del teatro para bebés tiene que ver con el juego simbólico que es la base del teatro y también la del bebé, es una herramienta fundamental en su desarrollo. Por ejemplo, cuando una niña se pone los tacones de la mamá y dice que lo es, está entrando en un juego simbólico. Cuando juega con una muñeca, que es un objeto inanimado que simboliza a un bebé vivo, así que cuando la niña la cuida está jugando a ser una madre con su bebé”, detalló en entrevista con Excélsior.

El también fundador de la compañía Seña y Verbo: Teatro de Sordos reiteró que el juego simbólico es fundamental en el aprendizaje de los niños, pues es así como interpretan roles y experimentan.

“El juego es la base del teatro. Cuando el actor sale disfrazado como un personaje y el espectador se emociona, ríe y lo cree, es porque acepta el símbolo, aunque sabe que no es verdad, que está en el teatro. Sin embargo, como desde niño ha aprendido a jugar, entra en ese juego simbólico. Ésa es la importancia del teatro para bebés: los introduce y les habla en un lenguaje que están desarrollando a través de esta esencia del juego, y puede lograr avances en su desarrollo cognitivo.

    La controversia es a qué edad entran en esa convención. Después de mucha investigación, pruebas piloto y ensayos con bebés, constatamos, con Mis manitas hablan, que desde los seis meses hasta los cuatro años funciona muy bien. De menor edad, es difícil, porque no fijan la vista todavía. Ahora, ¿cómo sabemos qué funciona en niños que aún no pronuncian palabras? Si el bebé no quita la vista, funciona. Cualquier reacción negativa, dejará de ver”, afirmó Lomnitz, quien durante el proceso creativo de cualquier obra siempre tiene en mente al público ideal al que va dirigido.

Mis manitas hablan cuenta con tres actores sordos, todos ellos padres, y pone sobre el escenario el lenguaje de señas. Tanto en bebés sordos como oyentes, las señas y gestos son la primera forma de comunicación, por lo que el enlace con el público, oyente y sordo, es natural.

    La obra facilita la comunicación entre los bebés y sus papás, porque se enseña el camino hacia del lenguaje de señas que se inicia señalando”, dijo.

Al inicio de esta obra, que dura 30 minutos, se plantean las reglas, que básicamente son para los padres: si su bebé llora, le pueden dar de comer o darle el chupón o lo que sea necesario, pues si el llanto es incontrolable, contagia al resto de los bebés espectadores. Además, los padres no tienen permitido hablar con sus hijos durante la función, pues distraen al resto de los niños.

Al finalizar la función, los niños y los padres pueden subir al escenario para conocer los objetos utilizados.

LO QUE QUIEREN VER

José Manuel López Velarde, director de La Teatrería, tuvo interés en este tipo de público desde hace año y medio, cuando se abrieron las puertas del recinto.

Como productor trajo en 2013 la obra audiovisual White, de la compañía escocesa Catherine Wheels, que visitó antes escenarios de Europa, Australia, Nueva Zelanda, Asia y Estados Unidos. Vinieron otras apuestas para esta edad y actualmente existe la posibilidad de que trabajen con la compañía mexicana Teatro al Vacio.

    A esta edad están abiertos al aprendizaje y estas exposiciones al arte conectan la sensibilidad de la mente y el cuerpo. Tienen formas diferentes para experimentar y expresarse. El teatro para bebés es un mundo interesante, porque como padres también es grato y estimulante. Hay una preocupación por hacerlo y verlo, porque hay papás que estamos preocupados por no darles chatarra a nuestros hijos no sólo de comer, sino de ver y escuchar. Si los alimentamos con propuestas de calidad, eso exigirán”, comentó en entrevista.

Otro espacio con opciones para bebés y niños es el ubicado al sur de la Ciudad de México, La Titería. Amaranta Leyva, su directora, estrenará el 20 de agosto la obra ¿Qué es?, dirigida a la primera infancia. Además hay otras ofertas como el Taller de Música para Niños.

“La Titería es un centro cultural infantil especializado en artes escénicas y la compañía Marionetas de la esquina es la que impulsa este espacio, que es para toda la familia.

    Vienen muchos papás con sus bebés en carriola o con hermanitos grandes. Así que tenemos este taller permanente los domingos a los 11:00 horas que imparte Ixtli Contreras, pues vimos que en este horario y al mediodía llegaba este tipo de público. Se trabaja con diferentes materiales como burbujas, telas, pelotas y ha resultado muy bien”, destacó Leyva, quien es fundadora de la compañía y el espacio inaugurado a inicios de este año.

La obra ¿Qué es? fue trabajada por Leyva en experimentos cognitivos en bebés, basada en un trabajo científico.

“Siempre me pregunté qué querían ver los bebés e investigué con una serie de científicos, cuyo trabajo se basó en el rango de concentración de un bebé para jugar. De ahí sacaron conclusiones de la mente humana. Así armé esta obra: cada pequeña historia está basada en experimentos cognitivos. Es como un juego escénico, una adivinanza escénica, en la que los objetos se transforman en personajes, en el cambio de lo inanimado a lo animado”, relató la también actriz.

En este recinto, los niños tiene la opción de ver las obras hasta donde quieran y, si así lo deciden, salir a jugar a un área llamada Zona Azul.

En julio pasado se realizó el Festival Internacional de Teatro para los Primeros Años (FITPA) en Guadalajara, Jalisco, en el que se presentó la compañía Teatro al Vacio con la obra Pulsar, enfocada a bebés recién nacidos y hasta de dos años, con una propuesta visual, sonora y táctil.

“Nos interesa trabajar para un público que no había sido considerado. Es importante hacerlos partícipes en los eventos culturales y artísticos. Es su derecho. Desde 2012 nos enfocamos en niños de cero a dos años y lo hicimos con la obra Umbo, luego Asoma y ahora Pulsar.

    Hacemos una investigación creativa que piense en este público, lo cual ha sido un espacio de exploración y creación desarrollada en la escena para nosotros. Además es un área de construcción social en la que se generan vínculos entre padres e hijos, porque hay muchos lugares en los que se prohíbe la entrada a los niños, son discriminados porque tienen su propio medio de expresión y necesitan moverse. Así que se trata de ofrecerles tiempo y espacio que sea placentero”, dijo Adrián Hernández Arredondo, codirector, junto a José Agüero, de Teatro al Vacio.

El teatro es juego, el juego es aprendizaje y las palabras no son estrictamente necesarias en el teatro para bebés.

    Trabajamos a partir del silencio en escena, pero quienes hablan son ellos, se expresan. Somos más que actores, jugadores. No hay historia, sino objetos y nos conectamos con ellos a través del juego y de la mirada”, concluyó.

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