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Espectaculos

La emisaria del nazi Goebbels

Agencias | Jueves 13 Octubre 2016 | 06:22 hrs

Agencias |

Ciudad de México.- La vida de la atractiva y sofisticada alemana Hilda Krüger (1912-1991) es una novela en sí misma; es decir, afirma el historiador Juan Alberto Cedillo, la realidad supera la ficción. Por eso, cuando confeccionó la biografía novelada de esta actriz se propuso “mostrar el retrato más fiel”.

Amante de Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler, del magnate J. Paul Getty y de Gert von Gontard, heredero del emporio cervecero Anheuser-Busch, llegó a México a principios de 1941 con la encomienda de “acercarse a los hombres del poder” y “seducirlos” en favor de los intereses económicos de la Alemania nazi.

“Hilda llegó en un periodo de transición. Estaba por salir de la presidencia Lázaro Cárdenas y por asumir el poder Manuel Ávila Camacho. Por ello se hizo amante de Miguel Alemán Valdés, quien fue secretario de Gobernación de Ávila Camacho”, explica en entrevista el también periodista.

“Cárdenas tiene el problema de que Inglaterra, Holanda y Estados Unidos le decretan el boicot por la expropiación petrolera. Y Pemex hubiera nacido muerta, si no es porque Hitler y Mussolini compran el petróleo. Aunque Cárdenas no simpatiza con Hitler, éste se convierte en el salvador de esta iniciativa.

“Hilda venía a garantizar que el flujo petrolero que se estuvo mandando a Alemania de 1938 a 1940 continuara, porque, al final de su mandato, Cárdenas comenzaba a cortarles el suministro. Para Alemania era importante que el petróleo mexicano siguiera llegando”, cuenta.

Cedillo agrega que descubrió los detalles de esta información en el Archivo Nacional de Washington, cuando a partir de 1986 se desclasificaron los documentos de la Segunda Guerra Mundial. “Se habían cumplido 40 años de secrecía. Eran informes de la embajada y los servicios de inteligencia reportando qué había sucedido en México”.

Al hacer su primer libro sobre el tema, Los nazis en México (Primer Premio Debate de Libro Reportaje 2007), vislumbró por primera vez la importancia de Krüger como una espía nazi en nuestro país.

“El petróleo mexicano era enviado a Hamburgo, aquí se refinaba y se mandaba a otras ciudades alemanas. El suministro era vital para la maquinaria de guerra que creó Hitler: hacía que la fuerza aérea volara y pudiera bombardear.

“¿Qué les importaba de México? El primer punto era el petróleo; el segundo, el espionaje desde la frontera sur con México de los movimientos militares de Estados Unidos y, el tercero, el contrabando de tungsteno, aluminio y mercurio, que se volvieron materias primas estratégicas”, abunda.

Los documentos explican cómo se hacía este contrabando. “Las materias primas se enviaban a Veracruz. Alemán facilitaba los ferrocarriles, y de ahí se acercaban en buques pequeños al Golfo de México y los submarinos alemanes las recogían. Y, cuando en un momento dado, por presión de EU, México les dejó de vender petróleo, lo compraron en el país, lo triangulaban a Panamá y lo mandaban a Europa.

“México estuvo surtiendo de petróleo a Alemania en los momentos álgidos de la guerra, por lo menos durante dos años. Esta parte era fundamental para ellos”, añade.

La “mujer bella, inteligente y escultural” lograba que este proceso no se detuviera. “Hilda informaba de las opiniones de los altos funcionarios: qué decían, cosas que el servicio de inteligencia no podía conocer, pues sólo se obtenían en la alcoba. Desgraciadamente, los políticos son fácilmente corrompibles por bellas mujeres. Para el perfil de los machos mexicanos, una rubia despampanante era un buen instrumento para develar secretos”.

El autor explica que este intercambio entre México y Alemania se dio en una época en la que todavía no se conocía del genocidio que estaba perpetrando Hitler.

“Muchos países simpatizaban con Alemania, porque era como el David contra el Goliat del imperio británico. Había una simpatía natural de toda Latinoamérica. Hilda no era una agente profesional. Era una actriz experta en relaciones públicas, era colaboradora, pero sí había agentes capacitados en inteligencia de alto nivel, ellos eran los profesionales y la apoyaban”, señala.

Pero Krüger, destaca el ensayista, encontró en México cosas que le gustaron: se hizo escritora, le fascinó la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz y filmó cuatro películas: Casa de muñecas (1942) y, en 1945, El que murió de amor, Bartolo toca la flauta y Adulterio.

Posteriormente, “Krüger se fue del país, se casó con un venezolano millonario, se divorció y le compró un departamento en Nueva York”.

Cedillo adelanta que, con la idea de cerrar sus investigaciones sobre Alemania, hurgará ahora en el tema sobre los criminales de guerra que llegaron a México.

“Encontré que no sólo se dirigieron a Chile, Argentina, Brasil, Paraguay o Bolivia, también vinieron aquí. Pero esta es una investigación colectiva para la cual buscaré financiamiento, pues es difícil, hay que viajar y corroborar bien en archivos europeos.”

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