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Estado

Enfrentan en el Valle su propio calvario

El Diario de Juárez | Sábado 26 Marzo 2016 | 07:38 hrs

El Diario de Juárez |

Guadalupe“El verdadero viacrucis es vivir en un pueblo sin ley, rodeado de militares que no hacen nada”, se queja Fito, un residente del ejido Doctor Porfirio Parra, conocido como “Caseta” y frontera con Fabens, Texas.

El vecino está muy enojado. Dice que lo que pasa en esta comunidad son fregaderas porque considera que las autoridades no hacen nada.

Este ejido fronterizo, situado a 54 kilómetros al este de Ciudad Juárez, carece de policía preventiva e investigadora, y aunque cuenta con presencia permanente del Ejército Mexicano los pobladores se sienten inseguros por los hechos violentos que se registran en esa región.

“Pero no se ocurra traer un cortauñas porque los soldados te lo quitan en el retén”, asegura Fito indignado.

Él permanece afuera de la iglesia Cristo Rey donde se celebra la misa de cuerpo presente de José Alan Pineda Flores, asesinado el martes en una gasera a menos de un kilómetro del retén militar, en el mismo lugar donde mataron a otro empleado en noviembre.

Fito dio el pésame a los deudos y más tarde fue uno de los pocos varones que observaron el viacrucis que organizó la comunidad de la capilla y en el que sólo mujeres se animaron a cargar la cruz.

La molestia de Fito es la misma en el pueblo en peligro de desaparecer a causa de la delincuencia organizada y la casi nula actividad comercial.

Con el reciente cierre de las antiguas garitas aduanales al ser inaugurado el puente internacional Tornillo-Guadalupe, ya no hay más movimiento de autos que demanden combustible, refrescos, artesanías o alimentos preparados. Los negocios están cerrando.

En la calle principal del ejido Doctor Porfirio Parra los comercios sobrevivientes son un minisúper, un consultorio que se observa cerrado y una pequeña tienda de abarrotes.     

Ayer por la mañana el mayor movimiento que se observó fue el Viacrucis.

A la procesión se unieron un momento las hermanas de José Alan, quienes se detuvieron frente a la glorieta del pueblo donde el sol secó el rastro hemático de la cabeza de un hombre desconocido que la noche del jueves fue abandonada en este lugar por hombres armados.

“Cuál justicia, ¿qué pasa aquí?”, cuestionan las dolientes.

“Acaban de matar a nuestro hermano hace dos días, estamos aquí para su funeral, venimos de lejos a enterrarlo. No podemos decir nada, pero según nos dicen anoche pusieron dos cartulinas que decían que esto era el comienzo otra vez”, dice con miedo una de las mujeres entrevistadas.

Ellas radican en Estados Unidos y expresan sus dudas de regresar al pueblo donde nacieron por el miedo de morir como pasó con su hermano, a quien deslindaron de cualquier actividad ilícita.

“Supuestamente lo mataron equivocadamente, iban detrás de otro muchacho. Nosotros oíamos en las noticias que mataban y mataban y nunca nos imaginamos que nos iba a pasar eso”, interviene otra mujer.

“Nosotros somos nacidos aquí y nos fuimos hace muchos años… era un pueblo tan bonito”, lamenta y dan por concluida la entrevista.

En la homilía de cuerpo presente dedicada a José Alan, el sacerdote conminó a los feligreses a recuperar la paz y vivir en oración, con fe en que las cosas van a mejorar.

Luego el cortejo fúnebre se dirigió al panteón y pasó por el retén militar. Los soldados optaron por permitirles el paso libremente.

“Este pueblo se está acabando poco a poco”, sentencia Fito, quien reprobó la falta de acuerdos para mantener de manera permanente la vigilancia de la Policía Estatal Única en “Caseta”, que pertenece al municipio de Guadalupe.

Precisamente entre esta comunidad fronteriza y la cabecera municipal ayer al mediodía fue localizada una camioneta Jeep Cherokee con elementos balísticos, informó personal castrense y de la Fiscalía General del Estado (FGE).

Sólo en Guadalupe y sus comunidades ejidales han sido localizadas cerca de 10 osamentas y varias personas han sido asesinadas en la vía pública este año.

“Yo me siento muy triste por todo esto que está pasando, ya han matado a mucha gente aquí en el pueblo. La gente se está yendo, el pueblo se está quedando vacío; disque los policías ayudan pero no hacen nada”, dice un estudiante de preparatoria de Fabens, Texas, acompañado de otros adolescentes.

El grupo de amigos, como muchos otros residentes de estas comunidades fronterizas, tienen doble nacionalidad por lo que entre semana radican en Estados Unidos y los fines de semana regresan con sus padres.

Cuatro de ellos estudian en San Elizario, una comunicad ubicada en el condado de El Paso. En su condición de ciudadanos americanos y mexicanos se resisten a dejar su pueblo casi en ruinas.

“No tenemos planes de irnos, nos vamos a quedar aquí”, dice el entrevistado que pide la reserva de su nombre y pese a su miedo se resiste a huir por la presencia de los narcotraficantes en su comunidad.

“Este es nuestro pueblo donde todos nacimos, es triste ver que se está acabando pero tenemos que seguir en pie, somos el futuro del pueblo y aquí nos queremos quedar”, aseguran los adolescentes que casi a diario son cuestionados por sus compañeros de clase intrigados por verlos regresar a un sitio que ya tiene muy poco qué aportarles.

“Nosotros tenemos miedo, pero ya estamos acostumbrados a esto, sabemos lo que está pasando y reclamamos un cambio, pensamos que la autoridad no hace nada, no creemos en la autoridad, pensamos que está en manos de todos hacer que cambien las cosas”, dice una de las estudiantes de San Elizario.

“Y luego hasta parece que están ‘de oquis’ los ‘guachos’. Entraron anoche los sicarios y no hicieron nada, ahí están bien cerca, no puede ser que ellos no escuchen disparos o vean que están dejando cabezas y cartulinas; si van a estar así mejor que se vayan”, dicen indignados los amigos.

Hasta el cierre de esta edición aún no era localizado el cuerpo del hombre decapitado y tampoco eran capturados los responsables de este crimen.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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