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Estado

Los tres días de batalla que cambiaron al país

Juan de Dios Olivas | Domingo 08 Mayo 2016 | 06:53 hrs

Archivo |

Ciudad Juárez.- Aquel día el silencio que imperaba en Ciudad Juárez se rompió con el galopar de 15 jinetes que se acercaron a las últimas casas de la mancha urbana, donde fueron recibidos a balazos. 



De pronto, las detonaciones de cientos de fusiles comenzaron a escucharse y el tiroteo se extendió por los alrededores, llamando la atención de los habitantes de El Paso y de la prensa mundial, que se congregó en las orillas del río Bravo.



Eran las 10 de la mañana del 8 de mayo de 1911 (hoy hace 105 años). Soldados al mando del entonces coronel Francisco Villa y del general Pascual Orozco iniciaban una célebre batalla que terminaría tres días después, derrumbando a todo un sistema político y de gobierno encabezado por el presidente Porfirio Díaz.



Tres meses antes, la antigua Paso del Norte fue sitiada por los soldados maderistas y las líneas de ferrocarril voladas para impedir que las fuerzas federales que defendían la plaza recibieran refuerzos.



Durante ese lapso el líder de los rebeldes, Francisco I. Madero, instaló su cuartel provisional al poniente de la ciudad en la que llamó “Casa de Adobe”, en contraste con la Casa Blanca estadounidense y por ser la sede del poder que representaba.



Desde ahí comenzó a negociar con el gobierno porfirista y cuando estaba a punto de claudicar, Villa y Orozco desobedeciendo a Madero ordenaron atacar la ciudad sin parar.



“Debemos atacar la plaza, pues si nos retiramos sin intentarlo siquiera, después de tantos días de haber permanecido aquí con ese objeto, la gente va a tacharnos de cobardes. Creo que por dignidad, debemos efectuar el ataque hoy mismo”, dijo Villa al general Orozco.



A las 3 de la tarde del 10 de mayo, el general defensor de la plaza, Juan Navarro, entregó su espada al teniente coronel Félix Terrazas.



Luego de esos tres días Juárez quedaba destruida, pero en el resto del país el porfirismo se derrumbaba y México entraba de lleno a una nueva era, no sin antes atravesar por un período de guerra civil.



El llamado de Madero



Tras haber realizado una gira por el país como candidato a la Presidencia de la República, Madero fue hecho prisionero y desde su celda, donde fue recluido junto con Roque Estrada el 21 de junio de 1910, fue testigo en carne propia del fraude electoral que Díaz gestó en su contra y comienza a redactar el borrador del Plan de San Luis.



La madrugada del 6 de octubre de 1910, Madero –con ayuda de su hermano Gustavo– escapa de la penitenciaría y se dirige a cruzar la frontera para refugiarse en San Antonio, Texas, donde ya era esperado por su esposa Sara y sus familiares.



Ese mismo día, junto con sus colaboradores Federico González Garza, Juan Sánchez Azcona, Enrique Bordes Mangel y Roque Estrada, revisan el borrador del Plan de San Luis y redactan el documento final.



En tanto, su hermano Gustavo viaja a Nueva York a comprar armas y conseguir fondos para la lucha armada convocada para las 18:00 horas del 20 de noviembre de ese año.



Desde el hotel Hutchins, en San Antonio, Francisco I. Madero organiza la rebelión, el acopio de armas y pertrechos y prepara la ruta a seguir, llevando como principal objetivo la toma de Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), Coahuila.



Ese objetivo no fue cumplido debido a que no tuvo éxito su llamado. Creyendo que nadie lo seguiría, retorna a Estados Unidos donde tiene noticias de que en Chihuahua sí prendió la rebelión.



Madero viaja a Chihuahua, donde se pone al frente de aquellos hombres que indignados por el fraude cometido por el general Díaz respondieron al llamado a rebelarse.



Con el lema “Sufragio Efectivo, No Reelección”, el principal objetivo que buscaban era derribar la dictadura.



Su lucha pronto cimbraría al país y convertiría en menos de un año a Ciudad Juárez en el epicentro de la Revolución Mexicana.



Tras meses de combates en distintas regiones de la entidad, en abril de 1911 los rebeldes se dirigen al norte del estado y después de tomar la estación de tren Bauche acampan al poniente de la ciudad, al sur del río Bravo, frente a la Smelthing and Refining Company (Asarco).



Eligen como cuartel general una casa rústica a la que llamaron “Casa de Adobe”. Desde ahí, organizados en brigadas, rodean Ciudad Juárez mientras sus jefes liderados por Francisco I. Madero –meses atrás candidato a la Presidencia de la República– negociaban la paz y condiciones favorables a la lucha que emprendió.



El sitio dura semanas, tiempo en que los habitantes de El Paso y del mundo entero ven la Revolución como un espectáculo a través de los periódicos de la época.



Mientras, el gobierno estadounidense moviliza 20 mil soldados a la región por si acaso alguna bala atravesaba la frontera.



La Batalla por Juárez



—¿Qué piensa usted, compañero? ¿Qué debemos hacer respecto a la toma de Ciudad Juárez? Ya ve usted que el señor presidente (Madero) opina que no debemos atacar esa plaza, sino trasladarnos a Sonora— dijo un día antes del combate el general Orozco al coronel Villa.



—Debemos atacar la plaza—, fue la respuesta tajante que dio Villa, de acuerdo con lo escrito en sus memorias.



Posteriormente acordaron enviar un piquete de soldados al mando de José Orozco a “torear” las avanzadas federales y obligarlas a tirotearse entre ellas.



“Nosotros al oír el tiroteo, e ignorantes en lo absoluto de lo que pasa, mandamos un poco de gente a ver qué está sucediendo, pero con instrucciones precisas de reforzar el fuego de los nuestros. Los federales a su vez, tendrán que enviar refuerzos a los suyos, y de esta manera se va prendiendo la mecha, hasta que ya no sea posible contener a nuestra gente que, como usted sabe, está ardiendo de entusiasmo para echarse sobre Juárez”, planteó Villa.



“De preguntar Madero le diremos que ya no hay más remedio que organizar las fuerzas y entrar decididamente al asalto y toma de la población y encontrar la victoria o la muerte”, añadió.



Conforme con lo planeado, el 8 de mayo inician las escaramuzas y pronto el tiroteo invade todos los frentes donde se encontraban los federales defendiendo la ciudad.



Al llegar Villa y Orozco de El Paso a la Casa de Adobe, fingen desconocer la situación escucharon a Madero.



“¡Qué ha de pasar, hombres! Que ya unos de nuestros muchachos se están tiroteando con los federales. Vayan ustedes y retiren esa gente ¡inmediatamente!”, ordena Madero.



Ambos mandos maderistas se dirigen a los frentes de batalla, pero lejos de ordenar replegarse, mandan reforzar el ataque sobre los17 puntos de defensa de los federales.



Los rebeldes atacan en los tres días el cuartel del Quince, en las calles Manuel Acuña y Altamirano; el fuerte Hidalgo; las oficinas de Correos, en Mariscal y 16 de Septiembre; el edifico de la Ex Aduana; la cárcel; la estación de ferrocarril; la misión de Guadalupe y las trincheras que los defensores tendieron en torno a la ciudad.



Paulatinamente, las brigadas rebeldes se unen al combate para apoderarse de la plaza defendida por 750 federales.



Al día siguiente, el 9 de mayo, para evadir el fuego de las ametralladoras y cañones, los maderistas se abren paso entre las casas de adobe utilizando barras de hierro y dinamita.



Mientras unos ocupan techos y ponen fuera de combate a los tiradores de los federales, otros tumban muros y avanzan.



Ese día Francisco Villa combate con 650 hombres desde la madrugada por el sur de la ciudad a lo largo de la vía del ferrocarril.



Los rebeldes a su paso lanzan bombas de mano hechas con tubo de cobre para la conducción de gas o agua con dinamita y clavos adentro. Al anochecer la ciudad está prácticamente tomada.



Por la mañana del 10 de mayo, los federales están maltrechos y los efectos de la fatiga son evidentes. A las 3 de la tarde de ese día, el comandante de la plaza, general Juan Navarro, se rinde.



El 21 de mayo se firman los Tratados de Ciudad Juárez en el exterior de la Aduana Fronteriza (hoy Museo de la Revolución en la Frontera) y Porfirio Díaz abandona el país.



[email protected]



Fuentes consultadas: Pancho Villa, de Friedrich Katz; Pancho Villa Retrato Autobiográfico (1894-1914 Edición preparada por Guadalupe y Rosa Helia Villa); Armando B. Chávez, en Visión Histórica de la Frontera Norte de México

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