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Estado

El desastre que dejó una lección… a medias

El Diario de Juárez | Domingo 07 Agosto 2016 | 07:38 hrs

El Diario de Juárez |

Ciudad de Juárez.- Juana pasa sus dedos sobre las fotografías borrosas protegidas por un plástico amarillo. “Son mis muertos”, dice mientras roza la imagen en la que se observa a su madre María Paz García Reyes, de 79 años, una mujer robusta, de cabello blanco y muy sonriente.



“Así la recuerdo yo, contenta, sonriendo siempre mi viejita”, susurra mientras su cuerpo se estremece por el llanto.



Ella se encuentra sentada en la calle Caliche número 6939 de la colonia Vista Hermosa. El dolor se hace visible al narrar que fue en el 2006 cuando la furia del agua pluvial se ensañó con la casa de adobe que estorbaba su paso por el arroyo de su colonia, en las faldas de la sierra de Juárez.



A una década del desastre natural que cobró cuatro vidas, las autoridades han mejorado los planes de prevención y las obras pluviales, pero persiste el rezago en la infraestructura hidráulica.



“Mi madre estaba dormida, por la mañana había lavado su ropa, estaba cansada y se fue a dormir. Yo le mandé con mi nieto una jarra con agua y una maruchan (sopa instantánea) para que comiera”, cuenta  Juana Lerma.



“De repente llegó un aguacero, estábamos viendo la lluvia y llegó una de mis hijas gritando ‘mi abuelita’. Cuando nos quisimos asomar el agua ya se había llevado a la casa. A mi mamá la encontramos muerta al otro día, allá abajo”, recuerda.



La mujer de 60 años evoca la tromba que hace una década azotó a esta frontera y las lluvias subsecuentes que causaron graves daños a la ciudad. El saldo fatídico fue de cuatro personas muertas, entre ellas su mamá “Pacita”.



Juana dice que ahora le teme a la lluvia. El cielo gris para ella presagia tragedia, dolor y muerte.



Al igual que su madre, su hijo Juan, de 19 años, pereció ahogado en 1996 en un vaso de captación en Los Ojitos y su cuerpo quedó atrapado entre llantas usadas arrojadas a los arroyos naturales.



Lluvia implacable



La tromba azotó el 6 de julio de 2006 la sierra de Juárez. El afluente descendió por los arroyos naturales, muchos de ellos invadidos con viviendas irregulares o anegados con basura.



Cuatro personas murieron ahogadas: el niño Miguel Ángel Sandoval Cordero, de 13 años; Cecilia Casas García, de 37; María Paz García Reyes, de 79, y María Espinoza García, de 75 años.



Todos fueron arrastrados por la corriente.



Pero las lluvias no cesaron. Por seis días consecutivos siguió cayendo agua y dos diques se desbordaron, 11 más fueron superados por el caudal y tuvieron que ser desaguados. Los arroyos del Indio y de las Víboras rebasaron sus cauces y el río Bravo corrió a toda su capacidad.



El afluente dañó los bordos La Gasera y Parque Sierra Juárez, así como la presa Benito Juárez y los diques Trituradora, Fronteriza, Pico del águila, Palo Chino bajo, Palo Chino alto, Camino Real, La Presa, Safari, Santa Elena I y Santa Elena II.



Entre las colonias más afectadas destacaron Vista Hermosa, Anáhuac, Azteca, Chaveña, Fronteriza Baja, Galeana, Independencia I y II, Mariano Escobedo, Morelos, Luis Olague, Libertad y Francisco Sarabia.



“¿Qué nos dejó esa experiencia? A ser solidarios, las autoridades nos agrupamos para dar atención a la población como nunca antes y se trabajó mucho para lograr el menor impacto posible”, dice Efrén Matamoros Barraza, director de Protección Civil.



A diez años del fenómeno natural, la ciudad cuenta con una mayor obra pluvial que permitirá soportar una lluvia similar sin sufrir los estragos del 2006, sin embargo, hay una constante que prevalece: la basura y los desechos arrojados por los ciudadanos en los diques y arroyos naturales.



Mismos escenarios



El pasado martes llovió y de inmediato se formó un acumulamiento de agua en el dique de la colonia Fronteriza. El zumbido de moscos y el olor a putrefacto inundan el lugar donde las llantas, sofás, botellas de plástico y ropa usada se confunden entre el lodazal.



Cerca del agua cuatro niños juegan tranquilamente en el zoquete.



“Ayer nos metimos al agua, mi mamá nos puso una tabla y con un lazo nos jalábamos”, cuenta festivo el grupo de niños que radican en casas improvisadas en la parte alta del dique.



A pesar del riesgo, nuevas familias se han asentado en ese sitio y han construido casas de madera, cartón y láminas galvanizadas.



Los niños decían que el arroyo silbaba con fuerza y aunque les dio un poco de miedo, esperaron la oportunidad para salir a jugar con el agua estancada y pestilente a causa de la basura arrastrada.



“Los desastres no son naturales, se derivan de una condición de riesgo”, resume el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) en la guía básica para la elaboración de atlas de riesgos municipales y estatales.



Plantea que equivocadamente se tiene la percepción de que los desastres se deben exclusivamente a los peligros naturales.



“Se suele señalar, por ejemplo, al huracán o al sismo como el responsable de las pérdidas durante un desastre o emergencia. En realidad es la sociedad en su conjunto la que se expone con su infraestructura física, organización, preparación y cultura característica al encuentro de dichos fenómenos”, refiere.



“Se concluye por tanto, que los desastres no son naturales, es decir, son producto de condiciones de vulnerabilidad y exposición derivados en gran medida por aspectos socioeconómicos y de desarrollo no resueltos, como elevados índices de construcciones informales, marginación, pobreza, escaso ordenamiento urbano y territorial, entre otros”, cita el documento con el que el director de Protección Civil coincide.



En el 2006 las autoridades estatales y municipales elaboraron el Diagnóstico de Daños Generales.



El resultado fue impactante: las lluvias ocasionaron daños en 4 mil 111 viviendas, de las cuales mil 100 sufrieron pérdidas totales; destruyeron 34 escuelas, 23 edificios entre públicos y privados y afectaron 54 parques y 19 postes.



También se registraron 127 hundimientos en el sistema de drenaje y alcantarillado y 6.5 millones de metros cuadrados de pavimento quedaron inservibles por baches, grietas, deslaves y desgaste por caducidad, una cuarta parte de ellos en 35 de las avenidas más importantes.



El diagnóstico establecía que Juárez necesitaba invertir 710 millones de pesos para su  reconstrucción, sin embargo, la cantidad no se alcanzó.



En los últimos 10 años se han realizado diversas obras como la canalización del Arroyo del Indio por parte de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (Fechac).



La más reciente es la construcción del dique de la Sierra de Juárez, que servirá para contener la fuerza del agua pluvial y reducirá los riesgos de nuevas inundaciones.



El documento fue hecho por especialistas de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS), Instituto de la Vivienda del Estado de Chihuahua (Iviech), Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP) y las direcciones municipales de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Coordinación General de Direcciones.



Persiste falta de control



Don Luis Parra Rangel aprovecha la sombra de la lila que crece frente a su casa ubicada en la calle Loreto, en la colonia Fronteriza.



El arroyo canalizado quedó atrás de su patio y eso le da la certeza para permanecer en su hogar ya que espera no sufrir una nueva inundación.



En el 2006 lo perdió todo, recuerda.



“Apenas pude salir. La presa era la de todo el borlote, era la que traía el agua y ya le hicieron arreglos, ya no va a pasar nada”, asegura el hombre que radica junto a sus hijos en esta calle.



En esta colonia el agua corrió con una velocidad superior a 30 metros cúbicos por segundo, según el reporte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).



A la familia de Don Luis lo sacaron los soldados.



En esta colonia los héroes anónimos fueron los integrantes de diversas pandillas que se atrevieron a meterse entre las calles anegadas y tocar puertas buscando personas que, inicialmente, se resistieron a abandonar sus hogares ante el miedo de perder sus pertenencias.



“Los cholitos nos ayudaron mucho, ellos se metieron y sacaron a mucha gente de sus casas. Algunas familias se escondieron de los soldados”, dice Matamoros Barraza.



“Realmente esta fue una gran lección, después de la tromba se pudo reubicar a mucha gente para que no estuviera en esta zona del Arroyo del Indio, donde tuvimos tres personas fallecidas, y el agua derrumbó casas, agrega.



Para el director de Protección Civil, este desastre natural mostró la vulnerabilidad de la ciudad.



“Aprendimos que no tenemos ningún control, la naturaleza no la podemos controlar. Afortunadamente estas enseñanzas nos llevan a mejorar nuestras actuaciones, a mejorar nuestros planes de contingencia en la ciudad y a tener una menor respuesta en caso de que se nos presente algo similar, que esperemos y no”, confía.



Desde el 2006 ya se hacen permanentemente los trabajos de limpieza en vasos de captación de agua pluvial, diques, acequias y arroyos.



Se le presta mayor atención a los diques, a los arroyos, ya hay más colaboración entre las autoridades de los tres niveles de gobierno y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) está muy pendiente de las acequias y los canales de riego para que se mantengan en buen estado.



En la colonia Fronteriza se canalizó una parte del arroyo y se hicieron muros de contención en los diques.



Pero la realidad es que Ciudad Juárez requiere un drenaje pluvial.



“Nos falta mucha obra para tener un buen sistema de drenaje pluvial. Se está trabajando, sabemos que ya hay proyecto y esperamos que en un futuro cercano tengamos este drenaje para blindar la ciudad”, dice Matamoros Barraza.



El servidor público hace una pausa al pensar en qué falló en ese 2006, que tanta destrucción trajo a la ciudad.



“En cualquier localidad cuando se presentan lluvias extraordinarias hay fallas, pero si la ciudad hubiera estado mejor en su drenaje pluvial y los arroyos los hubiéramos tenido limpios para que estuvieran en condiciones de soportar y conducir el agua el daño hubiera sido menor”, lamenta.



Diez años después, aún se observan enormes cúmulos de basura a pesar de las campañas preventivas, los operativos de descacharrizacion y las sanciones hasta con cárcel a quien tire basura. El riesgo persiste. (Luz del Carmen Sosa / El Diario)



 

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