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Estado

Lleva décadas rescatando vidas que creía perdidas

Fernando Aguilar
El Diario de Juárez | Domingo 14 Agosto 2016 | 15:34 hrs

El Diario de Juárez |



Ciudad Juárez.- La primera vez que Soad Elena David Chávez visitó el extinto Tribunal para Menores allá en 1970 no sabía que volvería a su casa perturbada. No imaginaba que ahí, sus ojos verían una escena que la mantendría inquieta hasta que ella misma hiciera algo al respecto para cambiar esa realidad que recién conocía.

La mujer rondaba entonces los 35 años. Nunca en su vida había observado a las niñas de once y doce años consumir drogas.

Por eso, el día que salió del penal al que había ido para intentar ‘rescatar’ al hijo de una de sus vecinas, su panorama cambió al advertir que el problema aquejaba peor a las mujeres porque casi todas las que había conocido también ejercían la prostitución a esa corta edad.

De ese modo decidió, a través de sus propios medios, emprender una lucha para ‘sacar’ de las calles de colonias como Bellavista y La Chaveña a muchachas que estaban en esa condición vulnerable, una que luego se materializó en un centro de rehabilitación hoy ubicado en el sur de Ciudad Juárez.

Ese lugar se llama Reto a la Juventud y está ubicado en la colonia Tierra Nueva, donde ahora mismo están internadas adolescentes de 14 y 15 años que llegaron ahí porque sus padres las llevaron al saber que consumían cocaína, heroína, cristal y otras sustancias.

Ahí, las mujeres cumplen con una terapia de nueve meses y dejan atrás su adicción con ayuda psicológica, médica, espiritual y diversas ocupaciones como la costura, la computación, la cocina, el aprendizaje del inglés, la música, el riego del jardín y el compartir sus experiencias.

El centro de rehabilitación es ahora una institución de asistencia privada legalmente establecida y certificada, pero sus orígenes se remontan al deseo que la fundadora tenía de recuperar las vidas de aquellas mujeres que creía perdidas.

“Jamás se me ha olvidado esa imagen de ellas”, sostiene la activista hoy a sus 81. “Comencé a visitar sus hogares, a platicar con ellas. Tenían que saber que hay otra vida, que hay otra manera de vivir. Había que desarraigarlas de ese medio. Eso habían visto sus mamás, sus abuelas. No habían conocido otra manera de vivir”.

En un principio, cuenta Soad Elena, tras darse cuenta de que necesitaría forzosamente un espacio físico para cumplir la tarea que se había asignado, decidió rentar una casa cerca de las calles 5 de mayo y 2 de abril.

Era 1975. La mujer y sus ayudantes no tenían mucho dinero, de modo que lo obtuvieron de donde pudieron: de la venta de pasteles, enchiladas, gorditas y galletas en las iglesias y maquiladoras.

“Con la ayuda de un matrimonio, lo que hacíamos era recogerlas y atenderlas médicamente”, explica la activista. “Batallé buscando personas que me acompañaran a visitarlas. Los días de visita eran los lunes. Comencé a llevar grupos de mujeres para visitarlas, para llevarles fruta, un dulce”.

Sin embargo, recuerda, aquello no resolvía el problema; ni siquiera impartirles una plática. Por ese motivo, para trabajar en grandes dimensiones, Soad Elena se acercó a la fundación Fondo Unido México unos años más tarde y a la fecha, calcula, mil 300 mujeres han escapado de las drogas en estos cuarenta años.

La directora del centro de rehabilitación asegura que, de ellas, ocho de cada diez han logrado quedar completamente fuera de aquel entorno.

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