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Internacional

Padre amenaza de muerte a su hijo talibán

The New York Times | Lunes 16 Mayo 2016 | 15:23 hrs

Associated Press |

Kabul, Afghanistan Desde la primera vez que tomó una pistola, a los 15 años de edad, Abdul Basir ha matado mucha gente. Sin embargo la operación del viernes por la noche era diferente: Buscaba a su hijo para matarlo.



Alrededor de la media noche del viernes, Basir, ahora en sus 40 y comandante de un pelotón del Gobierno en la provincia norteña de Faryab, Afganistán, llegó a un complejo en el área llamado Zyaragath, parte del inquieto Distrito Qaisar. Tenía informes de inteligencia de que su hijo de 22 años de edad, Said Muhammad, un endurecido miembro del Talibán, estaba ahí con otros guerreros.



En la larga guerra de Afganistán, la determinación de Basir de matar a uno de sus propios hijos no era única, sino un signo más de cuánto ha durado la violencia, y cómo ha permeado hasta los niveles más profundos de la sociedad y envenenado las más estrechas relaciones.



Enmarcado por ideologías de grandeza y estrategias elaboradas en la cima, el conflicto perpetuo ha dividido familias por una generación. Guerrillas que tomaron las armas para combatir la ocupación soviética se volvieron enemigos jurados de sus parientes comunistas. Ahora, un comandante del gobierno estaba a la caza de su hijo quien lo había denunciado como un infiel forzando su exilio de la villa ancestral de su familia.



“Fui con toda la confianza, quería matarlo primero a él”, declaró Basid en una entrevista telefónica el domingo pasado. ”Dios tiene la última palabra, pero creo que su sangre me pertenece”, agregó.



“Se cayó de la ventana y creí que lo había matado”, comentó.



“He matado al menos 150 talibanes, con mis propias manos, mis propias balas”.



Pero la lucha se tornó personal cuando su hijo se volvió su enemigo.



Hace unos cinco años, recuerda Basir, se dio cuenta que Said había caído bajo la influencia de un clérigo local que tenía nexos con el Talibán. Un día, cuando el grupo de Basir estaba operando en otra parte de Faryab, su hijo formalmente se unió a los militantes. Aún peor, se llevó cerca de 50 mil balas para Kalashnikov, 42 revistas y una Kalashnikov —AK 47.



Basir estaba enojado pero con ganas de perdonarlo. Después de todo, era su propia sangre. Los viejos de la comunidad intervinieron y después de mucho esfuerzo Muhammad regresó a su familia.  Para probar que había abandonado la insurgencia, se unió al ejército afgano, sirviendo por dos años y medio en Paktia, una provincia del Este.



Sin embargo Basir, quien tiene otros siete hijos, se preguntaba si las creencias de Muhammad realmente habían cambiado, temiendo que pudiera traicionar a sus camaradas, quizás entregando bases militares a los talibanes.



El año pasado, Muhammad probó ciertos los temores de Basir regresando al Talibán,  y eventualmente haciendo de su padre un exiliado.



“Le dije: ven, hijo, quiero arreglarte un matrimonio, casarte”, contó Basir. Un segundo hijo, Abdul Rahman, de 20 años de edad, también se unió al Talibán, pero Basir comentó que este último no era tan “sanguinario” como Said. Como muchos afganos, la familia no usa un apellido común.



Basir comentó que Muhammad había amenazado con  “matarme… me desollará”.



La decisión de tratar de matar a su propio hijo fue el último recurso, dijo Basir, luego de aceptar que no había esperanza de que regresara.



El viernes, el jefe de policía del Distrito de Qaisar, teniente Nizamuddin, recibió una llamada de Basir, pidiendo refuerzos.



“Me dijo que ya le había pedido muchas veces a su hijo que dejara el Talibán, pero que se había rehusado”, comentó el teniente. “Quería ir tras él”, agregó.



Basir no tenía planes de arrestarlo —fue a Zyaratgag a matar. Ahora que Muhammad sobrevivió, el plan no ha cambiado.



“Lo mataré”, dijo Basir. “Es un talibán. No puedo tener misericordia”, finalizó.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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