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Internacional

Tragedia expone el abismo entre los brasileños y sus líderes

Associated Press | Lunes 12 Diciembre 2016 | 08:43 hrs

Associated Press |

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Río de Janeiro.- Mientras los brasileños lloraban el reciente siniestro aéreo en el que murieron 71 personas, incluyendo casi todo un equipo de fútbol, el presidente Michel Temer pasó días vacilando públicamente sobre su asistencia a la ceremonia de homenaje a las víctimas en Chapecó.

Sus aliados en el Congreso nacional tuvieron aún menos tacto: lanzaron una maratónica sesión para intentar maquillar una ley contra la corrupción en el mismo día en que el país se enteró de la tragedia, provocando violentas protestas en la capital, Brasilia.

La chapucera respuesta del impopular gobierno a lo que se vio como una tragedia nacional enfadó a los brasileños hasta el punto de que los analistas consideran que ha puesto en riesgo el ambicioso plan de Temer para recortar el gasto público y revisar el sistema de pensiones. Y hay cada vez más llamados, la mayoría de políticos de la oposición pero también de ciudadanos de a pie, para que Temer sea sometido a un juicio político como su predecesora, Dilma Rousseff.

"La tragedia del Chapecoense no fue solo una oportunidad perdida para el presidente, también fue perjudicial", dijo Carlos Manhanelli, presidente de la Asociación Brasileña de Consultores Políticos. "Una vez más, dio la impresión de que a los políticos no le importa la gente común".

El avión del Chapecoense se estrelló en las afueras de Medellín, en Colombia, en la noche del 28 de noviembre. A la mañana siguiente, los brasileños se levantaron con la impactante noticia, incluyendo la muerte de 19 futbolistas del club.

Temer, el exvicepresidente que tomó las riendas del país en agosto después de la destitución de Rousseff por incumplir las normas de responsabilidad fiscal, decretó tres días de luto nacional. Pero la solemne declaración de Temer no fue acatada por sus aliados legislativos.

Esa noche, una cámara del Congreso se apresuró a votar una impopular norma para recortar el gasto público mientras que otra se movió para debilitar una ley anticorrupción y añadir incluso sanciones para los fiscales y jueces que abusasen de su poder.

La medida sobre la corrupción fue especialmente irritante para la mayoría de los brasileños ya que alrededor del 60% de los legisladores en activo están siendo investigados o fueron acusados de delitos, la mayoría por sobornos, según supervisores locales. Una amplia pesquisa sobre una trama en la petrolera estatal Petrobras señaló a decenas políticos y empresarios en los últimos meses.

Los ganales de televisión, que habían ofrecido las últimas noticias sobre el accidente aéreo durante toda la jornada, pasaron a emitir las protestas que surgieron en el exterior del congreso durante las sesiones. Varios miles de manifestantes se congregaron en las inmediaciones y volcaron y quemaron autos en un enfrentamiento con la policía antimotines que duró horas.

"El público no estaba tan distraído por la tragedia para dejar pasar un acto tan desagradable", señaló James Bosworth, un analista de riesgo asentado en Washington. "De hecho, el voto en el congreso fortaleció la opinión pública de que los políticos del país están más interesados en ayudarse a sí mismos que en ayudar al país".

En un primer momento, asesores presidenciales dijeron que Temer, que había sido abucheado en sus raras comparecencias en público, no acudiría a la ceremonia que se celebraba en Chapecó el 3 de diciembre. Más tarde, sometidos a una fuerte presión, dijeron que iría a la ciudad pero solo se reuniría con las familias de las víctimas en el aeropuerto.

Osmar Machado, un vendedor de zapatos que perdió a su hijo, el futbolista Felipe, en el siniestro, se convirtió en un héroe nacional cuando criticó a Temer y a otros políticos por su respuesta a la tragedia.

"¿Qué están pensado estos políticos? Las personas importantes aquí son las familias y las víctimas", dijo un lloroso Machado en el estadio donde se celebró la ceremonia. "Este Temer quiere que las familias vayan al aeropuerto de Chapecó para verlo y recibir una medalla. Pero él es el que tiene que venir aquí y hablar con nosotros".

"¿No lo entiende?", dijo Machado.

Temer, un político de carrera de 75 años apodado "mayordomo" por su estilo adusto, acudió finalmente al acto en recuerdo de las víctimas. Pero el presidente, sus ministros y los aliados que lo acompañaron fueron en gran medida ignorados por las 22.000 personas que abarrotaron el estadio.

El destacado columnista Clovis Rossi pidió a la oficina de Temer que revele el nombre del asesor que lo convenció de acudir al acto.

"De esta forma podremos saber que hay al menos una persona en el palacio presidencial que entiende la importancia del puesto y la obligación de no esconderse", escribió Rossi en el diario Folha de S. Paulo.

El día después de la ceremonia, cientos de personas protestaron en más de dos docenas de ciudades contra los intentos de Temer y del Congreso para suavizar la ley anticorrupción. El revuelo causado fue tan grande que la medida ha quedado en suspenso, al menos por ahora.

La consultora de riesgo político Eurasia ha elevado del 10 al 20% su estimación sobre la probabilidad de que Temer no cumpla su mandato, que termina en 2018. El presidente fue acusado de haber recibido donaciones ilegales en su campaña — algo que niega — y su gobierno ha saltado de escándalo a escándalo, perdiendo a seis ministros en medio de un flujo constante de acusaciones de mal proceder.

Los disturbios en Brasilia, junto a la incapacidad de Temer para conectarse con la ciudadanía, hacen que sus posibilidades de lograr apoyo para medidas más polémicas como la reforma de las pensiones sean casi nulas. Una encuesta publicada el domingo por DataFolha dijo que el 63% de los brasileños quieren la dimisión del mandatario. El sondeo entrevistó a 2.828 personas el 7 y 8 de diciembre y tuvo un margen de error de dos puntos porcentuales.

"Necesitamos a alguien que pueda arreglar cosas, no crear más problemas", apuntó el taxista Marcelo Veloso. "Tenía alguna esperanza después de la salida de Rousseff, pero ahora cree que necesitamos a un hombre del pueblo para solucionar esto".

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