• Miércoles 14 Noviembre 2018
  • 20:15:00
  • Tipo de Cambio $18.25 - $19.10
  • 4°C - 40°F
  1. Miércoles 14 Noviembre 2018
  2. 20:15:00
  3. Tipo de Cambio $18.25 - $19.10
  4. 4°C - 40°F
  5. Siguenos en Facebook - eldiariodechihuahua.mx
  6. Siguenos en Twitter - eldiariodechihuahua.mx

Internacional

Alepo, la última ciudad mártir

El Mundo | Viernes 16 Diciembre 2016 | 21:03 hrs

|

España.- La ciencia militar gasta montañas de dinero en diseñar misiles guiados por láser, drones espía, cazas invisibles y bombas inteligentes. Pero hay algo que sigue sin poder resolver: la toma rápida de grandes ciudades sin pérdidas humanas.

Alepo es la última de esas grandes ciudades en sufrir un largo asedio y de convertirse, a su pesar, en monumento al dolor y la resistencia. Desde el 10 de febrero de 2012, cuando se produjeron los primeros disparos en el contexto de la rebelión contra Bashar Asad, han pasado casi cinco años en los que la guerra se ha ido encanallando hasta superar cualquier norma establecida sobre respeto a los civiles. Se ha decapitado a prisioneros ante las cámaras, bombardeado escuelas y hospitales, se ha usado material prohibido como los letales barriles bomba o armas químicas y se ha llevado a una población al límite del hambre y la ausencia de medicinas para matarla lentamente. Más de 2.000 años de existencia han quedado reducidos a ruinas.

Hasta ocho fuerzas aéreas o ejércitos de ocho estados diferentes han participado de una u otra manera en su destrucción, además de milicias kurdas, cristianas, yihadistas, rebeldes y mercenarios extranjeros. La lista de muertos supera los 30.000, aunque dejaron de contarse el año pasado.

La violencia contra las ciudades como Alepo esconde una estrategia ideológica, demográfica y política. La memoria colectiva de sus símbolos, sus plazas públicas y sus calles son objetivos a destruir. Reducir a escombros los barrios residenciales de donde salen los rebeldes asegura que nunca puedan volver a sus casas. Es la manera contemporánea de matar las ciudades desde el bombardeo de Gernika en 1937, el gran ensayo de la guerra mecanizada actual. Los últimos testigos de esa destrucción en Alepo, unos cientos de sitiados, aún permanecen en el interior de dos distritos rodeados por el ejército sirio. Ayer, volvió a cancelarse su evacuación por enésima vez mientras que una niña bomba de siete años activaba su carga explosiva en el centro de Damasco hiriendo a más de 20 personas.

El urbicidio de Alepo, con varios asedios consecutivos, es el más largo de la Historia moderna y ha quedado a la altura de los sitios de Numancia, Troya o Siracusa. Su imagen polvorienta y agujereada, como de ciudad destruida por gigantes, quedará para siempre asociada a otros monumentos urbanos a la infamia.

Stalingrado (1942-43)

La batalla decisiva. No fue un asedio largo como el de Leningrado, (del 1941 a 1944) pero ha pasado a la historia por tratarse del más destructivo. En la capital industrial de la URSS se enfrentaron la poderosa Wehrmacht de Hitler y el Ejército Rojo de Stalin, que dictó una orden contra la evacuación de civiles. Comenzó con el asedio alemán y el bombardeo en alfombra de toda la ciudad, que se convirtió en una gran ruina, ideal para la defensa casa por casa. Las fábricas, bajo fuego de artillería, siguieron produciendo tanques y cañones, mientras que los soviéticos, sometidos a enormes privaciones, lanzaban al combate a miles de jóvenes reclutas para frenar a las tropas del Tercer Reich. Se usaron las alcantarillas para lanzar golpes de mano y cada edificio era el baluarte de un francotirador. La Blitzkrieg (guerra relámpago) se convirtió en la capital del Volga en la Rattenkrieg, la guerra de las ratas. Hitler anunció por radio la conquista de la ciudad.

El comandante soviético Nikita Kruschev mantuvo un 10% de ciudad en su poder, unos 300 metros desde la orilla del río hasta la casa de Pablov, un edificio que cambió de manos hasta seis veces en un día y que simbolizó la resistencia de la ciudad. Al otro lado del Volga, más de un millón y medio de soldados esperaban para dar la sorpresa a los nazis. El 19 de noviembre comenzó la operación para sitiar a los sitiadores: una ofensiva que dejó encerrado en Stalingrado a todo el VI ejército alemán sin comida ni comunicación con el exterior. Era cuestión de tiempo que el hambre, la disentería, el tifus y el invierno ruso hicieran su trabajo. Entre los militares germanos se dieron hasta casos de canibalismo después de que se comieran los caballos que tiraban de sus piezas de artillería. Las congelaciones se hicieron comunes. Los doctores tenían que amputar miembros sin anestesia. En enero de 1943, el último avión alemán despegó de Stalingrado cargado con el correo de los soldados. La censura impidió que las cartas llegaran a manos de los familiares.

De 350.000 alemanes que entraron en la ciudad, las mejores tropas de Hitler, sólo salieron 91.000, que emprendieron la larga marcha hacia los gulags soviéticos de Siberia. Tan sólo regresaron a casa 5.000 de ellos en los años 50. Stalingrado quedó totalmente destruida, con los civiles supervivientes (más de dos millones murieron durante la batalla) malviviendo en las alcantarillas y entre cascotes.

El ejército alemán no volvió a ganar ninguna batalla decisiva desde el desastre del Volga y comenzó una lenta retirada en todos los frentes hasta el final de la guerra.

La casa de Pablov, un muñón de ladrillo rojo que supuso la última frontera de Hitler, es lo único que hoy se mantiene en pie.

Beirut (1975-91)

La capital del Líbano fue el principal escenario de la guerra entre milicias musulmanas, falanges cristianas y grupos armados drusos, que contó además con la participación de Israel y Siria a favor de uno u otro bando. Más de 150.000 personas murieron durante la guerra.

La táctica bélica en Beirut fue la división de la capital en zonas de influencia étnica, que luego eran deliberadamente destruidas. El objetivo era borrar del mapa barrios enemigos enteros para crear otra cartografía diferente y afín, extirpar lo distinto. Las masacres de los campos de Shabra y Chatila son sólo dos ejemplos. Además, los contendientes destruyeron los grandes hoteles internacionales, que le daban a la ciudad ese aire cosmopolita, así como los museos y la biblioteca nacional, continentes de la memoria colectiva libanesa. No sólo se usó la artillería pesada para derribar bloques enteros, sino el bulldozer. El corte de carreteras y el aislamiento del aeropuerto evitaron que llegaran los materiales necesarios para la reconstrucción rápida de los daños. Así, para sus habitantes no quedaba otra opción que el exilio.

Sarajevo (1992-1996)

La posición estratégica de Sarajevo, enclavada entre colinas, facilitó el asedio. El 5 de abril de 1992 comenzó una guerra que iba a descomponer las fronteras artificiales de la antigua Yogoslavia e iba a dejar un genocidio para la Historia: el de Srebrenica. Las diferencias entre serbios y bosnios desembocaron en escaramuzas por toda la ciudad que fueron escalando hasta que se convirtieron en una guerra en toda regla. En pocos días, la artillería pesada ya bombardeaba el centro de Sarajevo y la aislaba del resto del mundo para cuatro años. Al frente de la ofensiva, el general Ratko Mladic, acusado de crímenes de guerra en La Haya.

Las grandes avenidas de la ciudad se convirtieron en una ratonera donde los vecinos podían morir de un mortero (más de 300 al día) o de un disparo a larga distancia. "Pazite, Snajper!" (¡Cuidado, francotirador!) era la frase más usada aquellos días de 1992 y 1993 en las calles de la ciudad. Todos los edificios de la capital bosnia sufrieron al menos algún daño durante la guerra. Más de 30.000 fueron destruidos por completo.

Tan sólo el aeropuerto, abierto y en manos de Naciones Unidas, daba un respiro a una población que mantenía ese hilo de vida con el exterior, además de un túnel secreto por el que los contrabandistas metían gasolina, víveres, armas y sacaban personas que necesitaran escapar del asedio. Los edificios simbólicos -el Parlamento, la biblioteca nacional (donde se guardaban los manuscritos de la colección Instituto Oriental) y hasta la sede del diario Oslobodenje- fueron atacados por los serbios desde las colinas, pero no impidieron que saliera el periódico. Todo el perímetro de la ciudad fue rodeado de campos de minas antipersonales, que costaron la vida de miles de inocentes.

Desde la distancia, las tropas serbias no sólo disparaban contra las milicias bosnias: los civiles formaban parte también de sus objetivos. Cualquier cola para comprar el pan era bombardeada. El 12 de julio de 1993 12 personas fueron asesinadas mientras esperaban para cargar agua en una fuente. El 5 de febrero de 1994, otras 68 cayeron bajo el fuego de mortero cuando compraban comida en el mercado de Markale, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo.

En las partes de la ciudad que conquistaron los serbios se extendió la violación masiva de mujeres bosnias y la limpieza étnica, ordenada y organizada por los genocidas de Slobodan Milosevic.

Después de la guerra, cerrada por los acuerdos de Dayton en 1995, Sarajevo ha sido capaz de reconstruir su tejido urbano, reparar los principales edificios dañados y desminar su perímetro.

Grozni (1999-2000)

Naciones Unidas llamó a la capital chechena "la ciudad más destruida de la Tierra", que tuvo que soportar dos guerras en un plazo de seis años. En la primera, los rusos tuvieron enormes dificultades para tomar la urbe, sufrieron muchas bajas y cometieron atrocidades contra la población civil, que sufrió la campaña de bombardeos más salvajes desde la Segunda Guerra Mundial.

De nada les sirvió, porque en 1996 las fuerzas separatistas chechenas volvieron a tomar la ciudad. En la segunda batalla, Grozni vivió un asedio de varios meses y un asalto final sangriento a un casco urbano en el que apenas quedaban 15.000 almas viviendo escondidas en sótanos. Sobre los habitantes de la ciudad los rusos lanzaron misiles balísticos, armas químicas y bombas de racimo e incendiarias de napalm (gasolina gelatinosa). Las tropas rusas llegaron a disparar sobre las caravanas de civiles que huían de la ciudad, lo que le valió la condena de EEUU y la Unión Europea.

Igual que en la primera guerra chechena, Moscú tuvo enormes problemas para conseguir avances militares. Todas las columnas de tanques eran emboscadas con tácticas de guerrilla en la ratonera de Grozni. Más de 100 soldados murieron en la céntrica plaza Minutka, sorprendidos por 2.000 separatistas cuando ya celebraban el haber llegado hasta allí sin oposición. El general ruso Kazantsev, declaró que sólo los niños de menos de 10 años, los ancianos de más de 60, además de las niñas y las mujeres, serían considerados refugiados aptos para abandonar la ciudad, que se encontraba en plena batalla urbana.

Cuando los rusos iniciaron el asalto final a Grozni, los rebeldes se habían retirado, con muchas bajas, para seguir la guerra en las montañas. Los rusos comenzaron la limpieza casa por casa de las calles de Grozni, con violaciones y asesinatos masivos documentados después por periodistas como Anna Politkóvskaya, asesinada más tarde en la puerta de su casa.

Para Martin Coward, autor de Urbicidio: políticas de destrucción urbana, las dos guerras de chechenia cambiaron el perfil de Grozni por la llamada "escombrización", la táctica soviética de convertir barrios enteros en escombros para indicar al enemigo que no le queda un solo lugar para esconderse.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






Estás utilizando AdBlocker D: Quizás te interese este artículo