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Internacional

La navidad más aciaga de los cristianos egipcios

El Mundo | Viernes 06 Enero 2017 | 18:58 hrs

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Egipto.- "Hemos perdido lo más preciado", dice cabizbajo Steven recluido en una estancia por la que no transitan las mujeres enlutadas que pueblan el resto del apartamento familiar. El joven, estudiante de veterinaria en una universidad de El Cairo, no esconde que la navidad que celebra este sábado la minoría copta será la más aciaga que recuerda. "La viviré con mi hermana, en soledad", balbucea hundido aún en el dolor. Iman Yusef, su madre, fue una de las 28 vidas segadas por el suicida que el pasado 11 de diciembre se inmoló entre las bancadas de la iglesia de San Pedro y San Pablo, una pequeña capilla ubicada en el complejo que alberga también la catedral de la Iglesia Ortodoxa Copta. "Mi madre acudía cada domingo a la catedral. Cuando escuché la explosión, bajé a buscarla. Visité varios hospitales hasta que la encontré en una clínica cercana. Tenía heridas en la cabeza y no pudieron salvarla", relata el veinteañero junto a una ventana por la que despunta al fondo el campanario del templo. Es mediodía y el bullicio ha regresado a las callejuelas que rodean la sede de una iglesia que profesa alrededor del 8% de los 92 millones de egipcios.

La muerte de Iman, víctima de un ataque reivindicado por el autodenominado Estado Islámico, no es la única tragedia que ha golpeado a la familia en el último lustro. En diciembre de 2012 el padre falleció alcanzado por los enfrentamientos que partidarios y detractores del entonces presidente, el islamista Mohamed Mursi, firmaron a las puertas del palacio presidencial de Ittihadiya. "Regresaba del trabajo cuando se vio envuelto en los choques. Murió en el acto", evoca Steve. "Durante los últimos cuatro años -agrega- mi madre se había encargado de todo. Era una persona humilde. Trabajaba en un colegio y estudiaba un máster en psicología. Estaba preparando la tesis". La orfandad que habita el modesto apartamento es un reflejo del incierto destino que afronta la comunidad cristiana, discriminada por el Estado y blanco de los sectores más radicales. Desde el atentado, el más sangriento que han padecido los coptos desde el derrocamiento de Hosni Mubarak, un denso silencio ha mantenido lejos de escena a los parientes de las víctimas.

Tras la embestida, los reproches por la falta de seguridad del recinto llevaron a varios cientos de feligreses a lanzar proclamas contra el presidente egipcio, el ex líder del ejército Abdelfatah al Sisi, y su Gabinete. Cansada de los ataques sectarios que sufren en el sur de país, la multitud también zarandeó a presentadores de televisión afines al régimen que asomaron por el lugar del ataque. "Hemos rechazado hablar con los medios porque solo buscan comerciar con nuestra sangre. Solo pedimos que se haga justicia y se localice a los responsables", replica Steven. Las autoridades han identificado al kamikaze como Shafik Mahmud Mohamed Mustafa, un joven de 22 años que pasó seis meses en prisión por su presunta vinculación con las protestas que estallaron tras el golpe de Estado de 2013. Desde el atentado, la policía ha arrestado a otras personas relacionadas con la matanza. El pasado miércoles el ministerio del Interior divulgó en vídeo la presunta confesión de cuatro nuevos arrestados. En la rudimentaria secuencia, los detenidos reconocen haber participado en los principales hitos del último lustro en Egipto: las revueltas pacíficas que hace seis años derrocaron a Mubarak; los enfrentamientos contra la policía durante la desastrosa transición de los militares; las elecciones parlamentarias y presidenciales que vencieron los Hermanos Musulmanes y las acampadas islamistas surgidas tras la asonada. Finalmente, los supuestos participantes en el ataque a la iglesia admiten haberse enrolado en las filas del IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) cuya sucursal local se halla sólidamente establecida en la península del Sinaí.

"Hay que mejorar la seguridad de los templos. La policía debe registrar a quienes acceden y supervisar todo el proceso. No es un asunto menor y el Estado debe asumir su responsabilidad", sugiere el universitario ante el creciente malestar de la comunidad cristiana más vibrante de Oriente Próximo. "Existe un problema grave de seguridad pero éste sigue siendo el régimen que mejor protege a los cristianos. Seguimos apoyándolo", señala enfurecido Yusef Sidhom, director de "Watani" (Mi tierra, en árabe), el principal semanario copto del país árabe. Los jóvenes cristianos, sin embargo, censuran el respaldo de la jerarquía copta a Al Sisi y recuerdan otros episodios fatídicos como la marcha pacífica que el ejército convirtió en un baño de sangre el 9 de octubre de 2011. Entonces 24 fieles perecieron bajo los blindados y el plomo frente a la sede de la radiotelevisión pública, en el centro de El Cairo. Steven, en cambio, rehuye las preguntas más controvertidas. Sigue instalado en el luto. "Los musulmanes del barrio nos dieron el pésame antes incluso de que lo hicieran los propios cristianos. Nunca ha habido problemas de convivencia", desliza el joven. "Mi madre siempre tuvo el sueño de vernos licenciados. Ahora nuestro único objetivo es cumplir con su sueño y tener una buena vida".

Reconstrucción "exprés" y mano dura

Los cristianos de Egipto festejan este sábado una de sus navidades más tristes bajo la vigilancia de las fuerzas de seguridad. A última hora de ayer la Misa del Gallo quebró 43 días de ayuno, en los que solo se consume pescados y vegetales. En medio de las críticas al aparato policial, los herederos de una de las ramas más antiguas de la Iglesia oriental volverán su mirada a la diminuta iglesia en cuya área reservada a mujeres se registró hace un mes el ataque. A contrarreloj la unidad de ingenieros del todopoderoso ejército egipcio ha borrado las huelles de la dinamita y rehabilitado el inmueble, seriamente dañado por la carga explosiva. El enésimo ataque a la comunidad cristiana ha servido a Al Sisi para pedir un nuevo endurecimiento de la ya de por sí amplia y draconiana legislación antiterrorista entre denuncias constantes de violaciones de derechos humanos. El Parlamento egipcio, leal al ex militar, ya ha aprobado enmendar la ley para permitir que los juicios por delitos de terrorismo se lleven a cabo ante una corte militar; acelerar la aplicación de la pena de muerte y catalogar los lugares de culto como instalaciones castrenses, lo que -como ha sucedido desde la asonada- contribuirá a incrementar el número de civiles procesados por la justicia militar.

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