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Internacional

Stephen Miller, un ‘verdadero creyente’ detrás de las políticas de Trump

The New York Times | Domingo 12 Febrero 2017 | 11:35 hrs

Agencias |

Washington─ Los empleados del Capitolio recuerdan a Stephen Miller, el asesor de la Casa Blanca de 31 años detrás de numerosa de las órdenes ejecutivas más contenciosas del presidente Trump, como el colaborador de Jeff Sessions que bombardeaba sus buzones electrónicos.



Como asesor de primer nivel de Sessions, el conservador senador de Alabama, a principios del 2013 Miller enviaba docenas de e-mails a empleados congresistas y reporteros cuando el Senado estaba considerando la reforma migratoria bipartidista. Miller vapuleaba los males de “la mano de obra extranjera” y divulgaba artículos negativos sobre los impulsores del acuerdo.



El ascenso de Miller, de molestia de extrema derecha con poca experiencia en políticas, a asesor de primer nivel del presidente, sorprendió a muchos empleados del Senado. El hombre cuyos mensajes hasta hace poco eran considerados “spam” ahora está dando forma a las políticas domésticas fundamentales en el gobierno de Trump con su nacionalismo económico y sus posturas de línea dura relativas a la inmigración.



Pero su inesperado ascenso resulta emblemático en una Casa Blanca donde predomina la currícula poco convencional.



Miller ha estado en el epicentro de algunas de las medidas más provocadoras del Gobierno, desde presionar a favor de la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México y amenazar a tratados comerciales con decenios de antigüedad, hasta generar el veto de Trump a los viajes desde siete países de mayoría musulmana, cuya torpe presentación él supervisó.



Desde que estudiaba preparatoria en el sur de California, donde predicaba contra la “corrección política” y el liberalismo y llamaba a los programas radiofónicos conservadores, hasta su época en la Universidad Duke, le ha encantado cuestionar las creencias ortodoxas prevalecientes.



En ocasiones, sin embargo, su anhelo por mantener el hermetismo sobre los pormenores clave de las medidas ejecutivas para prevenir las filtraciones –así como su inexperiencia− han afectado la coordinación entre las instancias dl Ejecutivo que tendrían que implementarlas, señalaron varios funcionarios de la Casa Blanca.



Pero los pavoneos de Miller le han servido bien con Trump. Después de la Convención Nacional Republicana que tuvo lugar en julio, Miller se convirtió en el principal redactor de discursos de Trump cuando a mediados de la campaña el candidato cambió de sus apuntes escritos a mano a leer en pantalla.



El mensaje de dichos discursos reflejaba a tal grado las posturas de Trump que a Miller le valieron un sitio en la preparación para los mítines de campaña. Las palabras de Miller se volvieron las de Trump.



“Steve es un verdadero creyente en todo el sentido de la palabra, no sólo en el mensaje de populismo económico sino en el presidente Trump como líder”, dijo Jason Miller, quien colaboró en la campaña de Trump y no tiene parentesco con Steve.



Por momentos resulta difícil distinguir la voz de Trump de la de Miller, quien suprimió su propio estilo pomposo a efecto de captar el estilo más visceral e improvisado de Trump. Su flexibilidad al redactar los discursos la compensa la vehemencia de su filosofía política, que básicamente se ha mantenido la misma desde que conformaba parte de una minoría en la preparatoria liberal de Santa Monica, donde a menudo protestaba contra otros estudiantes y los directivos escolares. Las celebraciones por el legado mexicano y las manifestaciones contra la guerra de Irak lo ofendían particularmente.



En Duke, Miller, quien es judío, siguió un camino igual de beligerante.



A partir de entonces, se fue derechito al Capitolio, finalmente yendo a dar con Sessions en dos mil nueve.



Sessions y Miller trabajaron sin descanso contra el esfuerzo congresista por reformar la inmigración en 2013 y dos mil catorce.



Las estrictas posturas de Miller sobre la inmigración ilegal fueron las que lo acercaron al ahora jefe de estrategas de la Casa Blanca Steve Bannon y un reducido equipo de nacionalistas económicos de ideas similares.



Al principio complacido con las audaz serie de medidas ejecutivas orquestadas por el equipo, Trump fue alcanzado negativamente por las consecuencias de la manera en la cual Miller llevó a cabo la orden inmigratoria.



A pesar de los señalamientos internos, Miller sigue siendo allegado del todavía poderoso Bannon, quien lo describió vía e-mail como  “un soldado fiel en el movimiento Trump, un guerrero de la clase trabajadora”.



En los últimos días, Miller se ha dedicado a lo que se espera sea otra orden contenciosa: sobre el rediseño que aún no circula del programa de trabajadores huéspedes que probablemente imponga nuevas restricciones a la barata mano de obra barata que en el 2013 Miller deploró en muchos e-mails, según dos funcionarios familiarizados con los planes.

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