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Internacional

Presidencia a distancia de Cataluña

Agencias | Lunes 15 Enero 2018 | 07:24 hrs

Agencias |

Barcelona.- Si no fuera porque sucede en la vida real, la actual situación política en Cataluña bien podría ser la creación distópica de uno de los guionistas de la conocida serie Black Mirror: un expresidente se fugó de la justicia española, permanece en Bélgica y busca ser reelegido a través de una pantalla.

Este miércoles 17 de enero se debe constituir el nuevo Parlamento catalán y se pone en marcha el plazo de 10 días hábiles para la formación del nuevo gobierno de Cataluña que, según parece, podría ser presidido por el líder independentista Carles Puigdemont.

“Estamos bloqueados”. Con esta frase el politólogo

Oriol Bartomeus define para Excélsior la actual situación en Cataluña. “Los independentistas tienen la mayoría parlamentaria y no hay alternativa, por lo cual la iniciativa política está en sus manos”, añade.

Es por eso que las dos principales fuerzas secesionistas (Junts per Catalunya y Esquerra Republicana) intentan a contrarreloj algo que no parece sencillo: investir a distancia a Puigdemont y evitar así que sea detenido por la policía española. El político catalán fugado está encausado por los delitos de sedición y rebelión por haber proclamado, según la justicia española, la independencia de Cataluña fuera de las vías legales.

La posible investidura a distancia ha sido calificada por el gobierno de Mariano Rajoy de “pretensión falaz e irrealizable” y ha anunciado que si el hecho se produjera la impugnaría inmediatamente ante los tribunales. En ese mismo sentido, el principal partido de la oposición y ganador de las recientes elecciones, Ciudadanos, adelantó que “no reconocerá a un Presidente investido a distancia”.

Para evitar impugnaciones previas a la sesión de investidura, que podría celebrarse el 31 de enero, el bloque independentista ha optado por no revelar la fórmula con la que pretende lograr su objetivo. Es decir, si será a través de una videoconferencia o delegando en otro diputado la lectura del discurso del programa de gobierno de Puigdemont.

INVESTIDURA TELEMÁTICA

Imaginar la escena, tan sorprendente como surreal, de un Puigdemont tomando protesta por videoconferencia desde Bruselas, ha hecho que en los últimos días expertos en derecho constitucional analicen la viabilidad jurídica de este escenario. Aunque el reglamento del Parlamento no contempla una investidura telemática en ausencia del candidato, tampoco la prohíbe expresamente. Esta ambigüedad dio lugar a un intenso debate entre los juristas.

“Defender una investidura a distancia es obviar que el nuestro es un sistema parlamentario presencial”, opina Argelia Queralt, profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona. “En un Parlamento puede haber comparecencias por videoconferencia, pero ésta no es una fórmula válida para una investidura”, asegura el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, Xavier Arbós.

INVESTIDURA DELEGADA

Por su parte, el profesor de Derecho Constitucional de la Universitat Oberta de Catalunya, Marcel Mateu, defiende la validez de una investidura por videoconferencia: “que no se haya hecho antes no quiere decir que la ley lo prohíba” y asegura que la ley debe interpretarse “en el sentido más favorable al ejercicio de los derechos fundamentales como es el

de participación ciudadana”.

Además, el profesor Mateu considera que la opción de que Puigdemont delegue en otro diputado la lectura de su discurso es viable jurídicamente. “El artículo 146 indica que el candidato a la Presidencia debe presentar su programa de gobierno, pero no dice que deba ser leído por él personalmente”, asegura.

LA DISPUTA

POR LA MESA


Se opte por una u otra opción, es la Mesa del Parlamento el órgano que en última instancia decide cuál es el mecanismo de investidura que mejor se ajusta a derecho. Es por ello que se desató una intensa polémica por la integración de la Mesa. Según Bartomeus el papel de la nueva Mesa del Parlamento será crucial, ya que la discusión “será legal, pero también política” sobre si se puede o no investir a un Presidente a distancia.

Los partidos independentistas, mayoritarios en escaños, también aspiran a tener la mayoría del que es el máximo órgano de gobierno del Parlamento. Pero el objetivo enfrenta un obstáculo: hay cinco diputados en Bruselas que no pueden poner un pie en suelo español sin ser detenidos. Cinco votos menos, que dejaría al independentismo, por un voto, en minoría frente al resto de los partidos de la oposición.

NUEVA BATALLA

En noviembre, después de liderar una fallida declaración de independencia y de ser cesado por el gobierno central, Puigdemont huyó a Bélgica.

El gobierno de Rajoy tomó el control de la administración regional y convocó a nuevas elecciones el 20 de diciembre. Pero lejos de terminar con el conflicto, los comicios abrieron otro capítulo incierto y marcaron, aún más si cabe, la polarización política.

Ciudadanos, una formación política joven y antiindependentista, consiguió ganar en votos y en escaños, pero no podrá gobernar, ya que los partidos independentistas sumaron mayoría absoluta.

Frente a este escenario atípico e inestable, los expertos vaticinan que el hipotético intento de investir presidente de Cataluña a Puigdemont abrirá una nueva e intensa batalla política y legal, que “nos mantendrá entretenidos unas cuantas semanas o meses”, opina Bartomeus.

“PRESENCIAL

Y PERSONAL”


Los propios abogados del Parlamento catalán coinciden de forma unánime en que la investidura del nuevo Presidente debe ser “presencial y personal”, y  que el reglamento de la Cámara no sustentaría una investidura a distancia ni delegada de Carles Puigdemont.

No obstante, los representantes de Junts per Catalunya, la lista soberanista más votada, ya han sugerido que no aceptarán un eventual informe de los letrados de la Cámara catalana si éste rechaza cualquier investidura que no sea presencial.

“Informes de letrados hay muchos, pero a quien le toca interpretar el reglamento del Parlamento es a la Mesa”, han argumentado.

De llevar este razonamiento a sus últimas consecuencias podría producirse, de nueva cuenta, un escenario de controversia jurídica que llevaría a la política catalana a una situación incierta e insólita: tener un Presidente investido a distancia, cuyo nombramiento, a su vez, está suspendido por el Tribunal Constitucional.

Esto abriría nuevas y preocupantes incógnitas que se deberán resolver en las próximas semanas. De momento, la situación política en Cataluña continúa atrapada en ese loop, en el que lleva ya bastante tiempo, y del que no parece sencillo que pueda escapar.

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