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¿Santoclós llegará al Cereso?

Salud Ochoa/El Diario | Jueves 08 Diciembre 2016 | 10:15 hrs

Francisco López/El Diario |

Chihuahua.- Faltan pocos días para celebrar la navidad. Las luces de colores y los adornos de la temporada lo anuncian por todas partes. Melissa no lo sabe porque apenas tiene un año de edad y vive, junto con Bárbara su madre, en el Cereso de Aquiles Serdán donde el brillo navideño luce lejano.

Nació tras los muros del Centro de Reinserción Social y allí ha crecido aunque periódicamente tiene la oportunidad de salir a casa de su abuela materna y convivir con sus dos hermanas que, según palabras de Bárbara, “ya han escrito su carta a Santoclós pidiendo que pronto podamos estar todas juntas”.

La navidad en familia sin embargo, tendrá que esperar porque Bárbara debe cumplir una condena de 10 años de los cuales lleva cinco y medio por lo que el deseo de regresar con sus hijas aún se vislumbra lejano, igual que las luces que iluminan la ciudad.

Su mayor deseo es que Melissa crezca junto a sus hermanas, que tenga una familia y pueda ir a la escuela para que en un futuro sea capaz de valerse por sí misma.

“Que tenga lo que yo no pude tener. No mucho pero lo necesario para vivir de manera honesta. Quiero que mis hijas estudien y tengan la posibilidad de trabajar para que nadie les ande restregando que no lo pueden dejar porque no tienen dinero. Les enseñaré a no confiar tanto en la gente para que no les pase lo que me pasó a mí”.

El mejor regalo que esta navidad puede ofrecerle a Melissa es su amor de madre, porque tras las rejas no hay muchas opciones.

“Es posible que el día 18 les hagan una posadita pero aquí no hay mucho que yo pueda darle, solo mi cariño, por eso quiero que esté con sus hermanas para que conviva y sea feliz, yo seré feliz así también”.

Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, Bárbara envía un mensaje a las madres que están en libertad para que “aprovechen a sus hijos, que no los descuiden, que les den todo el amor que puedan, que estén con ellos al cien por ciento, que los abracen y les den un beso antes de dormir porque la vida se va”.





-Confiar en alguien me llevó a la cárcel





“No quiero que a mis hijas les pase lo mismo”





La estancia de Bárbara en el Cereso tiene su origen seis años atrás, cuando, estando casada con el padre de una de sus hijas, empezó a sospechar que aquel estaba involucrado en actividades delictivas. Se lo advirtieron, dice, pero confío en el hombre que era su esposo sin imaginar que eso le costaría no solo lágrimas sino la libertad.

“Fue mi culpa confiar en mi pareja. Un día fueron a buscarlo porque aparentemente era secuestrador. Me dijeron que si sabía lo que me convenía que me fuera de allí. Lo hice, pero él me siguió buscando y después de un tiempo me dijo que las cosas se habían arreglado y todo había terminado. Regresé con él porque estaba embarazada. Un día me di cuenta que algo andaba mal, le pregunté y lo negó todo”.

Al darse cuenta que nada había cambiado, Bárbara intentó huir con su hija mayor que entonces tenía 5 años sin imaginar que allí empezaría lo peor.

“Le dije a mi niña que saliera primero como si fuera a la tienda. Yo salí después con 20 pesos en la bolsa y mi celular. No la encontré. Me fui a buscarla al parque pero mi pareja la encontró antes. Ya venía de regreso con ella.

El intento de huida les costó ser encerradas bajo llave con la posibilidad de salir solo para ir al baño. Poco después la policía llegó y junto con su entonces marido, fue detenida y acusada de secuestro.

“Me dijeron que era cómplice y me iban a sentenciar igual. Él dijo que su abogado me ayudaría pero no fue así. Cuando me dí cuenta que él tenía otras carpetas de investigación, me retiré y ya no quise que ese abogado llevara mi caso porque me iban a volver a culpar. Dejé de estar con él y no nos hemos divorciado porque se ha negado a firmarme los papeles del divorcio a pesar de que se los he enviado tres veces”.

Lo que sí está firmado es la sentencia de Bárbara quien reconoce sus errores y está dispuesta a trabajar para no volver a cometerlos. Por eso, todos los días asiste a cursos, talleres, clases de baile, deportes y estudia la preparatoria abierta porque en un futuro le gustaría estudiar gastronomía. Quiere salir de allí de la mano de su hija.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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