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He extrañado a mis papás adoptivos y llorado por ellos: Ana Carolina

De la Redacción | Lunes 30 Enero 2017 | 09:59 hrs

Archivo |

Chihuahua, Chih.- La joven Ana Carolina López Enríquez, actualmente de 21 años de edad, quien se encuentra recluida en el Centro Especializado de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (Cersai) en esta ciudad, por haber asesinado el 3 de mayo de 2013 a sus papas adoptivos y cuyo crimen causó conmoción entre la sociedad; mostró signos de arrepentimiento, según un  estudio publicado el pasado 18 de enero por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH),  titulado “Informe Especial Adolescente: Vulnerabilidad y Violencia”.

En el extenso documento que puede leerse en el sitio web “http://www.cndh.org.mx”, aparecen diversos testimonios de jóvenes sentenciados por la comisión de diferentes delitos en varios estados del país, realizados a sicólogos y visitadores de la CNDH , mismos que fueron publicados bajo seudónimos.

En el caso de Ana Carolina, quien recibió una pena de 14 años y seis meses de cárcel, misma que podría reducirse solo a cinco, por la entrada en vigor el año pasado, de la nueva Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia para Adolescentes, que establece beneficios y ese límite en la pena máxima de cárcel a los menores, se utilizó el seudónimo de “Yolanda”.

A continuación se transcribe textualmente su testimonio, “Yolanda es una joven que lleva tres años interna en un centro para adolescentes en el estado de Chihuahua y quien tiene una pena de 14 años por haber dado muerte a sus padres adoptivos. Ella estudió hasta el primer grado de la preparatoria antes de ingresar y dice que le gustaba mucho estudiar.

Su padre biológico es un hombre que pide limosna en las calles de la ciudad. Su madre biológica murió de SIDA cuando ella nació. Cuando ella tenía un año, fue adoptada por una pareja en la que el padre tenía 65 años y la madre 45. Este era el segundo matrimonio para el señor que tenía seis hijos de una unión previa. Ella explica: “los hijos de mi papá adoptivo no eran como mis hermanos, no procuraban a su papá más que para pedirle dinero y eso me molestaba mucho. Ellos ya eran mayores de edad cuando yo era pequeña”.

Ella habla de su padre adoptivo como su “padrastro” y refiere haber sufrido malos tratos, humillaciones y abusos sexuales por parte de él cuando era pequeña. Señala también que su madre adoptiva le tenía miedo a su padrastro y por eso no la defendía. El padrastro consumía alcohol con frecuencia y era dueño de varios bares y cantinas en la localidad, así como tenía diversas propiedades y cuentas bancarias, por lo que tenía una buena posición económica.

“Yo quería amor –dice Yolanda- y ellos sólo lo compraban todo con dinero, pero nunca mostraban su cariño con humildad. Nadie va a entender lo que yo aguanté muchos años; no lo hice porque sí, tuve mis motivos. Yo, desde los diez años, tenía mucho coraje contra los dos por golpes, regaños, presiones, humillaciones y la edad de ellos no ayudaba, teníamos muy mala relación.

Yo sólo tenía confianza con mi pareja y un día le dije que si me ayudaba a matarlos y me dijo que sí y él le dijo a un amigo suyo que también nos ayudó. Mi novio y su amigo tenían 18 años y ahora se encuentran en la cárcel con una sentencia de 37 años. Yo lo planeé, les dije a qué hora fueran a mi casa, les dije que quería que mis papás tuvieran una muerte rápida y no sangrienta así que el amigo estranguló a mi mamá y mi novio asfixió a mi papá… Yo fingí que los habían secuestrado y comenzaron a investigar a todos mis tíos y no pensé que me iban a entrevistar a mí y también entrevistaron a mi novio y como caímos en contradicciones, se dieron cuenta y yo prácticamente me entregué.

Yo estaba en shock, no asimilaba nada y no podía creer lo que había sucedido, yo no lloraba, contestaba todo tranquila, sin alterarme... la jueza me dijo cosas muy feas, dijo que yo no era normal ni sociable, que era psicópata porque nunca me vio llorar. Lo que pasa es que yo estaba en shock, no asimilaba nada y no podía creer lo que había sucedido…”.

Estando interna ha recuperado la relación con su papá biológico quien la visita cada semana y la apoya. Dice que estar interna le ha servido “para aprender nuevas cosas y para valerme por mí misma y aprender a valorar las cosas. Ahora he podido extrañar a mis papás adoptivos y llorar por ellos”, concluyó el testimonio de la joven parricida.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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