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Opinion

La democracia soy yo

Luis Froylán Castañeda | Domingo 15 Mayo 2016 | 00:52 hrs

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La Política da Weba

Frente a su incapacidad para ilusionar a la gente, la fragmentación y el descrédito de su partido, descarga en otros la responsabilidad de sacar al PRI de palacio y administrando culpas por anticipado sobre quienes no se sujetan a sus exigencias.

¿En qué momento Chacho Barraza se convirtió en el hombre más importante de la campaña? Me preguntó un amigo desapegado de los asuntos políticos. Mi primera reacción fue hacerme el desentendido y responder con otra pregunta: ¿Ves a Chacho como el más importante, cuando las encuestas lo ponen de tercero?

Mi amigo es terco, supo que pretendía evadir la pregunta y aclaró el punto de una forma muy coloquial: no te hagas, sabemos a lo que me refiero, Chacho podría inclinar la balanza en uno u otro sentido, circunstancia que la da especial valor en esta campaña. Es como en los congresos sin mayoría absoluta en los que priva la dictadura de las minorías, remató para obligarme a responder.

Puesto en el chutis quedé sin alternativa y entendiendo que mi amigo compró el argumento del voto útil, respondí: El momento en que Chacho se convirtió en el hombre más importante de la campaña, si así lo quieres ver, es justo el momento en que Javier Corral lo puso ahí. Sin conceder la razón de que sea el actor más importante.

En los hechos se trata de una verdad parcial, la verdad de quién voltea hacia los lados y encuentra explicaciones de su insuficiencia electoral en quienes le disputan el mismo mercado de votos. Es el caso de Javier Corral, dado que no ha tenido la capacidad de hacer valer por sí mismo su campaña, intenta eliminar por la vía de la componenda política a sus competidores, a fin de quedarse como opción única de cambio.

Reconoce explícitamente que necesita los votos de otros opositores para ganar la elección, pidiendo que todos se quiten de en medio, abran camino a su paso y además entreguen incondicionalmente, como requisito de triunfo, sus activos electorales. Supone que sólo él es capaz de hacerlos valer, pues se arroga la facultad de que él y nadie más que él es digno de una causa democrática.

Cierra los ojos a otra realidad, una que lo incomoda y resta credibilidad a su partido. Ignora que ocupado en mezquindades personales, vendettas de grupos e insertos en la más descarada corrupción, lo que siempre criticaron de sus eternos enemigos, su partido dilapidó en unos cuantos años la enorme base social que a principios de los noventas les permitió gobernar el estado.

Se niega y hace el disimulado con el hecho de que traicionaron la confianza de miles y miles de chihuahuenses que en otro tiempo le dieron brillo y fortaleza electoral. Javier ha denunciado muchas veces los actos de corrupción y desapego social de su partido, es falta de honestidad intelectual ignorarlos hoy, por ser candidato ¿El PAN es un buen partido cuando él va de candidato y uno corrompido cuando van otros?.

Si el PAN de hoy fuese el mismo PAN de los noventas, no habría necesidad de apelar a la buena voluntad o disposición de terceros en contienda, para ganar una elección. Francisco Barrio nadó sin guajes, hizo el trabajo de convencer a la sociedad de su proyecto, los enamoró de un cambio social y político. La gente le creyó y entregó su voto.

Javier fue parte de aquella campaña, la recuerda bien, siendo muy joven en aquel año del 92 alcanzó por vez primera una diputación local, lo que a la postre sería su vocación política, el parlamentarismo, donde se ha desarrollado como senador y diputado federal. Es conocedor del fervor ciudadano cuando la gente encuentra un motivo para creer, fervor que no ha despertado.

Invierta, amable lector, el escenario electoral, poniendo a todos los candidatos de origen panista en esa gran coalición con la que sueña el senador. Ahí estarían Cruz Pérez Cuéllar, Jaime Beltrán del Río, Javier Félix Muñoz y desde luego Chacho Barraza, todos agrupados en torno al objetivo de sacar al PRI de palacio. Su origen es antisistema, ir juntos sería lo más natural.

Visualice por un instante el posible resultado electoral. Es previsible anticipar que Corral ganaría esa elección, si él hiciese cabeza de la oposición, sin tener que implorar declinaciones a su favor. Esa alianza sucedería  sin que ninguno de los participantes lo propusiese, sería consecuencia lógica de sus antecedentes de lucha.

Es un excelente jugador de dominó, por lo mismo resulta comprensible que las quiera cuadrar a güeras. El punto está en que la ausencia de humildad le impide detenerse un momento y hacer una valoración sincera de las razones fundamentales que los tienen divididos al punto de la fragmentación.

Él, como muchos otros, ha contribuido de manera determinante a la fragmentación de la oposición. La mejor prueba es que varios de sus antiguos amigos, personajes que no hace mucho lo admiraron por su determinación en la lucha, como Luis Villegas, Cruz Pérez Cuéllar, Lalo Romero y varios más, hoy trabajan abierta o soterradamente para evitar que gane la gubernatura.

Haga ese examen de conciencia, busque entre sus hechos del pasado actitudes ofensivas contra gente que abrazó su misma causa. Podría empezar por preguntarse y recordar la forma en que llegó a la senaduría, ésta última, de la cual pidió licencia o recuperar las explicaciones y culpas repartidas por la derrota del 2004, cuando encontró a sus amigos culpables de aquel fracaso y  jamás aceptó sus propios errores.

Frente a su incapacidad para ilusionar a la gente, la fragmentación y el descrédito de su partido, descarga en otros la responsabilidad de sacar al PRI de palacio, administrando culpas por anticipado sobre quienes no se sujetan a sus exigencias.

Hoy sigue el mismo camino, descargar culpas sobre otros, decir que los medios están comprados por el gran corruptor de la política, que la suya es una batalla inequitativa y pocos comprenden los motivos de su lucha. Puede que tenga razón, sólo que en ese entorno descompuesto, no se ha mirado así mismo.

Dos veces ha emplazado a Chacho Barraza para que decline en su favor, deslizando sobre el independiente la responsabilidad de su triunfo, sin asumir la parte que le corresponde. Las dos veces ha sido rechazado, primero con un rotundo “no se equivoque, señor Corral”, después con el ofrecimiento de hacerlo fiscal anticorrupción.

Es un despropósito pedir que Chacho se allane a su voluntad, enviando además mensajes que de no hacerlo estaría sirviendo a los corruptos del PRI, pues contribuiría a partir los votos opositores, cancelando opciones de triunfo. La de Corral en una visión del tipo “el que no está conmigo está contra la democracia y en favor de la corrupción, pues la democracia soy yo”.

El ruego de que todos los demócratas venid a mí es en el fondo una apelación basada en que sin Javier no hay democracia electoral; sin Javier no hay Justicia para el desvalido; sin Javier no hay esperanza ciudadana, sin Javier no hay esfuerzo que valga. Demasiada arrogancia en un candidato que se ha puesto como objetivo purificar la política y el ejercicio de la acción pública.

Tiene su valor enfrentar al poder en turno, no discuto sus merecimientos personales, pero en qué momento concluyó que sobre su persona pasan necesariamente las bondades ciudadanas y que un triunfo opositor sólo se justifica estando él a la cabeza. Una pisca de humildad le vendría bien, o como dicen en el barrio, bájale una rayita.

Chacho le dejó un reto, si quiere hacer justicia, le ofrece la fiscalía anticorrupción, una especie de ombusman todo poderoso para formular cuantas revisiones quiera del actual gobierno, lo que añora, pues ese afán justiciero lo hizo centro de su discurso.

No compra el reto del independiente, odiaría que otro se llevase el mérito social de bajar al poderoso de la cima. Quiere ser él y nadie más que él la respuesta ciudadana al descrédito en que ha caído la clase política, sin percatarse que es parte de la clase política que fustiga, de la partes más desprestigiados, los que ocupan cargos públicos sin someterse al escrutinio ciudadano de los votos, los famosos plurinominales.

Para redimir al ciudadano, es necesario que los redentores se rediman antes a sí mismo. Esa actitud no se observa en el candidato del PAN

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