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Opinion

Enrique, el damnificado de la irritación

| Martes 07 Junio 2016 | 00:08 hrs

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Hasta el PAN quedó con la boca abierta

Repartición de culpas, cargan mano a Duarte

Super ''Malo'' Jáuregui, el Beltrones azul

 V
amos a entregarles todo, menos el rostro de la derrota, dijo un desolado Fernando Baeza cuando Jesús Macías perdió la gubernatura, en julio de 1992. Y así lo hizo, mientras se consumía por dentro, en la superficie esbozaba una espléndida sonrisa, como si la vida le sonriese.

Serrano tardó una eternidad para aceptar la derrota, lo hizo apenas ayer a medio día, cuando el resultado era evidente y el PREP estaba muy avanzado, señalando la holgada victoria de Corral; y el gobernador Duarte mantiene su actividad en privado, sin salir a medios. El candidato tarde dio la cara, el gobernador decidió no salir.

Entre la jornada de 1992, cuando el PAN ganó la gubernatura por vez primera, y la del domingo pasado hay más diferencias que paralelismos, pero es imposible no comparar una con la otra.

Las mayores coincidencias son que en ambas los dos principales candidatos eran de Juárez y el gobernador priista logró imponer candidato en su partido. La diferencia principal es que a Barrio se la debían del 86 y por asuntos de imagen internacional Salinas le allanó el camino; mientras que la presente es fruto de la irritación social descargada contra los gobiernos del PRI.

Desde ese punto de vista Enrique Serrano es un damnificado de la irritación social, confiado en las encuestas que ordenaba, no midió el impacto hasta que el misil estalló, aturdiéndolo, entre sus pies.

Peor tantito, en la complaciente adulación, ninguno de los personajes en su ambiente próximo –Memo Dowell, Adriana Terrazas, Memo Márquez- advirtieron la hecatombe, ellos mismos crearon la historia de “ya ganamos” y luego se la creyeron.

También el candidato perdedor tiene parte sustantiva de culpa: una y mil veces le aconsejaron que se desmarcara sin sombra de duda del gobernador Duarte; una y mil veces desoyó el consejo.

Al contrario, mantuvo la subordinación hasta el final, pues recuerde que durante el cierre de Parral alabó el trabajo de Duarte, presente en el evento. En el pecado lleva la penitencia: confió que podía ganar nadando de muertito, hasta que un remolino de intensidad cinco lo regresó a la realidad..

La irritación social puede explicar en parte los ofensivos resultados para el priismo, pero hay otros factores importantes que anotar. Javier Corral tuvo la virtud de interpretar adecuadamente el sentir social y lo capitalizó a través de un ácido discurso contra Duarte, ignorando de pasada a Serrano, su adversario en boletas.

A toro pasado es claro que su discurso beligerante, combinado con el enfado ciudadano, construyeron la victoria que ni los mismos panistas esperaban. Sabían que podían ganar en la capital y pelear fuerte por el estado, pero nunca vieron venir la seguidilla de triunfos.

Maru Campos, por ejemplo, el domingo en la noche se dijo ganadora con diez puntos, cuando en realidad ganó por casi 20; durante la noche del domingo los analistas del PAN se vieron ganadores en nueve distritos, siendo que tendrán mayoría absoluta del Congreso, con unos 15 o16 distritos, más el que llegue de rebote por la pluri.

También ellos se quedaron con la boca abierta, y cómo no, el resultado es para estrujar a cualquiera: ganan la gubernatura por más de cien mil votos; la capital por cincuenta mil. Dominarán el Congreso y tienen además las alcaldías de Cuauhtémoc, Delicias y otras 25 más.

Comparada con la derrota del domingo, la de 1992 es cosa de niños. Entonces el PRI perdió únicamente lo que llamaban la columna vertebral, excluida la capital, que ganó Patricio, y conservó todo el medio rural. Ahora, las tres alcaldías más importantes del PRI son Guachochi, Jiménez y Guadalupe y Calvo. Los hicieron pedazos.

Frete a un escenario que va del gris oscuro al negro intenso, los candidatos derrotados que antes idolatraban a Duarte, hoy lo ponen como responsable principal de la derrota, minimizando sus propios errores.

Desde luego, el gobernador tiene parte, pero la mayoría de los candidatos a diputados no hicieron una campaña entregada, porque se colgaron del candidato a gobernador y los candidatos a las principales alcaldías, pensando que de esa manera resolvían su problema.

Ahora dicen que nunca imaginaron el enorme desgaste social de su partido; que no la vieron venir porque las encuestas los favorecían. Son pretextos los que presentan: por ejemplo, Jorge Arizpe llevaba 7,026 votos, perdiendo tres a uno, igual que el resto de los candidatos a diputados en Chihuahua.

Cristopher James Barousse, el bisoño rijoso de la política, perdió en el distrito más priista, el que se supone lo podrían ganar hasta sin candidato. Ya vio que no: cuando la gente sale a votar, no hay acarreo que valga. Esas derrotas dan una idea de su pequeño tamaño. No les va descargar culpas contra otros, cuando ellos no hicieron el trabajo.

Después de Javier Corral y Maru Campos, “supermalo” Jáuregui queda como uno de los políticos panistas más importantes del próximo quinquenio. Ganó con Maru la alcaldía de Chihuahua y la de Delicias con Eliseo Compeán. En la pipiluya democrática le tocó al dos por uno y pronto le empezarán a llamar el Beltrones azul de Chihuahua.

El tsunami es general, pasó por los territorios de Aguscalientes, Bajacalifornia, Durango, Puebla, Quintana Roo, Veracruz, Tamaulipas y desde luego Chihuahua, las gubernaturas perdidas por el PRI. Ganaron únicamente Hidalgo, Zacatecas, Tlaxcala y Sinaloa. Manlio debe tener la renuncia firmada en su escritorio, probablemente le sea aceptada durante la próxima sesión del Consejo Político Nacional.

En Chihuahua la debacle se acentuó, pero alcanzó a la mayoría de los estados en disputa, lo que nunca había sucedido en el PAN, destacó Ricardo Anaya. Esa circunstancia describe un escenario adverso para el PRI, de cara al 2018 y explica la indisposición nacional contra Peña Nieto, uno de los presidentes peor calificados en la historia del país, con apenas el 30 por ciento de aceptación. En el curso de un día, todo cambió, la rueda de la fortuna que se negaba a moverse, recibió una sacudida social como no se veía desde el 92.

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