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Opinion

En Chihuahua los espero

Luis Froylán Castañeda | Domingo 12 Junio 2016 | 00:30 hrs

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La Política da Weba

Sólo en una mística idólatra, desentendida de la realidad social, es concebible que hayan supuesto que el gobernador tomaría de la mano a cada elector y lo hiciese cruzar el cuadro de su elección; en Chihuahua vota sí, en Juárez asá, en Parral de esta forma, en Delicias de la otra. Más respeto por la gente.

Va la numeralia como datos de referencia: La peor votación del PRI en una elección estatal fue la de Macías, en 1992, obtuvo apenas 338 mil votos, el 45 por ciento sobre un padrón de un millón doscientos mil; antes del domingo, la mejor del PAN era de Borruel, hace seis años, 423 mil, de 2 millones 600 mil empadronados.

No me gusta abrir así, citando números, pero es que la elección del domingo cinco rompe todo parámetro en ambas direcciones: Serrano apenas alcanzó 400 mil votos, 200 mil menos que Duarte, 161 menos que Reyes, 97 mil menos que Patricio, técnicamente empatado con Baeza del 86, que obtuvo 397 mil y Barrio del 92, con 387. A Chuy Macías apenas le sacó 60 mil votos.

Considerando las distancias del padrón, en 1986 era de un millón doscientos mil, hoy de dos millones 650 mil, la diferencia en términos porcentuales es de cállate y ve a tu casa; Chuy consiguió el 45 por ciento, Serrano apenas el 31.

Antes de pasar a las reflexiones, una acotación también de cifras: Corral por sí mismo obtuvo 94 mil votos más que Carlos Borruel, sin embargo hay un pero interesante, a los 517 mil de Corral habría que sumarle 170 mil, lo que deja una escandalosa cifra de 687 mil, record histórico para cualquier partido, más considerando que jugó sólo, pues las anteriores elecciones, hasta Fernando Baeza, iban en alianzas.

¿De donde y por qué agrego 170 mil más a la cuenta de Corral? Del 70 por ciento de los votos de Chacho, calculados en razón de estimaciones arbitrarias pero consistentes con especialistas, todos coinciden en que los independientes restaron mucho más al PAN que el PRI, ponga un 70-30, más o menos la diferencia entre Maru y Riggs en la capital, dado que no había candidatos independientes a síndico.

Una primera conclusión en razón de las cifras es que no sólo faltaron votos a Serrano, la gente abrumadoramente eligió una opción anti PRI. Tampoco pensó en Corral como salvador de la patria ni compró su discurso del voto útil, de ser así Chacho habría quedado a nivel de los nanopartidos con tres o cuatro por ciento y Corral con al menos el 70 por ciento de los votos independientes.

No inventen teorías conspiratorias, explicaciones tradicionales, no busquen por las ramas, los electores necesitaban desahogarse contra los gobiernos del PRI, hartaron a la gente y sin que estuviese feliz con un PAN también señalado de corrupto, decidieron que cualquier opción era preferible al PRI.

Nada describe mejor esa realidad de castigo que el resultado en la ciudad de Chihuahua. La teoría de la irritación social quedó comprobada en la capital, para los que quiera verla.

El desgaste del gobernador es sólo en Chihuahua, decían los voceros de palacio con ínfulas del arrogante sabelotodo, en el resto del estado no pasa nada. Se equivocaron, el humor de reproche es general, con énfasis muy marcado en la ciudad de Chihuahua, si, pero general. No quisieron verlo.

Otra vez los números, no me gusta citarlos en tal abundancia, decía muerto de risa un amigo, cuando les hacía trampa en el dominó y me descubrían, es que Froylán es licenciado en Letras, no en números. No lo soy en Letras, sino en Filosofía, pero a veces, como la presente, los números son herramienta imprescindible de análisis.

Enrique Serrano tuvo en la ciudad de Chihuahua 73 mil votos, siete mil menos que Madrazo, en la arrolladora elección del 2000, era el peor resultado del PRI hasta el domingo pasado.

Contrastan con los 183 mil de Corral ¡Una diferencia de 110 mil votos en la capital!. Si, ¡110 mil votos! Puesto con letras siguen siendo ciento diez mil. Casi los mismos por los que perdió el estado, que fueron 117 mil.

Otra observación, hasta donde van los números oficiales de la capital, Lucía Chavira obtuvo 17 mil votos más que Serrano, 16 mil más que la suma de los diputados y ocho mil mas que el sindico ¿A que voy con estas cifras? En la sociedad informada y en una parte del PRI, Lucía personificaba la oposición al gobierno. La respuesta está reflejado en los votos. Es una diferencia enorme para una sociedad desacostumbrada al voto cruzado.

El descrédito y mal humor social se recargó en la capital, sin duda, pero está reflejado con toda la entidad. Por ahora no daré más números, tengo la tentación de citar los de Juárez, sin embargo la Hermana República merece atención especial, habrá tiempo para analizar particularmente lo sucedido en la frontera. Sólo diré lo que todo mundo sabe, allá Corral ganó apretado, pero Cabada hizo papilla de Teto.

Además el PAN gana 16 distritos, lo que nunca, y casi la mitad de los ayuntamientos.

Con esto le digo todo, la alcaldía más importante del PRI será Jiménez, mi querido pueblo, al que ningún gobernador se digna voltear a ver. Eso le da a usted una idea clara de la catastrófica derrota priista.

Otro apunte. Como estribillo repiten que Juárez marca pauta en las elecciones, merced a su alto padrón, el 35 por ciento presumen. Yo siempre he sostenido que la tendencia política es marcada desde Chihuahua, por una sola razón, la capital irradia para todo el estado, en cambio Juárez es Juárez, son ellos y su circunstancia, no más.

La importancia electoral y política de Chihuahua no tienen que ver, ni si quiera, con los porcentajes de votación. En ambas ciudades, Juárez y Chihuahua, la gente vota poco, en Juárez menos, pero no se puede decir que la gente de la capital sea muy participativa. Esta vez allá votó el 41 por ciento, en Chihuahua el 53 y el promedio estatal quedó en 49.

Su preponderancia radica en que es el municipio donde están asentados los poderes del estado, es el ejemplo a seguir de las otras ciudades, incluida Juárez, irradia con la misma naturalidad que lo hacen el resto de las capitales estatales, no se diga la ciudad de México, guardando toda proporción.

En qué pensaban los magos de la ingeniería electoral del PRI, cuando decían que de Juárez llegarían los votos para tapar el boquete de Chihuahua y cualquiera que podría presentarse en otras regiones del estado. En lo que siempre han pensado, lo que yo llamo la aritmética del acarreo, hacen sus cuentas alegres, luego las repiten hasta el cansancio y terminan por creérselas. Se engañan a sí mismo, despreciando a los electores.

Ilusos, eso sólo funciona cuando la elección es de estructuras, pero si la gente vota irritada no hay maquinaria electoral que valga. En su ceguera social y sumisión abyecta al poder, llevan su penitencia. Los gobernantes, candidatos, dirigentes, estrategas, coordinadores, son los autores de la peor derrota del PRI en la historia de Chihuahua. El 92 fue un paseo por el parque.

Daba risa cuando hacían sus ejercicios de malabarismo electoral, suponiendo que los votos de los independientes en Juárez y Parral irían a Serrano, que en la capital Delicias y Cuauhtémoc podrían perder los candidatos a presidentes pero no el candidato a gobernador. Cuando decían que Lucía no ganaría por que “no la dejaría llegar el gobernador. Lo repitieron sin recato.

Sólo en una mística idólatra, desentendida de la realidad social, es concebible que hayan supuesto que el gobernador tomaría de la mano a cada elector y lo hiciese cruzar el cuadro de su elección; en Chihuahua vota sí, en Juárez asá, en Parral de ésta forma, en Delicias de la otra. Más respeto por la gente.

La realidad del PRI, en estos momentos, es la de un partido damnificado por el voto de la irritación social, víctima de su arrogancia, esclavo de su tradición basada en la simulación y alimentada en adular al poderoso.

Habrá tiempo para desdoblar las cifras de Juárez, abundar en las de Chihuahua y jugar con los datos de los diputados. Estos últimos son otros de pena ajena. Por ejemplo Jorge Arizpe no alcanzó ni los diez mil votos, demostrando que la CTM es un oquedad por derrumbarse y él –Arizpe- carece del mínimo liderazgo; o el patético caso del ingrato Barousse –responsabiliza a Duarte de la derrota, puede que el gobernador tenga la mayor responsabilidad, la irritación va con cargo a su gobierno y su conducta, pero Barrousse le debe todo a Duarte, recriminarle en público sólo describe su vileza- perdió en un distrito donde los priistas decían que ganaban hasta con el Burro Chon.

El PRI ya perdió, levantarse no será fácil, en adelante tendremos cinco años de un gobierno corralista, subrayo, corralista, no panista. No estoy de acuerdo con los que dicen que Corral es de los que prende las direccionales a la izquierda, cuando su vuelta es a la derecha. Corral es Javier Corral, no de izquierda o derecha, ni de centro, es Javier Corral.

Además, aprendió de los errores de su partido, lo demostró en campaña, hace doce años basó su discurso en teorizar sobre el Estado y la democracia; hoy en algo tan practico como el ofrecimiento de cárcel para Duarte. Es difícil que regrese el poder en los próximos cinco años, como Francisco Barrio en el 98, menos con un PRI indispuesto a una sincera autocritica.

No suelo decir “esta historia continuará”, me da weba dejar pendientes. En tiempos de turbulencia la información es tan dinámica que cambia día con día, minuto con minuto. Sin embargo, puesto que me excedí en el espacio, dejaré el otro la otra visión, la visión del vencedor, para el otro próximo domingo.

Lavisiondeluisfroylan.com

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