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Opinion

Incubando el huevo de la Serpiente

| Viernes 24 Junio 2016 | 00:15 hrs

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Siembra odios y cosecha tempestades

Duarte y Corral continúan en campaña

Por Chihuahua, un espacio a la cordura

L
os excesos que marcaron el gobierno de Duarte, con Juan Gabriel amenizando fiestas públicas y privadas, convoy de guaruras sin respetar semáforos, del gobernador y muchos de sus funcionarios, vinos de cincuenta mil, aviones en flotilla, negocios en servicios y obra pública, propiedades, desarrollos inmobiliarios en el otro extremo del país, negocios multimillonarios de empresarios laguneros, Galván y sus fiestas de jeque árabe, adosado con el desastre del Vivebús y el abuso de las fotomultas, fueron detonantes de la irritación social, progresivamente acumulada, de los chihuahuenses contra César Duarte.

Al desglose anterior de agravios reste el 95 por ciento, o agregue el cien, como cada quien en su fuero interno decida verlo, todos hechos polémicos generan visiones encontradas. Pero en ello subyace una realidad: la percepción ciudadana, los chihuahuenses de vida ordinaria, los califica de ciertos y en política la percepción es lo que cuenta. Para efectos ciudadanos cada rumor contra Duarte es una verdad de a kilo… y más.

Recuerde el episodio entre Javier Corral y César Duarte en el Senado de la República, cuando Javier increpó al gobernador por el tema del banco y Duarte respondió, él personalmente, con el asunto bochornoso de los hermanos. Desde ahí el desencuentro entre ambos adquirió matices personales, incubando la violencia. El viejo dicho: “siembra odio y cosecha tempestades”.

Antes de la designación de candidatos, Duarte intentó por cuanto medio tuvo a su alcance, evitar que Corral fuese candidato del PAN. Primero impulsando a Jaime Beltrán del Río, su pelele en ese partido, después a Juan Blanco, sin estar entregado a sus intereses, le resultaba menos incómodo que el histriónico senador.

Cuando Corral amarra la candidatura, su primer declaración fue que metería a César Duarte a la cárcel, denunciando a la vez profusamente hechos de corrupción. Sobre esa línea diseñó su discurso de campaña, un machacar recurrente contra el gobernador.

La respuesta de Duarte, ahora moviendo a sus operadores, fue otra vez contra los hermanos del candidato panista. Desataron una ofensiva feroz ordenada por el propio gobernador, desplazando del escenario incluso al candidato Serrano, que en esta campaña transitó como simple espectador.

Ganada la elección, Javier hizo un paseíllo en medios para ratificar sus promesas de campaña. ¿Cuáles? Meter a Duarte a la cárcel y sanear de corruptos el Gobierno del Estado. En lugar de contenerse y asumir una conducta de buen ganador, machacó sobre la herida, siendo que pronto tendría las instituciones a su disposición, para cumplir su promesa de campaña.

En lugar de felicitar a los chihuahuenses por la jornada cívica, de participación y desprovista de incidentes violentos, el discurso de siempre, Duarte se refugia en la ciudad de México. En el inter Corral aborta un periodo extraordinario para que el Congreso autorizara mecanismo de financiamiento por seis mil millones de pesos.

Otra vez la seguidilla, como si estuviese en campaña, no permitir más deuda para pagar gastos sospechosos y alimentar la corrupción, el bla, bla, de toda la campaña.

En esas pasa una semana sin que Duarte reconozca el triunfo de Corral y en lugar de facilitar la transición, a través del PRI promueve una impugnación, cerrando los ojos a la derrota apabullante. Nunca se tragó el sapo que los chihuahuenses dejaron sobre su mesa, el domingo cinco de junio.

Así llegó Chihuahua al episodio violento del miércoles, con los dos personajes de la política doméstica más encumbrados, alimentando un odio personal mutuamente.

Las cosas por su nombre: en los hechos de Palacio hay responsables materiales, los agitadores profesionales traídos de Oaxaca y otros estados con propósitos exclusivamente subversivos; responsables intelectuales, los convocantes a “tomar palacio” tienen nombre y apellido, su presencia está documentada en fotos, audios y videos, previo –cuando hicieron la convocatoria- y durante el episodio violento. Que la autoridad actúe en consecuencia, con todos los argumentos legales que el caso amerita.

Pero hay dos personajes empeñados en destruirse mutuamente, siendo que tienen la mayor responsabilidad, en estos momentos, de hacer una transición sin consecuencias negativas para la entidad. Esos dos personajes son César Duarte y Javier Corral. Ellos llevan parte activa en los desmanes, sus posiciones de choque alientan un estado anárquico.

En vez de replegarse, viendo las consecuencias de su desencuentro, y asumir una actitud madura, serena, moderada, los señores gobernadores –son en este momentos dos, uno en funciones y otro electo- se enfrascaron al otro día del vandalismo en un debate público, transmitido en las principales cadenas de radio, acusándose uno al otro de ser los responsables del caos generado frente a Palacio.

Están documentados los audios, para quien desee escucharlos, con Luis Cárdenas, de MVS Noticias. Primero entrevistaron a Corral, se deslinda de los convocantes a la “Toma” y responsabiliza al gobierno de infiltrar subversivos, como es “su costumbre”; luego Duarte descarga contra Corral, en quien deja la responsabilidad, insinuando que “no pudo ser él, pero sus principales colaboradores estaban ahí”.

¿Hacia donde camina Chihuahua con un gobernador en funciones dispuesto a entregar la administración condicionada; y un gobernador electo incapaz de percatarse que ahora la responsabilidad de conducir al estado pesa sobre sus hombros?

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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