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Opinion

Expresiones de una transición convulsa

| Martes 05 Julio 2016 | 00:44 hrs

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Cuando la parálisis los alcaaaaannnzó

Aeroméxico, irresponsabilidad en vuelo

Memo Dowell con ánimos de rijosidad

E
n diciembre del 87 Fernando Baeza apenas se acomodaba en la silla de gobernador, cuando entró en conflicto directo con la CTM y su pulpo camionero. Prestaban un servicio pésimo, pero exigían con todo vigor un aumento a la tarifa. El gobierno condicionó el incremento a que mejoraran las unidades, cosa que no sucedió.

Envalentonada, la mafia de entonces dominada por los hermanos Ordaz, sitiaron con camiones Palacio de Gobierno. La respuesta de Baeza fue contundente: “o se retiran a sus rutas o va la requisa”.

Ni Zapata ni Ordaz dieron por buena la advertencia, sin embargo antes de la media noche los antimotines toletearon a los insurrectos choferes, les quitaron los camiones y al otros día ellos mismos, los policías, hicieron las rutas, materializando el acto de requisa anunciado la medianoche del día anterior.

Desde entonces y hasta la fecha Baeza y Zapata están quebrados, pero la CTM jamás amenazó otra vez al gobierno. Al contrario, para que les regresasen los camiones se comprometieron a comprar nuevas unidades, mismos que no deberían tener más de diez años de antigüedad.

En circunstancias como las que vive la ciudad desde el viernes pasado, acciones enérgicas y determinadas como las de Baeza en aquel invierno del 87, no son únicamente necesarias, sino obligadas.

La gente no puede sufrir las consecuencias de un sistema basado en el chantaje, alimentado en la corrupción y tolerado por las autoridades del transporte. Sin embargo hasta la fecha es la única perjudicada, además de la actividad comercial, semiparalizada.

Donde aprietan no chorrea, reza un viejo dicho ranchero. Es claro que el gobierno no aprieta ni con guantes de esponja a la mafia encabezada por Lozoya, de otro modo no se hubiesen atrevido a tanto, por más deudas que hayan acumulado tras el fracaso del nuevo sistema de transporte.

Esa inacción se explica por la falta de gobernabilidad en esta transición convulsa, con un gobierno que rehuye sus responsabilidades hacia la gente y uno –el entrante- que ni por enterado se da, mientras su partido insiste en fustigar a los actuales, como si la campaña no hubiese terminado.

El caos es muy riesgoso para cualquier sociedad, suma de consecutivas políticas desacertadas, en las que –invariablemente- la cuerda se rompe por lo más delgado. En el paro del transporte se manifiesta la primera expresión de que la parálisis financiera ya llegó. La mafia quiere dinero para operar, pero no hay centavos en caja, ni para nómina, lo ha dicho por lo bajo el mismo secretario de Hacienda, Jaime Herrera.

La crisis del transporte es un signo manifiesto de ingobernabilidad que podría resolverse relativamente fácil, pero si los barones del mal aprovechan la debilidad del momento, Chihuahua vivirá nuevas jornadas violentas, con las consecuencias por todos conocidas.

Después llegarían los problemas económicos, laborales y la falta de empleo, nefasta cadena vivida en años muy recientes. Definitivamente es necesario poner un alto al vacío de poder, en el caos nadie gana e intentar gobernar sobre las cenizas –para los que pronto llegarán- nunca ha sido aconsejable.

Y como espantoso añadido del caos del Vivebús, ayer lunes Aeroméxico canceló varios vuelos de la mañana al Distrito Federal. Pasma la irresponsabilidad de la empresa aérea, en la que por cierto el paisano Chacho Barraza sigue siendo socio importante. Imaginará usted la desesperación de las personas que perdieron sus citas y compromisos en la ciudad de México o sus conexiones, en los casos de quienes volaban a otros destinos.

Dado que su ineficiencia hizo perder a los usuarios sus compromisos, que para cada uno de ellos son de importancia especial, por lo mismo están viajando, al menos deberían tener la atención de hacer un reembolso a los afectados.

No son baratos los boletos como para estar alimentando ineficiencias y encima se resistan a pagar por los boletos desaprovechados, ya no se diga los daños causados, en el caso de las personas que viajaban por asuntos de negocios. Cada vez peor esta aerolínea, pero como todo en México, nadie la obliga a cumplir sus compromisos.

Frente a un escenario de caos, esperar la intervención del Gobierno Federal es un sueño de ingenuos. En la Secretaría de Gobernación y no se diga en Los Pinos, luchan sus propias batallas con los guerrilleros aprendices de terroristas en Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Con los subversivos del sur tienen suficiente. Como a lo largo de su historia, Chihuahua queda solo y sin posibilidades de auxilio. Nunca como ahora se aplica la máxima del Chapulín Colorado: Oh ¿y ahora quién podrá ayudarnos?

Pedro Ignacio Domínguez apremiando al gobernador Duarte para que actúe contra la mafia del transporte. Denunció en su muro de Facebook un “vacío de poder e inacción” e insistió en que “la sociedad está enojada por diversas causas, muchas de ellas plenamente justificadas”.

Una severa crítica hace el candidato perdedor al gobernador, puede tener razón, pero se ve falso, oportunista y desleal en extremo. Hace sólo dos meses, decía que Duarte era el mejor gobernador del mundo. ¿En verdad piensa Pedro que la gente es taruga u olvidadiza? La subestima, su nombre está entre los que arrastró el tsunami, imposible desmarcarse.

En la última línea de contención en defensa del gobierno, Memo Doewll adoptó por instinto una conducta rijosa. Sólo por no dejar y como si el ambiente estuviese tranquilo, dispara contra Víctor Quintana por su inclusión en la lista de los representantes corralistas para la transición, recordando el episodio violento frente a Palacio, hace tres semanas.

Lo traiciona su naturaleza juarense; resígnense, mientras más se muevan más les dolerá entregar Palacio. La elección quedó atrás y la impugnación no promete gran cosa.

Polo Canizalez y el Güero Martínez disfrutan más que nadie su incorporación en el equipo de transición de Armando Cabada, en la alcaldía de ciudad Juárez. Ambos dedicaron la victoria del independiente a Teto Murguía, su antiguo jefe político y administrativo, quien en la soberbia de su poder los ninguneó, tratándolos con la punta del pie e incluso deslizó versiones de que eran corruptos y mal agradecidos, siendo que ambos le sirvieron con eficiencia y lealtad. La venganza es un plato que se come frío, una vez de regreso a la administración, buscarán las perlitas que inculpen a su antiguo jefe y saben dónde buscar. Hay nanita, las de vuelta apenas inician.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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