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Opinion

Iconos de la corrupción

Luis Froylán Castañeda | Domingo 28 Agosto 2016 | 01:01 hrs

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La Política da Weba

Peña intenta limpiarse con los gobernadores

El primero que proceso correctamente la derrota del PRI, en las pasadas elecciones de junio cinco, fue Manlio Fabio Beltrones. Supo que su partido entraba en una crisis electoral de la cual no se recuperaría con facilidad para la elección general del 2018, de modo que renunció a la presidencia del partido, sin cargar la responsabilidad del fracaso.

En su discurso de renuncia hizo un reproche directo al presidente Peña y amonestó con severidad a los gobernadores derrotados, esbozando por vez primera que la corrupción era una de las causas más acreditadas del desastre electoral sufrido por su partido.

Su posicionamiento, ampliamente conocido y comentado por la clase política, lo puso en calidad de héroe a los ojos del priismo tradicional. En silencio unos, abiertos otros, aplaudieron el reclamo del experimentado político al presidente, actitud inadmisible en la ortodoxia de un partido vertical, cuyo jefe político es el titular del Ejecutivo en turno.

Como los asuntos de palacio caminan despacio, Peña tardó en asimilar lo sucedido ese cinco de junio, a pesar de que Beltrones se lo puso en blanco y negro. Cuando reaccionó volteó hacia la segunda variable en la ecuación de la derrota formulada por el sonorense; los gobernadores.

Ponerse a sí mismo como factor del desastre es impensable, sin embargo en el fondo aceptó la parte que le correspondía e intentó limpiar su nombre con el “mea culpa” público, un hecho sin antecedente en la historia del país. Que un presidente pida disculpas, aunque sea por la negativa percepción de sus actos, como lo describió, no tiene antecedente.

Peña lo hizo y además de tragarse el sapo sin hacer gestos, lo sazonó con la entrega de la llamada casa blanca, causa de su escándalo personal. Imagine lo que debió costar al presidente esa acción, los reclamos privados de su esposa, Angélica Rivera, diciéndole que de nada le sirve ser presidente, si no puede tan sólo conservar sus propiedades. Si la señora Rivera no expresó sus frustraciones de frente a su poderoso esposo, asegure lo pensó, perder su casa debió dolerle en el alma.

Con todo Peña sostuvo el plan de salvar su presidencia, así que una vez purificado de sus pecados, volteó hacia los gobernadores. En esas está hoy, ocupado en exhibir la corrupción en los estados, en claro esfuerzo por dar un golpe certero que permita a su partido recuperar credibilidad perdida por los desaciertos de su gobierno.

Verse con márgenes famélicos de aceptación, algunos estudios lo ubican en menos del tres por ciento, sin credibilidad social ni tiempo para recuperarse con acciones de gobierno, está obligado a entregar ofrendas generosas al exigente dios de la opinión pública.

Eligieron a Javier y César Duarte, Roberto Borge y Rodrigo Medina. Los cuatro están en proceso de expulsión del PRI, exhibidos como iconos nacionales de la corrupción y sujetos –al menos los tres gobernadores- a investigación del SAT, instrumento infalible de castigo contra hombres del poder.

La intención de Peña es obvia: expulsarlos del partido y someterlos a proceso judicial para descargar todas las culpas de su gobierno sobre ellos. La acción puede describirse como una especie de si, son corruptos, pero nosotros los expulsamos del partido y están sometidos a proceso, en cambio ustedes, los de la oposición que nos critican encubren a los suyos. Con las referencias de Padrés y Margarita Arellanes, Graco con sus líos en el narco y cuanto logren meter al costal de la corrupción, tratando de aligerar su peso.

Intenta desactivar la critica de la oposición, sacrificando a parte de los suyos, para que sus actos de corrupción pesen lo menos posible en la elección del 2018. Ahora es su pellejo, no el de los gobernadores. Se ve vulnerable en calidad de “ex”, si López Obrador capitaliza el descontento general para hacer buena la tercera incursión por la presidencia.

Sabe que está en juego su pellejo, la creciente posibilidad de López Obrador es un temor que los hace moverse contra su propio instinto de proteger a los suyos. Con ese propósito están orientadas todas las acciones de los resortes sensibles a la reacción de la oficina presidencial.

En la entrevista exclusiva que ofreció a El Universal, Enrique Ochoa, presidente del PRI, puede encontrarse ese propósito: “El tema –de la corrupción- debe comenzar por casa y por eso es que ya se revisan los casos de los gobernadores de Chihuahua, César Duarte, de Veracruz, Javier Duarte, Quintana Roo, Roberto Borges, y el exmandatario de Nuevo León, Rodrigo Medina, además de acusaciones contra otros priistas que son señalados de traidores por haber apoyado a un partido distinto al tricolor en las elecciones del cinco de junio… para evitar burocratismos le pedí a la Comisión de Justicia Partidaria que atraiga los casos que han sido señalados para que los resuelva”.

Lo dice el presidente del PRI, no se trata de la declaración formulada por un enemigo personal de los implicados o funcionario de quinta. Se trata de quién, en asuntos partidistas, lleva la voz del presidente de México. No guarda formas, ni muestra sutilizas, los cita por su nombre y apellido calificándolos de corruptos sin que hayan pasado por un proceso judicial que acredite esos dichos.

Además tiene prisa en soltarlos a los leones, pues expresamente refiere que promueve una expulsión rápida, “fast track”. Es decir los sacaran a la brevedad del partido a efecto de cubrirlos de mierda.

Ya empezaron, la entrevista de César Duarte con Carlos Loret es una muestra de que lo han puesto en el circuito de los medios proclives al poder. Televisa no reacciona contra un gobernador, de la forma ofensiva como hizo con Duarte, sin que medie orden de Los Pinos, o haya una motivación personal de los directivos de la poderosa televisora. Que se sepa Duarte no tiene pleito con Azcárraga.

La otra es la declaración de Aristóteles Núñez, titular del SAT, en una estación de radio que obedece a los mismos intereses que Televisa: “abrimos una investigación contra Javier Duarte y otros cuatro gobernadores –sin dar nombres- que concluiremos antes de que terminen sus mandatos”. El conductor infirió de inmediato dos de los cuatro nombres no citados, metiendo –también si mencionar sus nombres- a César Duarte y Roberto Borge.

Los burócratas de Hacienda suelen ser los funcionarios más discretos, que Núñez haya hecho esa declaración, sin motivo aparente, es otro elemento inequívoco de que los tres gobernadores están fuera del la burbuja de impunidad que protege a los hombres del poder. Los abandonaron y van por ellos.

No obstante, ni con una campaña de desprestigio tan severa como a la que han sido expuestos los mandatarios, me parece que los tres vayan a prisión. Puede que los castiguen sólo de palabra, que los envíen al armario de los desechos políticos, pero uno o dos libren la temida cárcel.

Supongo que en estos momentos los verdugos de Peña intentan resolver sobre cual de los tres cargarán hasta el fondo, mandarlo a prisión. Tienen que hacerlo, alentar esa campaña de desprestigio para concluir que no hay nada que investigar y todo fue una mera distracción es insuficiente para los propósitos revindicadores de su gobierno.

Es muy duro para ellos, seis años son suficientes para que se acostumbren a ejercer el poder sin restricciones en sus estados. César Duarte lo hizo a plenitud desde el momento mismo en que protestó el cargo, desmarcándose de Reyes con aquella frase de “el poder es para poder”.

No sólo se desmarcó de su antecesor, cuentan que Javier Corral recibió información conversaciones entre Duarte y Calderón, donde el gobernador pretendía inculpar a Reyes en asuntos del crimen, con evidente intención de que lo sometieran a juicio.

Su deseo contra Reyes no prosperó, sí el ejercicio unipersonal del poder en la entidad, al grado de imponer candidato a gobernador en su partido, el PRD y en Movimiento Ciudadano.

Ejerció sin restricciones ni contrapesos. Decía Artemio Iglesia que la política todo da, pero también todo cobra. Alto el precio que paga a César Duarte.

Lavisiondeluisfroylan.com

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