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Opinion

Frente al caos del transporte, el silencio

| Miércoles 19 Octubre 2016 | 00:17 hrs

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Zapata montado sobre Javier Corral

¿De qué está hecha Rosy Hernández?

Indefinición de Peniche; la violencia crece

 H
ay que vivirlo, ver caminar a estudiantes, trabajadores, amas de casa, madres con sus hijos en brazos, ancianos de motricidad limitada para percatarse del gravísimo problema social, un atentado a los derechos humanos de los más necesitados, de las personas cuya única opción de movilidad urbana es el transporte público.

Los automovilistas se quejan, con justicia, del caos vehicular, filas interminables en las principales avenidas de acceso al Centro, parálisis desesperante que desquicia la paciencia de cualquiera. En la Cantera el embotellamiento llegó hasta el periférico de la Juventud y cruzar la ciudad de norte a sur implicaba un esfuerzo mayúsculo.

Sí, la de los automovilistas es una molestia inadmisible en una ciudad que aspira a la modernidad, pero la gente de a pié, miles de chihuahuenses de los más pobres sufriendo durante horas bajo el sol de 32 grados o medio refugiados en cualquier sombra temporal, es inhumano.

Lastiman a la clase social más indefensa, a los que se resignan con el “será por Dios” mientras arrastran los pies con la esperanza de llegar a su destino y de reojo voltean de reojo hacia atrás, esperanzados en que pase un camión a recogerlos.

A ellos, a los ciudadanos perjudicados, víctimas directas e indefensas del caos, al gobernador Javier Corral no le merecieron una palabra, una señal de aliento o solidaria que los consolase. Nada, se refugió tras los muros de Palacio y guardó silencio, tirado a la indolencia. Indignante, esa gente merece una explicación de su gobernador.

Tácticamente es un error permitir que una pandilla de truhanes encabezados por Jorge Doroteo Zapata, cetemista de las viejas prácticas, secuestre a los chihuahuenses enviando a peones sacrificables, como el impresentable “Colorado”, a tomar con diez camiones y treinta choferes chantajistas el primer cuadro de la ciudad.

Un viejo líder de transporte opinó, en privado, que bastaban dos grúas y cuatro policías para retirarlos. “No necesitan ni que los amenacen, en cuanto les pregunten por el responsable del bloqueo, uno a uno se hacen los desaparecidos”, dijo lamentando la titubeante mano del gobernador.

Pensar en que los inconformes obran por cuenta propia sería ingenuo, obedecen sin sombra de duda a las órdenes de Javier, “Güero” Lozoya, lugarteniente de Zapata. Esa indisoluble asociación de complicidades permite inferir que ayer Zapata se montó sobre Corral. Para bajarlo del lomo será necesario una enérgica sacudida.

De los últimos gobernadores el único que enfrentó al engreído líder cetemista, sin que le temblasen las corvas, fue Fernando Baeza. Al inicio de su gobierno bloquearon con cientos de camiones el Centro, en respuesta al desafío el entonces gobernador respondió con la requisa y el destierro de los hermanos Ordaz, en su tiempo representantes de Zapata en el llamado pulpo camionero.

La pandilla de hoy pretende quedarse con las rutas más rentables, mejor dicho conservarlas, pues ilegalmente cobran ocho pesos y pasan las chatarras por rutas trazadas a su gusto. Regresaron a la morralla que tan sólo a la familia Lozoya le representa un ingreso promedio diario de 1.5 millones de pesos, aseguran en el gremio.

Se conducen cual transportistas independientes e intentar dejar que gobierno haga lo que le venga en gana con la ruta troncal, pues es la que tiene las deudas. Su lógica es que Corral resuelva el tiradero financiero mientras ellos levantan la morralla de la gente, objetivo final del boicot contra el nuevo sistema de transporte que enderezaron desde sus inicios.

Hasta dónde llega el cinismo, Lozoya y sus amafiados reventaron el modelo de recaudo, sin embargo ahora pretenden pasar por salvadores, ofreciéndose así mismos como la gran solución.

Sí, en este querido Chihuahua suceden tales absurdos sin que haya consecuencias. Corral titubeó a la primera provocación, una segunda sería devastadora para su credibilidad, necesita reponerse y someterlos. Causan mucho daño a Chihuahua y lastiman demasiado a la gente más pobre para seguir tolerándolos.

En el tormentoso inicio de gobierno otro frente despunta amenazante: los maestros de la sección octava. Gobiernos anteriores han permitido que los dirigentes sindicales tomen como propia la oficina administrativa que los regula, Servicios Educativos del Estado de Chihuahua.

Es una concesión política que Javier Corral no tiene por qué otorgarles, los maestros están al servicio del Partido Verde e indirectamente del PRI. ¿Por qué un gobierno del PAN filo izquierdista respetaría privilegios anteriores? No hay razón.

Sin embargo una es retirarlos de las áreas administrativas y otra provocarlos poniendo en esos cargos a maestros que históricamente han sido la corriente disidente, simpatizantes de la CNTE, pilares del movimiento Resssite y entusiastas promotores de López Obrador.

Cierto, Corral tiene la prerrogativa de otorgar los nombramientos, es una facultad que llega con el cargo. El riesgo está en que, como en otras áreas, optó por congraciarse con López Obrador, pues la suya no es una convicción ordinaria de izquierda, sino compromiso con el ala más radical representada por el tabasqueño.

Puestos en la raya, cartucheras al cañón y a enfrentar las consecuencias. Hasta ahora los maestros de la Octava han sido más palabras que acciones, de continuar la confrontación, parece que así será, ya se verá de qué está hecha Rosy Hernández, lideresa de los maestros federales. Otro fierro sobre la lumbre con cargo a sus filias lopistas.

César Peniche declaró ayer que las muertes son herencia del gobierno anterior. Es un modo de explicar el incremento de la violencia, respetable. Sucede no obstante que mientras la inseguridad se apodera del estado, con ajusticiamientos callejeros y confrontaciones a gran escala, el señor fiscal no ha tenido la diligencia de nombrar fiscales de zona ni jefe de Policía.

Si recibió esa herencia de muerte, tome al menos las providencias necesarias para contenerla antes de que la crisis se desborde, de brazos cruzados nada logrará. Quince días sin fiscales es una eternidad en tan delicada dependencia.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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