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Opinion

Cinco calaveras muy forzadas

| Miércoles 02 Noviembre 2016 | 00:06 hrs

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Teto, el que murió dos veces

Serrano, díganle que ya murió

Duarte, de sueños a pesadillas

 
Sin ningún maleficio u oscuros augurios contra nadie, simplemente una broma de mal gusto por el día de muertos, o si las quiere tomar por calaveras allá usted, cada quién es libre de hacer su interpretación, va una lista de políticos muertos y las causas de su deceso.

De los vivos hay que hablar fuera de broma, son los que ahora gobiernan, obliga la seriedad

Esos políticos en estricto sentido deberían compararse con los zombis, dado que más bien son muertos en vida, víctimas de las adulaciones que matan de a poco o la ausencia de hueso que los consume por dentro pero los mantienen vivos. No se dan por enterados, alguien debería hacerles la caridad de avisarles que no existen, se acabaron, están fuera.

Sin embarg,o los zombis son una tradición haitiana, en México la gente celebra el día de los muertos, las calaveras, o sea el cráneo de los que se fueron por adelantado, estiraron la pata, colgaron los tenis, están tres metros bajo tierra, se los llevó la parca, visitan a San Pedro o juegan con la cola del diablo, mordieron el polvo, están más fríos que una témpano, se despidieron sin avisar, duermen con los pescaditos –muy padrinesco- dijeron adiós sin avisar, están en brazos de la tilaca, acompañan a la huesuda, se los llevó la catrina, pasaron a mejor vida, se petatearon, pelaron gallo…

El día de mañana quizás varios de los aludidos digan, retadores, los muertos que “ayer matais, hoy gozan de cabal salud”. Es una posibilidad, nadie muere la víspera, ratificando que algunos se salvarán del rayo, más nunca se pasan de la raya. O como dice la picaresca política del PRI, por cierto otro difunto insepulto, “el que suspira aspira”, explicando que “en política no hay muertos”.

Puede que en política no haya muertos, en cambo Juárez está saturado, unos son por los sicarios que los traen acorralados otros por el pesar que los merma. No caben en los panteones, así que usted puede verlos deambulando por calles, cafés y merenderos de parroquia, los domingos de misa, pues aunque usted lo ponga en duda, arrastrando su alma y todo suponen que van a misa, sin saber que las campanas que escuchan es el tintileo de las llaves de San Pedro.

Sin pretender que pasen por calaveras, van algunos de los muertos más frescos, los que dejó el tsunami del hartazgo y la corrupción, el deseo de castigo al poderoso insolente.

Enrique Serrano, muerto con cara de piedra, vacío e inexpresivo, parece que no se baña. Si hoy le toman una foto y usted la observa de cerca, vería que es igualita a las que usó en la campaña.

Entonces como es ahora, no asusta ni haciendo uuuuuuuh, nadie sabe que está muerto, piensan que sigue durmiendo. Lo ven pasar y se burlan, no la muelan, no hay que ser avísenle de favor que murió al amanecer.

Le sigue Teto Murguía, al que mataron dos veces. Lo mató primero Duarte, después estiró la pata por su falta de pericia, pues como le dijo Cabada, no aprende maromas nuevas y de esa nadie lo saca.

Hoy camina por las calles, sin saber a dónde va, consolado como está, mientras cuenta sus caudales.

Jorge González Nicolás y Rocha amanecieron sonriendo, mirándose muy felices. Inocente par de ingenuos, no ven más que sus narices. Más muertos que Teto están, como inmunes al tsunami ignorantes de la oleada que les reserva Corral.

Jubilosos y aliviados, pañuelos a mano alzada, disfrútenla bien tramposos, llegaron al día de muertos sin ver su pata estirada y aunque nadie se los diga, ellos deberían saberlo que les faltan los buñuelos.

El difunto mayor está en Balleza, herido de un tiro al ego, confundido y sin saber; víctima de la ambición, arrogante del poder, las razones de su muerte.

Me fijo más no lo veo, pero advierto que las mueve, cual fantasmas medievales, a las calacas de Juárez, es sin duda César Duarte, el que cantaba de niño “ora cabrones como me apeo”.

No se percata del daño, el abuso sin medida y pretende engatusar a la gente que le mira.

Así, haciendo que nada pasa, dando por algo normal desalojos, malquerencias, amenazas y mentiras, robándose las herencias.

Soñó con ser senador, más aún presidente del Senado, claro está, despachos secretariales: jefe de Gobernación, líder del PRI nacional, titular de Educación, el mandamás de Sagarpa, Comisionado del mal…

Muchos y dulces los sueños antes de las pesadillas, el tormento de saberse abatido y ululando entre nuevos expedientes, de asuntos ministeriales.

La mitiga con los ranchos, vacas y departamentos, pero no por anunciada su muerte le duele menos. Hoy lo encuentra en el Saucito, quieto sereno y en paz, diciendo mugres malditos, les doy todo y quieren más.

No hay peor muerto que el difunto cuyo corazón palpita y se ve lleno de vida, creyendo no ha llegado su momento de partida.

Son la legión de priistas -¿En serio hay que decir eso?- que pelean por el partido, ignorantes e ignorados de la gente, mendigantes de poder, adoradores del hueso.

En ellos la parca encuentra, trabajo pa' todo el año, que se los lleve temprano, antes que causen más daño.

Y si por error regresan, agarrados de las manos, que vuelvan despacio y fríos, no sea y que en día de difuntos se alojen en el Palacio y volvamos a empezar.

Con perdón y respeto para los que hacen calaveras, ahí queda el ensayo de GPS. De alguna manera hay que contribuir a las tradiciones mexicanas… y sobre todo cumplir con la entrega de muertos.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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