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Opinion

* Asesinato de periodista, Fiscalía confundida

| Lunes 12 Diciembre 2016 | 00:04 hrs

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* Marco, entre Morena, independiente y el PRI

* Duarte se esconde; el círculo está por cerrar

A
l margen de las expresiones de condolencias y los “lamentamos” de las autoridades estatales, la Fiscalía debe enderezar una sólida y eficiente investigación, de modo que el asesinato del periodista Jesús Adrián Rodríguez quede resuelto.

Como en toda investigación, las primeras cuarenta y ocho horas son cruciales, hoy se cumplen a las 07:30 de la mañana, tiempo para que César Peniche y Carlos Mario Jiménez presenten un primer corte informativo que genere tranquilidad en el gremio.

Ninguna muerte vale más que otra y el sexenio de Corral empezó con los asesinatos disparados, pero no hay un solo caso que la Fiscalía haya resuelto. Sería inadmisible que la muerte de Rodríguez pase a formar parte de esas estadísticas de impunidad que caracterizan a la justicia chihuahuense.

El gobernador Corral prometió que no quedaría impune, la Fiscalía habla de varias líneas de investigación, la condena fue general, como siempre que suceden estos homicidios violentos, pero no es válido apostar al tiempo a efecto de que se desvanezca la información y el crimen sea olvidado.

Ahora es cuando Carlos Mario, Fiscal de la Zona Centro, responsable de la investigación, debe mostrar su capacidad y profesionalismo, no vayan a salir el día de mañana con que dejarán el caso pendiente o a medias, pues también se trataba de una muerte heredada. Aplíquense y muestren resultados, señores de la fiscalía.

Hace tiempo que Marco Adán Quezada, Heliodoro Araiza, Eloy García, Teporaca Romero y otros priistas opositores al régimen de corrupción y excesos de César Duarte, rumiaban la forma de anunciar su corriente crítica, a la que llamaron “Renovadora”.

El sábado se pararon frente a los medios y ayer publicaron un desplegado en el que hacen una valoración de su derrota: “El mensaje de las urnas del cinco de junio nos obliga a una profunda reflexión y autocrítica, los chihuahuenses expresaron con claridad lo que ya no querían: corrupción, autoritarismo, banalidad, opacidad, falta de sensibilidad para entender y atender las necesidades básicas de la sociedad”.

Llama la atención que estos priistas, de los muy contados en su partido que condenaron los excesos y abusos de César Duarte, asuman con estoicismo político las consecuencias de los desenfrenos atribuibles a su enemigo interno.

Si esa postura la asumiese el PRI como partido, tendría una mínima oportunidad de recuperar terreno en las elecciones del 2018, pero con la autocomplaciente justificación de tamaña corrupción, lo único que hace es empinar más a su partido.

Por eso son refrescantes esas voces disonantes, aunque lo más seguro es que la dirigencia nacional intente contenerlos o desautorizarlos, en México no se han percatado de que el PRI está en su peor crisis de credibilidad e intentan resolver los asuntos internos a la vieja usanza del partido hegemónico que todo lo podía. Su ejercicio los deja entre la independencia, Morena o los “nanos” y el PRI.

El miércoles sesionará el Consejo Político Nacional del PRI y entre algunas de las acciones que aprobarán –ayer las anunciaba Enrique Ochoa-, son diversas medidas para blindar a sus candidatos de relaciones con el crimen y garantizar que no hayan recibido dinero ilícito. De esa manera pretenden conjurar los señalamientos de corrupción de que su partido es objeto.

Dan pena, para recuperar un mínimo de credibilidad necesitan actuar sobre sus gobernantes acusados públicamente de corruptos. Actuar, más que hablar, es lo que espera la gente.

Por ejemplo, se conformaron con ofrecer una recompensa de 15 millones por información que ayude a localizar a Javier Duarte y Tomás Yarrinton, de Tamaulipas, al que dejaron libre durante doce años, siendo ampliamente conocida su asociación con los señores de la droga en la región. Qué decir de César Duarte, Borges, Medina y otros menos expuestos que ni siquiera se han atrevido a expulsarlos del partido. No, la corrupción no se condena, se combate.

En el caso de César Duarte algo alteró su tranquilidad ¿Qué fue? Imposible saberlo, las decisiones sobre a quién protegen o castigan se toman al más alto nivel del gobierno y los poderes fácticos.

Da la impresión de que adelantaron su nombre en la lista de “justiciables”. Lo ignoraron durante meses y de pronto lo suben al circuito mediático que antecede a las acciones de justicia. No es casualidad.

El uno-dos de Televisa contra Carlos Hermosillo, primero, y luego cargando la mano al propio Duarte, anuncia futuras reacciones contra esos dos personajes que encarnaron la mayor historia de corrupción que haya vivido la entidad en las últimas décadas.

Por eso, dicen sus antiguos leales de Parral, el ex gobernador sigue fuera del país y cada vez es más difícil localizarlo, aun a sus más cercanos. Aquella actitud retadora de “daré la cara” en los últimos días quedó atrás.

Ahora muchos dicen que se esconde, pues sus antiguos protectores dejaron de contestarle el teléfono ¿Cierto? Todo se puede esperar, hasta hace muy poco Duarte se mostraba muy seguro, pero en cuanto su estrella cayó salió del país con el pretexto de atenderse médicamente.

Carlos Hermosillo piensa que el fuero lo protege, pero está equivocado:  en los primeros días del año que viene la presidencia de la Cámara iniciaría un juicio de procedencia para retirarle el fuero y someterlo a la justicia. Ninguno de sus compañeros moverá un dedo para defenderlo, es la ley del árbol caído, pues no aguanta el señalamiento más endeble de enriquecimiento inexplicable.

Pero no son los únicos. El primer círculo de Javier Corral habla de una lista larga de nombres a los que someterán a la justicia, entre los que se encuentran secretarios, directores, dirigentes de partido. Duarte no era el único, lo acompañó una pandilla cuyos nombres y apellidos saldrán en días próximos. Es lo que dicen los próximos al nuevo Tlatoani.

Diálogo frecuente entre parralenses que se amamantaron del gobierno anterior:

¿No has visto a César? ¿Cuál César? Pues César, César Duarte. No, yo no conozco a nadie con ese nombre. Claro, el hijo de Chano. Te digo que no lo conozco ¿Tú sí? Tampoco, pero me dijeron que fue gobernador. ¡Qué caray! apenas me voy dando cuenta de que alguien de Parral fue gobernador. Negarlo tres veces es lo primero, después vendrán las condenas.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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