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Opinion

Disociado de la realidad

| Viernes 06 Octubre 2017 | 00:43 hrs

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Violencia, indolente silencio

¿Y la obra pública? Ya viene

La doble obsesión de Corral

 P
redecible, histriónico, carente de contenido y disociado de la realidad, el balance del primer año de gobierno que Javier Corral presentó el miércoles a los chihuahuenses. Califica para ubicarlo entre los discursos insustanciales, ordinarios y por tanto demagógicos.

Entregó el mensaje de quien ve un mundo idealizado, sea por negación de la realidad o mitomanía. O el gobernador se engaña a sí mismo o su entorno próximo le hace ver una realidad distinta a la que observan la mayor parte de los chihuahuenses.

Felicitó a César Jáuregui por resolver el problema de transporte. ¡Para el señor gobernador está resuelto! Su diagnóstico al llamarlo “un monumento a la corrupción y la ineptitud” es parcialmente correcto, Duarte será corrupto pero no tarugo, contribuyó –junto a la misma mafia que hoy lo sigue regenteando- a destruir un proyecto con el fin de quedarse con el negocio. Por eso llegó hasta los peores absurdos.

No obstante está muy lejos de quedar solucionado: el sistema llamado Vivebus era un proyecto de primera y la “solución” que vende Jáuregui es permitir su desmantelamiento para restaurar el viejo y corrompido modelo, permitiendo la operación de carcachas sin vidrios y asientos deplorables que circulan sobre rutas diseñadas a interés de los caciques.

Dan vergüenza las carretas rodantes. ¡Pasó el tiempo promedio de espera de ocho a tres y medio minutos! No tiene la menor idea de lo que dice, informen correctamente al gobernador.

Su discurso también describe un estado mental de negación o autoengaño. Utilizó 20 líneas para hablar de Seguridad y Justicia, en las que califica de “honrosa labor” el trabajo del Fiscal Peniche y del jefe de policía, Aparicio. “Aunque a veces los medios no lo quieren reconocer”.

Está satisfecho porque el Programa de Fortalecimiento Policial “contempla acciones para la seguridad pública y la procuración de justicia, a través de la dignificación de la actividad, que policías, agentes y personal sustantivo desarrollan. Entre otras acciones, un programa de acceso a créditos para vivienda…” y el bla bla bla de cualquier político vende espejitos.

Ninguna sola mención a los ajusticiamientos diarios en calles citadinas, poblados y rancherías que durante su primer año han dejado alrededor de 1,900 muertos, según datos del Secretariado de Seguridad Pública.

Como si las matanzas diarias no existieran, para Corral lo importante está en los adjetivos de uso común para llenar cuadernillos de programas “innovadores” al inicio de cada administración. Despierte, entérese, el problema de la violencia lo tiene Chihuahua aquí y ahora, traducido en muertes diarias, hombres y mujeres de carne y hueso asesinados en racimo.

Vaya, ni el clásico “aceptamos que vivimos un momento difícil en materia de seguridad, pero tengan confianza en que muy pronto saldremos adelante”. Nada, menos ofrecer disculpas por las víctimas inocentes, como su amiga Miroslava. Ni una palabra del crimen, le pareció irrelevante mencionarlo.

Los añorantes de Duarte –así descalifica toda la crítica, como AMLO con la mafia- dicen que no hay obra pública y en ese apartado entrega un párrafo que les da la razón: “al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, la Ingeniero Norma Ramírez, ha logrado consolidar inversiones para la conservación de puentes, caminos y carreteras, que ya están en proceso de aplicación; ya sea por licitación o por administración, por un monto de 849’281,291” ¡Pasó un año! pero ya está en proceso de aplicación. Ojalá no pase otro.

Su parte favorita, el combate a la corrupción. Ahí está bien enfocado, sabe que la gente espera mucho de su administración y se desvive por cumplir. En ese renglón aplausos limitados, César Duarte hartó a los chihuahuenses con excesos, prepotencia y corrupción, permitiendo además que su entorno próximo hiciera lo mismo. Javier Garfio el punto disonante, no merece estar detenido por el delito que le imputan. Corral abusa de su poder manteniéndolo preso.

Por lo demás que todos los sospechosos de haber cometido delitos, detenidos o libres, paguen por sus tropelías. Es muy necesario ese castigo ejemplar que promete, tomaron al estado por negocio personal, como si fuera “Chihuahua de Duarte S.A”. Castíguenlos con toda la mano, sólo cuidando la correcta aplicación de las leyes.

La gente no votó por su discurso ni propuestas de campaña, lo hizo esperanzada en que metería a César Duarte a la cárcel. Hoy espera resultados y aunque importan los subalternos, quieren ver a Duarte detenido y por lo mismo están insatisfechos, pues mientras siga libre la justicia será negada a los chihuahuenses.

Pasado el primer año no pudo presentarlo ante tribunales, como sí lo hicieron sus colegas de Veracruz y Quintana Roo, cuyos casos son parecidos al de Chihuahua. Va rezagado con relación a ellos.

Le molesta que “algunos y algunas que resultaron beneficiados de este crimen –el de la corrupción- dicen que hay una obsesión con el Duartismo, vaya egolatría, nuestra obsesión es con la justicia”.

Debería ser menos sensible, durante toda la campaña y en los primeros seis meses de gobierno no habló de otra cosa más que de meter a la cárcel al “vulgar ladrón” y recriminar a la prensa corrupta. Todavía el miércoles centró su discurso en Duarte. ¿Por qué extrañarse que así lo vean obsesionado? Es normal, no habla de otra cosa.

Además existen tres casos en su gobierno que ponen en duda su “obsesión por la justicia”: El programa de cómputo comprado por Hacienda, 20 millones de pesos, a una empresa presumiblemente de la familia Madero. Nunca lo aclaró; las empresas de reciente creación de la hermana del síndico Miguel Riggs y su esposo, facturando millones al gobierno; y los escándalos de Ernesto Ávila, realizando compras sospechosas de medicamentos y el bono ilegal, públicamente aceptado. Sin contar el nepotismo descarado que existe en la mayoría de las áreas de gobierno.

En esa parte, en su mensaje faltó un “28 bis”, para hacer coincidir su balance con las advertencias sobre tentaciones de corrupción entre sus colaboradores: “A todo aquél que sea descubierto en mi gobierno en actos de corrupción, saqueo, robo hormiga, será conducido a la justicia sin protección especial, así sea mi colaborador más cercano, mi asesor principal o mi compañero de hace muchos años en el Partido”. En lugar de dar cumplimiento a esa promesa, personalmente justificó las acciones de Madero, Riggs y Ávila. Es incongruente.

Cerró con su otra obsesión, los medios: “la medida más costosa fue eliminar casi 800 millones de pesos en todas las dependencias de gobierno del Estado, de convenios con medios de comunicación a través de los cuales se compraba en muchos de los casos, el silencio frente a la corrupción, el halago impúdico al gobernador o se maquillaban u ocultaban los verdaderos datos y estadísticas en el tema de la inseguridad, los abusos de poder, y la impunidad”.

Con ese tema ha pretendido descalificar cualquier crítica mediática: “todos son unos corruptos, extorsionadores y vendidos con Duarte, por eso me atacan”. Su doble obsesión le impide conceder un mínimo de objetividad y compromiso con los públicos al trabajo periodístico. Cada quién se engaña como puede.

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