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Opinion

Nuevo campeón de la oposición

| Lunes 15 Enero 2018 | 00:16 hrs

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Gobernar desde la calle, riesgos

Inadmisible negligencia de Peña

PRI no encuentra su lugar

L
os chihuahuenses deben acostumbrarse a verlo en manifestaciones públicas, mítines de protesta, verbenas populares, marchas por la dignidad y la soberanía dentro y fuera del país. Es la ruta elegida para los cuatro años que restan de su administración.

Es lo que describió el gobernador Javier Corral ayer, durante su mensaje en la Plaza del Ángel. Ahí anunció la creación de “un movimiento más grande que todos los partidos de México juntos” y habló de la “Segunda Revolución Mexicana”, evocando las jornadas cívicas de los ochentas, en las que el PAN fue protagonista indiscutido. Obviamente los añora.

Durante dieciocho años López Obrador ha sido referente de la lucha contra la corrupción en el país y el uno de julio sólo tiene dos destinos, irse a su hacienda la Chingada o asumir la Presidencia. En ambos casos dejará vació el espacio de principal líder opositor.

López Obrador insiste en que es el único político mexicano que cruza el pantano sin mancharse las plumas. ¿El plumaje de Javier Corral es uno de esos? Por lo visto ayer, está convencido de que sí, pues ha puesto en el centro de sus prioridades romper el “pacto de impunidad”, convocando a una guerra santa contra el mal gobierno. En esos términos se manejó ayer.

Nada más loable para un político comprometido con el país, corrupción e impunidad son efectos de una misma causa: la perversa e indolente clase política mexicana en la que César Duarte es uno de sus ejemplares más siniestros y de la que obviamente Corral se ve afuera, es decir –como AMLO- está hecho de otra pasta.

Romperla es una exigencia social en todo el país y es la tarea que Corral se acaba de echar a cuestas. Una súplica al señor gobernador, a quien llamaremos en adelante “precandidato del Movimiento Antisistémico rumbo al 2024”, pues obviamente sienta las bases de una plataforma político-electoral que le permita ocupar el espacio vacío que deje López Obrador después de julio próximo: atienda de vez en cuando los asuntos de gobernanza o si de plano se siente incómodo con el rol de autoridad, deje la tarea en algunos de sus funcionarios. La bandera de la dignidad y la soberanía es maravillosa, pero alguien necesita trabajar, los asuntos de gobierno nunca se detienen.

Ambos papeles –opositor y gobernante- son mutuamente excluyentes; o gobiernas o mantienes la campaña opositora, pero de ninguna manera ambas. Intentar gobernar desde las calles alimenta la anarquía y contribuye al subdesarrollo. ¿Quién lo tomará en cuenta siendo que su propósito es posicionarse electoralmente hacia el 2024?

Y no es interpretación subjetiva: tras el mitin de ayer en la plaza del Ángel, informó que viene una marcha por la dignidad, que partirá desde Juárez y concluirá en la ciudad de México. ¿Quién encabezará esa marcha? Pues él y nadie más que él, de otra manera restaría importancia. De vuelta a lo mismo, no se puede gobernar desde las calles.

Llegará un momento en que sus aliados temporales y los chihuahuenses que sinceramente creen en “su Revolución” le darán la espalda viendo que Chihuahua se atrasa en el desarrollo y la violencia crece sin freno. Amplias regiones del estado ahora mismo están en una situación deplorable, secuestradas por el crimen. Esa parte no parece importarle, tampoco la parálisis de obra pública ni los problemas en salud y educación.

Falta mucho para el 2024 y pensar que su movimiento reviente la campaña de Meade es aventurado. Sólo como mera hipótesis, suponga que gana el PRI las próximas elecciones federales, ¿cómo le iría a Chihuahua –a Chihuahua no al precandidato- los últimos tres años de su gobierno? O qué gana Ricardo Anaya, pues sería el primero en desconocer los llamados a la soberanía de Chihuahua. Ya conocen su proclividad a la traición.

No hay forma de ganar esa lucha, la Federación entregará al fugado Duarte –sin sombra de duda lo habrá de entregar- cuando considere prudente a sus intereses. Desde luego que es una perversidad del gobierno de Peña, protegerlo para que no contamine las campañas, negligencia o complicidad que fortalece el movimiento ciudadano de Corral. Por cualquier lado los ciudadanos están condenados a la politiquería.

No obstante, el precandidato al 2024 tendrá magníficos rendimientos electorales, si cuaja su proyecto u otros aspirantes a ocupar el espacio que dejará AMLO no prosperan, llegará en condiciones inmejorables para postularse en aquella elección, arropado en un movimiento ciudadano al que sólo falta ponerle nombre.

En esa parte le iría muy bien, sabe hacer el trabajo de maravilla.

Los detalles del evento en sí carecen de importancia; si fueron diez o veinte mil: da igual; si llegaron acarreados o por voluntad propia también. A nadie le importa, desde el precandidato hasta el más modesto de sus secretarios personales, así como los secretarios de gabinete y los alcaldes que rentaron camiones, conocen los detalles de la movilización.

No hay en el país un evento convocado desde el poder sin acarreados, pero todos lo hacen y se vale, dejarlo a la voluntad popular no es de políticos. Y sólo como ejemplo una comparación, cuándo reunieron esa cantidad de personas desde el movimiento Unión Ciudadana. Ni siquiera como candidato, la nómina es la nómina en los gobiernos del PRI, PRD y PAN.

Al PRI le urge que ya empiecen las campañas, ya que está claro que no encuentra su lugar, menos la forma de lidiar con el mesiánico gobernador. Necesitan salir a la calle para pedir el voto dado que ahora Corral ocupa el espacio que deberían tener los candidatos y cuando menos piensen se habrán dado cuenta que ya les comió el mandado.

Pero también necesitan salir con una convicción sincera de hacer un desmarque y denuncia puntual del gobernador acusado de corrupto, mientras el estigma de César Duarte los siga como fantasma ominoso, será improbable que recuperen la confianza ciudadana, así la gente esté convencida de que Corral desatiende el gobierno por andar en campaña.

El odio contra Duarte es casi generalizado, sólo recuerden hasta dónde se desplomó la votación en las locales del 2016. ¿Lo recuerdan? Pues el escenario de irritación social no ha cambiado nada. Es lo que hay.

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