El Diario de Chihuahua


El estatus de la economía y las expectativas del nuevo modelo de desarrollo con López Obrador


Serafín Peralta Martínez* | Martes 11 Septiembre 2018 | 00:01 hrs


No parece que haya mejores condiciones que las que hay en este momento, para hacer un análisis frío de la situación de la economía mexicana y de las expectativas que tiene la próxima administración presidencial para conducir la economía hacia un nuevo modelo de desarrollo.

El estudio de la ciencia económica se ha encargado de proporcionarnos elementos valiosos para el análisis, y así revisar el comportamiento de la economía durante un determinado periodo. En este caso vamos a procurar abarcar el comportamiento que registraron durante estos casi 6 años del gobierno que el próximo 30 de noviembre termina.

El sexenio de Enrique Peña Nieto se puede caracterizar por la presencia de un ciclo económico que marcó la conducción de la economía en dos fases cíclicas. La primera que fue prácticamente el arranque, y que se acompañó de corto periodo (2013-2014) de estabilización en todas las variables macroeconómicas.

Con el Pacto por México firmado y con el Congreso Federal del lado del presidente, la economía creció a tasas positivas en el Producto Interno Bruto; es decir, en 2013 la economía tuvo un crecimiento de apenas 1.4 por ciento, y para 2014 el crecimiento se incrementó ligeramente y pasó a ser del 2.3 por ciento.

En este periodo corto, si bien se habían logrado grandes acuerdos pues se aprobaron y pusieron en marcha 11 reformas estructurales a las que se llamó los pilares de la economía mexicana, inmediatamente el panorama de optimismo -de que ahora sí la economía con esas reformas podría crecer cuando menos entre 3 y 4 o el 5 por ciento en los siguientes años- cambió de la noche a la mañana.

El panorama se nubló y se llenó de incertidumbre, pues al arrancar el 2015, la economía mexicana y la administración presidencial de Peña Nieto enfrentaban los desafíos de una caída de la bonanza petrolera a nivel mundial. Ya en el último trimestre de 2014 se prendieron las luces amarillas de que el precio internacional del petróleo empezaba a declinar. Después de que en marzo de 2012 el precio internacional de nuestro petróleo de exportación se cotizaba en 117 dólares por barril, en diciembre de 2014 había caído hasta los 60 dólares, (en 2016 cayó hasta los 28 dólares por barril). Ese derrumbe en el precio internacional de petróleo de exportación, le generó al Gobierno Federal una pérdida del 10 por ciento en los ingresos totales, pues tan sólo en 2012 los ingresos petroleros representaban prácticamente el 40 por ciento de los ingresos totales (hasta 2016 le significaban apenas el 16.3 por ciento).

Pero no fue sólo eso, la caída en los ingresos petroleros se acompañó también en una fuerte contracción en el mercado. Precisamente la baja en los precios del petróleo fueron consecuencia de una contracción de la demanda, por lo que la producción -que ya de por sí venía bajando- hizo caer cada vez más la capacidad de producción de Pemex.

Sin embargo, a diferencia de otros sexenios cuando se presentó este mismo ciclo económico, en esta ocasión una política fiscal de austeridad y de incremento en la deuda externa e interna, así como los beneficios recaudatorios de mayores ingresos tributarios que generaba la reforma fiscal, mantuvieron a flote la economía y se evitó un colapso financiero y económico como el de 1995 o el de 1982.

La otra fase que analizamos de 2015 a casi el término de 2018, es que en este periodo se buscó consolidar las reformas estructurales con un objetivo de satisfacer el modelo neoliberal o de beneficio al capital nacional y transnacional, se liberó el mercado de ciertos bines y servicios, al eliminar los subsidios a los precios de las gasolinas y el diesel, en detrimento del impacto que podría generar en los sectores de menores ingresos entre la población.

En segunda fase y la primera, lo que caracterizó a la economía fue un crecimiento lento de no más del 2.3 en promedio anual, paradójicamente con una tasa de desempleo de las más bajas, de 3.5 por ciento, que haya registrado la economía mexicana e incluso por debajo de las tasas de países de la economía europea.

Así pues, si bien la economía mexicana no está en crisis, ni tampoco hay riesgos evidentes de que

pueda entrar en un bache económico o financiero, lo cierto es que a la nueva administración presidencial que dirigirá -ya desde ahora- López Obrador a partir del 1 de diciembre de este 2018, tendrá blindada o superblindadas sus variables macroeconómicas (tipo de cambio controlado, inflación controlada; tasas de interés todavía accesibles; crecimiento del PIB positivo, balanza comercial superavitaria con Estados Unidos; reservas internacionales fortalecidas, al igual que las divisas por turismo internacional; remesas familiares por arriba de los 25 mil millones de dólares; flujos importantes de Inversión Extranjera Directa; el precio del petróleo de exportación en recuperación, etc.) que le permitirá diseñar un nuevo modelo de desarrollo. Tendrá, además un Acuerdo Comercial asegurado con Estados Unidos y Canadá.

Desde mi punto de vista, López obrador respetará el estatus de la economía mexicana, pero seguro cambiará su modelo, si bien basado en una economía de mercado, su orientación será el cambio social y un desarrollo más equilibrado.

*Economista y Doctor en Materia Fiscal