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Opinion

Precisiones

Sergio Alberto Campos Chacón | Domingo 14 Octubre 2018 | 00:33 hrs
A 48 días que Andrés Manuel López Obrador proteste asumir el cargo de presidente de la República, los analistas y politólogos expertos insisten en que, ante sus declaraciones y posturas erráticas, ya como presidente electo, sin olvidar pretensiones plausibles, la población aún no sabe cuáles serán los rasgos específicos político-económicos de la próxima administración pública federal.

Atacar la corrupción, superar la desigualdad, la pobreza, terminar con la violencia y demás, son asuntos obligados, implícitos, para el próximo gobierno.

Solucionar amplias necesidades sociales difícilmente se logrará mientras subsista el neoliberalismo ideológico y económico, que es la base estructural determinante de la injusticia social.

En los márgenes de lo subjetivo, por carencia de información verificable, hasta el momento, con relación a el desinterés de reformar el artículo 27 constitucional y recuperar el Estado el efectivo control del petróleo bajo la hegemonía de PEMEX, como lo concibió el general Lázaro Cárdenas, es válido construir algunas reflexiones.

La autoridad suprema de la soberanía energética parece ser, seguirá diluida, repartida entre los consorcios petroleros no nacionales que han entrado ya a otra etapa de control del subsuelo, lo que les significa andar hacia una época dorada, sin mesura, de obtención ilimitada de recursos, y de capacidad de injerencia en las decisiones gubernamentales.

Hay quien opina que paralelo al proceso formal de transición, se está tejiendo una red de acuerdos o compromisos entre AMLO con el sector privado, por medio del empresario Alfonso Romo Garza, próximo coordinador general de la oficina de la presidencia de la República, visitando a los grupos empresariales en el país; que es una especie de broker, de corredor, o businessman, hombre de negocios, con tal éxito que la iniciativa privada ya dejó de criticar al futuro presidente.

Tendríamos dos respuestas que tal vez explicarían esa estrategia. Una, que están convenciendo al capital privado que las cosas no cambiarán, al contrario, permanecerá el sistema tan cuestionado. Dos, que están asentando las inquietudes privadas para, el 1 de diciembre, iniciar el proceso de cambio de las causas estructurales económicas, lesivas grotescas a los derechos de las masas. En otras palabras, cambiar el sistema neoliberal.

Ejército y Marina, sin olvidar el caso de Tlatlaya, enviados a la calle a patrullar como policías, se han conservado en el filo de la navaja; intervienen en situaciones con las que se topan casi de frente y se ven impelidos a actuar.

El ejército es un órgano de fuerza indispensable que garantiza la existencia y la realización de los fines del Estado, pues sin él no podría realizar sus fines de mantenimiento y protección de su existencia como entidad soberana ni conservar el orden material y jurídico, y tampoco promover todo lo que en general satisfaga al bien público (Glosario de Términos Militares. Sedena. 1985. p. 132).

Todo país, más los que fueron colonizados y objeto de despojos, como México, cuentan con su ejército. Formar parte de él o de la Marina, exige vocación, honor, inteligencia, sacrificio, lealtad y disciplina, que se forjan en los planteles militares y las unidades, diario.

El sustento humano de las Fuerzas Armadas Mexicanas es el pueblo mismo, su misión es defender la soberanía, el territorio, sus recursos y su gente. Los ejércitos se forman para la guerra, por profesionales para la guerra, que puede sobrevenir en cualquier momento, por motivos o imponderables de la geopolítica y las pretensiones hegemónicas.

Nuestro Ejército y Marina han logrado permanecer al margen de las sugerencias estadounidenses de aceptar su control y orientación, lo que inquieta al Departamento de Estado y compañías petroleras.

En este panorama, perturban tanto los beneplácitos a AMLO por el presidente Donald Trump, como los pronunciamientos de Andrés Manuel López Obrador de crear una Guardia Civil Nacional, o Guardia Nacional en la que se agruparían soldados, marinos y policías federales, además de reclutar o invitar a 50 mil jóvenes para incorporarlos a esa Guardia.

Esa idea, ese proyecto, conduciría a desaparecer, de hecho, a las fuerzas armadas; a dejar sin respaldo bélico orgánico al Estado Mexicano, a expensas de intervención material externa, con escasas o desarticuladas probabilidades de defensa.

Si AMLO no desea subsista el Estado Mayor Presidencial, necesita reformar la legislación militar respectiva que, entiendo así se hará por el Congreso de la Unión, para que sus unidades se agrupen en las que correspondan en la Secretarías de la Defensa Nacional, Marina y Policía Federal.

Según trascendidos, el 1 de diciembre de transmisión del Poder Ejecutivo Federal, la seguridad estará a cargo, véase, de personal militar, el que, por obvia experiencia y capacitación, será el que formó parte del Estado Mayor Presidencial. Contradicciones.

Cito otro artículo en el que señalé en 2016 que el 9 de junio de 2009, en el periódico Milenio (3448. p.p. 38, 39), se publicó la entrevista de Javier Ibarrola al C. Gral. Div. DEM. Ret. Antonio Riviello Bazán, secretario de la Defensa Nacional con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

La cabeza de la nota dice: “Paga caro Ejército por un “sistema desleal”: Riviello”. Como subtítulo: “Ahora lo pone a combatir el narco y hacer el “trabajo sucio”.

Ibarrola cita las palabras del Gral. Riviello: “El Ejército y la Fuerza Aérea han pagado un precio muy alto por una democracia que no les sirve, por un sistema de gobierno que los ha usado de manera desleal para legitimar sus desaciertos o sus ambiciones”.

Salvador Cienfuegos Zepeda, actual secretario de la Defensa Nacional declaró a El Universal el 8 de diciembre de 2016 que “… no están a gusto con la persecución de delincuentes… (que) no estudiaron para eso… nuestra función se está desnaturalizando… que nos regresen a los cuarteles”.

Mauro González Luna, en su artículo “La cuarta transformación, genealogía de una facción”, publicado en Proceso digital el jueves 11, en la Sección Análisis, La Transición, Presidente 2018, sostiene que MORENA es la cuarta transformación histórica de las facciones del PRI a partir de la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR -1929-), el de la Revolución Mexicana (PRM -1938-), luego el PRI mismo (-1946-), y la que subyacía y constituyó el PRD que, a la larga, afirma, no significó transformación alguna.

Concluye González Luna que Morena deja atrás como “despojo vil de las edades”, al viejo zurrón, a la gastada piel, pero el animal político mismo no cambia, sobrevive, queda en lo substancial intacto, pero con una nueva piel reluciente y atractiva para los irreflexivos.

Si el análisis de González Luna, con el que coinciden otros analistas, es válido, México merece definiciones claras del presidente electo.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.






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