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Opinion

Sesenta aniversario de la Escuela Secundaria Insurgentes de El Molino, Namiquipa

Isaías Orozco Gómez | Lunes 22 Octubre 2018 | 00:44 hrs
A mediados de la década de los años cincuenta del siglo veinte, eran muy pocas las escuelas secundarias oficiales, existentes en el estado de Chihuahua. Afortunadamente, a finales de la citada década y a partir de los años sesenta de ese siglo, entusiastas y  comprometidos profesores normalistas, sensibilizan y concientizan a importante número de padres de familia de las comunidades o poblaciones en donde prestan sus servicios docentes, convenciéndolos de la imperiosa necesidad de la fundación de un centro escolar de segunda enseñanza, conocidos a la sazón, como Escuelas Secundarias por Cooperación; las cuales serían el medio para que sus hijos continuaran sus estudios al término de la educación primaria.

En los años cuarenta y cincuenta del siglo próximo pasado, si acaso, había escuelas secundarias públicas u oficiales en la ciudad capital: la del Instituto Científico y Literario (ICyL) y la de la Escuela Normal del Estado (anexa al ICyL); una o dos en Ciudad Juárez; mientras que en   Delicias, Camargo, Jiménez, Parral y quizá Casas Grandes, se contaba con ese nivel de enseñanza-aprendizaje. Ciertamente, había escuelas de segunda enseñanza privadas o incorporadas en los lugares citados y en alguna otra cabecera municipal.

En los años señalados, era mínima la diferencia en los planes y programas de estudios de las instituciones formadoras de docentes, conocidas como escuelas normales rurales y escuelas normales  urbanas. Por lo que, unos y otros egresados de las mismas, no tenían inconveniente en irse a laborar a donde les tocara, así fuera en el medio rural, en el semiurbano o urbano, en la sierra, en el desierto, en el semidesierto o en las colonias o barrios de las poblaciones de mayor importancia.

Pero además, y lo más importante: salían con la vocación profesional pedagógica-educativa, impregnada del deseo y conciencia de servir al desarrollo comunitario. Por lo que, sin importar si sus estudios de maestro los había realizado en  la Normal Rural o en la Normal Urbana, ambos trabajan conjuntamente, en equipo, para impulsar el mejoramiento educativo-cultural, recreativo, deportivo, económico, social y político-democrático, de la comunidad escolar y de la comunidad toda.

Como todo cambio o transformación que emprende el ser humano para el bienestar propio y el de toda la colectividad, esa noble y ponderable tarea, no estaba exenta de imponderables y hasta riesgos personales; debido a la existencia de algunos grupos reaccionarios de evidente militancia sinarquista y/o panista, que, manipulados por algunos sacerdotes, se oponían soterrada o abiertamente, en contra del Artículo 3º Constitucional, y, por ende, en contra de la fundación de las escuelas secundarias. No obstante, fueron no pocos mentores que en la mayoría de los municipios del estado, impulsaron el establecimiento de esos centros de instrucción y educación pública.  

En ese marco histórico-magisterial y como claro y loable ejemplo de lo que debe hacer todo docente-educador para el desarrollo de toda comunidad, en mayo de 1958, en reunión que tuvieron en El Molino, Namiquipa –ubicado en el Noroeste del estado–, los profesores José Ángel Aguirre Romero y Amador Caballero Legarreta con su colega Manuel Martínez Martínez, ambos egresados de la Escuela Normal Rural de Salaices; decidieron constituirse en el núcleo promotor de la fundación de la Escuela Secundaria de El Molino. Ya que al analizar la situación educativa prevaleciente, concluyeron que el nivel de escolaridad del municipio de Namiquipa era deficiente o muy bajo, pues solamente existían cinco escuelas primarias de organización completa (con los seis grados requeridos) y en la mayoría de las comunidades, se impartía la educación primaria incompleta. Por lo que, la eficiencia terminal era un tanto cuestionable.

De tal manera, en la escuela primaria de El Molino, de un promedio de 60 alumnos que se inscribían en primer grado, menos de 20 terminaban el sexto grado; además de que la mayoría de los padres de familia sólo aspiraban a que sus hijos estudiaran hasta el tercer grado, que medio supieran leer y escribir y que aplicaran las operaciones indispensables de la aritmética. Era tal la deficiencia de la educación básica que no había escuela secundaria en todo el Noroeste del estado de Chihuahua; la más cercana era una de carácter particular ubicada en Cuauhtémoc. El Terrero, El Molino, Namiquipa y lugares circunvecinos estaban muy aislados, no había carreteras y el traslado en camión hasta Cuauhtémoc obligaba a diez o hasta veinticuatro horas por caminos casi intransitables en época de lluvias o cuando nevaba. Por lo que, los pocos alumnos que terminaban su primaria en todo el municipio y que deseaban seguir estudiando, solamente lo podían hacer en Chihuahua, pero a la mayoría no le era posible, fundamentalmente por falta de recursos económicos.

Debido a la situación descrita, los profesores José Ángel Aguirre Romero, Amador Caballero Legarreta y Manuel Martínez Martínez consideraron que era necesario hacer algo para fundar una escuela secundaria que diera servicio a todo el municipio. Decidiendo hacerlo ellos, sin solicitar permiso “oficial”, porque cuando lo hicieron verbalmente la SEP se los había negado. Así, se acordó fundar la escuela secundaria en el barrio de El Molino, agregándose la profesora Epifania Salazar Díaz, egresada de la escuela Normal Rural de Flores Magón, Chihuahua.

Apoyados por un importante número de padres de familia, esos primeros cuatro miembros del personal docente, propusieron al médico Florencio Aguilera Gómez, para que ocupara la dirección de la secundaria, pues por la campaña en contra de los profesores que desde el púlpito se estaba realizando, no era conveniente –por el momento– que ninguno de ellos asumiera ese cargo. Se entrevistaron con el doctor Aguilera, para pedirle fuese el director; no fue fácil convencerlo, pero finalmente aceptó, poniendo algunas condiciones que le fueron aceptadas.

Como un reconocimiento a los esforzados maestros que dieron muestras fehacientes de algo de entrega a la educación del pueblo (algunos  en el anonimato, otros ya olvidados), y por su importancia histórico-magisterial, proseguiremos la presente colaboración en la segunda parte.

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