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Opinion

¿Qué nos mueve?

Mariela Castro Flores | Sábado 10 Noviembre 2018 | 02:38 hrs
La semana pasada se activaron las alertas por la desaparición de una jovencita (por desgracia, nada nuevo en nuestro contexto); por fortuna, a los pocos días fue recuperada con vida. Su familia desde entonces se ha estado enfrentando al permanente cuestionamiento de los detalles de la situación que generó la desaparición afirmando que se “alarmó” a la ciudadanía sin sentido alguno.

Al margen de la problemática que se instala en tan misógina exigencia, su insensibilidad pasma. Quienes acompañan a familiares de víctimas de feminicidio y desaparición o son sensibles al tema saben que en medio de la abrumadora realidad que asesina a nueve mujeres a diario por razones de género, cuando alguna desaparece y aparece viva se respira un profundo alivio, la paz abraza la calma por saber que el reencuentro con su familia no abonará a la tragedia que envuelve a este país.

Hace un par de días, la cámara de diputados/as fue sede de uno hecho desgarrador por su naturaleza; la diputada Carmen Medel se partió de dolor al recibir la llamada que anunciaba el artero asesinato de su joven hija, estudiante de medicina. Por su status como diputada, la respuesta institucional no se hizo esperar, el gobernador Yuñez declaró que el sicario había sido asesinado; así, sin mediar investigación alguna a un día del doloroso hecho. La representante popular por morena debió haber sabido que del gobierno de su estado no podía esperar ya nada.

Algunos medios de comunicación se dieron un festín que revictimizó a la joven asesinada publicando su imagen, doblada hacía si misma abatida ya sin vida mientras las reproducciones del video de su madre en medio de una crisis nerviosa alcanzaron miles.  Pero una imagen resultó perturbadora: la de decenas de legisladores y reporteros alzando sus teléfonos celulares para grabar la escena.

¿Para qué? ¿Con qué finalidad? La de entretener resulta abominable, la de informar no precisamente porque es una falta de respeto grabar un momento tan sensible, sobre todo, porque carece de interés periodístico. Finalmente, ya se conoce el evento, no hacen falta detalles. Las y los periodistas con ética saben cuándo es oportuno bajar las cámaras.

Los detalles.

Esos que personas instaladas en el confort que la vida de la clase media otorga, exigen y por los que tienden a culpar y cuestionar las tragedias que padecen personas que viven una realidad que por sus comodidades no les alcanzan. Y creen, no les van a tocar. Aunque sabemos que ejecuciones, secuestros y pagos de cuotas ya no les son tan extraños pero les atraviesa un profundo clasismo y aparofobia que les hace considerar que hay males que solo son de pobres o de quien “los merece”.

Pero no es casual, la necropolítica exige el consumo violento de cuerpos y vidas y quien mayormente las provee son las personas pobres, jóvenes, mujeres, de orientación sexual distinta, migrantes y todas las que no se ajusten a lo que el mandato social instalado en la familia tradicional, quepan.

Por eso existen voces que se ofenden cuando las mujeres aparecen vivas y exigen saber qué sucedió, gritan por los “detalles”, no en el interés de la comisión de un eventual delito sino más bien, hambrientos de una conducta reprochable que les permita ejercer juicios y blandir la espada de Damocles sobre las personas que viven dramas personales y familiares.

¿A qué abona en la construcción de una sociedad democrática los detalles de las condiciones en qué desapareció y apareció una niña? ¿Qué construye el rostro desgarrado por el dolor de una mujer que ha perdido a una hija en las peores condiciones?

¿Cómo se reivindican sus derechos humanos? Justo. En nada.

A la sociedad no le importa que las mujeres estén vivas y menos que sean felices, por eso no facilita su libre y pleno desarrollo y enfurece cuando aparecen con vida. Y si no podemos con la inercia impuesta por ciertos medios amarillistas, digamos que Carmen Medel, médica de profesión, como legisladora está trabajando por proteger la lactancia materna, fortalecer las políticas de atención materno-infantil para abatir esta causa de muerte y crear un programa de suplementos alimenticios para embarazadas y lactantes, es pertinente mencionarlo porque como afirma Tania Tagle, si no se desiste del espectáculo que representa el dolor ajeno, al menos, sepamos quien es esa mujer que grita y llora.

No nos merecemos la miseria humana de quien alzó sus celulares para grabar ni la de quien se cree moralmente superior para interponer sus morbosos deseos de amarillismo sobre la vida de las personas.

Desde aquí toda la solidaridad para la legisladora Medel y las familias de las 9 asesinadas diarias en el país.

@MarieLouSalomé

marielacastroflores.blogspot.com

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