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Opinion

El círculo vicioso

Sergio Alberto Campos Chacón | Domingo 18 Noviembre 2018 | 00:33 hrs
El miércoles 14, el presidente electo y su equipo, con la presencia de los próximos secretarios de la Defensa Nacional y Marina, y del senador por Morena Ricardo Monreal y el diputado Mario Delgado, también de Morena, presentaron el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024.    

El día siguiente, el jueves 15, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la Ley de Seguridad Interior, vigente a partir de diciembre de 2017, combatida con acciones de inconstitucionalidad por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) e impugnada por legisladores, organizaciones de la sociedad civil nacionales e internacionales, académicos y analistas.

Los motivos fundamentales que los opositores a esa ley expresamos, fueron que las facultades a las Fuerzas Armadas en seguridad pública e investigación de los delitos corresponden, según establece la Constitución Federal, por un lado, a las autoridades preventivas y al ministerio público, y que de la interpretación integral de la ley resultaba que las Fuerzas Armadas tendrían facultades discrecionales, poco claras.

Era evidente que dicha ley, aparte de disponer de alta fuerza en caso de alerta contra movimientos sociales subversivos, se promovió y aprobó porque las autoridades ministeriales civiles, policías, federales, estatales o municipales resultaron incapaces de atender y solucionar la grave crisis de violencia, inseguridad e impunidad.

Ahora el presidente electo presenta su Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, sustentado en motivos que igual coinciden con los que llevaron a Felipe Calderón a abrir la “guerra contra el narcotráfico”; en términos generales suma la pretensión de terminar con la inseguridad, la violencia, impunidad y corrupción, con el aderezo de deberes morales y éticos de buen comportamiento.

Ese Plan Nacional causó escozor en varios sectores, pues si bien es sólo un Plan, un Proyecto, contiene rasgos torales de lo que los juristas llaman la ratio legis, es decir, “la razón de la ley”, el motivo, causa y propósitos a conseguir con la norma jurídica.

El objeto de estudio, de análisis, es la insistencia de crear la Guardia Nacional, planeada en tres etapas, según dijo Luis C. Sandoval, próximo secretario de la Defensa Nacional: 1ª.- Agrupar las policías militar, naval y federal, a la nueva institución. 2ª.- Luego, los militares que así lo deseen, y 3ª.- Convocar a 50 mil jóvenes para adiestrarlos por militares.

Ya escribí en diciembre de 2017, cuando AMLO anunció sus Diez Compromisos que: “Se creará la Guardia Nacional para reorganizar, e integrar a todas las corporaciones militares y policíacas. Haremos lo que sea necesario para conseguir la paz”, que la Guardia Nacional es una figura paramilitar, compuesta por civiles para defender al país y el orden público. La contempla el artículo 73, fracción XV, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Entonces señalé que técnicamente “… es la fuerza armada local, integrada por ciudadanos e instruida por las autoridades estatales correspondientes, para defender y conservar la soberanía”. “El militar de guerra depende económicamente del ejército, y quien sirva a la guardia nacional tiene sus propias ocupaciones e ingresos” (Francisco Arturo Schroeder Cordero. Diccionario Jurídico Mexicano. IIJ-UNAM. D-H. p.p. 1560 a 1563). Tiene por campo de operaciones un territorio determinado, como ocurrió en la Invasión Norteamericana en 1847, en que se llamó a la población civil a formar unidades paramilitares y defender la Patria.

La que propone el presidente electo es distinta a esa que la doctrina y la historia han bien delimitado.

Se trata de fundir las fuerzas armadas del Gobierno Federal en una sola entidad que, si bien se conocerá su perfil y gama de atribuciones una vez que se reforme ese artículo 73, de la Constitución Federal por el Congreso de la Unión, seguida de la aprobación de 17 legislaturas estatales como mínimo, y se expidan la o las leyes que le darán estructura, jerarquías, mandos y facultades a esa nueva Guardia Nacional; estará bajo mando militar y en la orgánica de la Secretaría de la Defensa Nacional.

¿Por qué y para qué esa Guardia Nacional? Un empresario me compartió sus inquietudes de que Andrés Manuel López Obrador pretende reelegirse y necesita contar con un cuerpo paramilitar con ideología morenista, semejante al curso que el coronel Hugo Chávez le dio a su permanencia en la presidencia de Venezuela. Para lograrlo subsidiará a jóvenes que deseen capacitarse, a adultos mayores y otros grupos vulnerables, con el objetivo de captar votos en las elecciones intermedias federales, en las que puede ganar gubernaturas y mayorías absolutas en los Congresos locales.

Esta tesis es la misma que sostiene el comentarista Ángel Verdugo de manera insistente en sus entrevistas en Imagen Radio o su propio canal.

En infinidad de ocasiones se ha reafirmado que la próxima administración pública federal significará un cambio de régimen, sin precisar cómo será el nuevo que, solamente se le denomina Cuarta Transformación, de ahí que la Guardia Nacional, según entiendo, con esa imagen que le llaman “democratizadora”, será el brazo armado previsto en la Constitución Federal y leyes secundarias federales del nuevo gobierno.

Expertos en seguridad nacional afirman que el proyecto acredita confianza en las Fuerzas Armadas al conferirle hacerse cargo de la nueva Guardia Nacional. Algunos se preguntan si será una milicia ciudadana o ciudadanos militarizados, que si estarán a cargo de los militares los formarán como soldados, no quepa duda.

Sin embargo, a nivel de estado de Derecho, es válido preguntarnos cuáles serán las funciones de sus elementos, su capacidad, conocimiento y capacitación investigativa, coadyuvancia del Ministerio Público Civil y sujeción a las leyes, respeto a los derechos humanos, a las llamadas garantías de seguridad jurídica. Como abogado confío en que las reformas a las leyes no vulneren derechos privados ni de orden público en función de la vida democrática, plural e incluyente de la nación.

Tenemos lustros de autoengaño con relación a cómo solucionar el drama nacional de ejecuciones y violencia por cerrar los ojos a la proximidad al mercado de 27 millones de adictos en los Estados Unidos, y sus tantos en Europa y Latinoamérica; cientos de miles de millones de dólares que el narcotráfico administra a nivel internacional, solapado por complicidades culturales en las regiones productoras de estupefacientes, corrupción de autoridades de diversos niveles, pobreza y discriminación.

Esta es la realidad que forma el círculo vicioso que no se romperá mientras los millones de consumidores demanden droga. La oferta, incluido el consumo autorizado de marihuana con “fines recreativos”, prevalecerá sobre cualquier medida que se adopte, llámese “guerra”, Guardia Nacional o Constitución Moral, que nada podrán ante la inmisericordia y la impiedad del crimen organizado, típico del neoliberalismo.

Este es un espacio de opinión abierto, sin embargo, los comentarios no deberán contener lenguaje soez ni ataques personales, de lo contrario serán eliminados.


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