Delicias

Crónica: “Padre, ¿Por qué me has abandonado?

En medio del silencio por ver a Cristo muerto por nuestros pecados,

Mayra Hermosillo González/El Diario
sábado, 20 abril 2019 | 14:51


En medio del silencio por ver a Cristo muerto por nuestros pecados, los nazarenos que realizaron la Estación de Penitencia defendieron su fe por Jesucristo Resucitado, ante las autoridades del Imperio Romano quienes no cesaban de gritar “Camina, camina” mientras golpeaban el cansado cuerpo del Hijo de Dios.

Este momento que es el ideal para reflexionar sobre el camino que marca Jesús, un pasaje de amor al prójimo, de humildad, de perdón y compasión al otro, fue el motivo para que centenas de personas se congregaran a presenciar las escenificaciones, que por mucho tiempo se fueron preparando para que saliera muy similar al original.

Y aunque la temperatura marcaba los 27 grados a las 9 de la mañana, no fue impedimento para que los católicos participaran en este Viacrucis, que fue encabezado por Rigoberto Gallegos, al personificar a Cristo en esta pasión.

El recorrido partió en punto de las 9 de la mañana, niños, señoras, portando sombrillas para protegerse de los intensos rayos del sol y señores, caminaron varias cuadras de la colonia Carmen Serdán, para escuchar el mensaje y la reflexión que iban seguidas de oraciones y cantos.

Por supuesto, se presenciaron en esta conmemoración las 14 estaciones y la crucifixión de Jesús, iniciando con la condena a muerte, hecha por Pilatos ante el pedido y presión de un influyente grupo.

Posteriormente, Cristo marchó hacia La Calavera, que aunque iba cargando una cruz de 90 kilos, siempre la llevó con firmeza caminando descalzo y recibiendo latigazos de los romanos, pero este esfuerzo por cargar tanto peso, fue demasiado para sus debilitadas fuerzas y cayó, pero inmediatamente continuó la marcha, sintiendo en ese momento el asombro de los presentes y la compasión.

Como toda madre, María, al ver el dolor de su hijo, sintió la impotencia de no poder ayudarle, sin embargo, se ve respetuosa ante la decisión de Él de morir por la humanidad, por lo que se aparta y lo deja continuar con este martirio.

A pesar de la sencillez con la que hizo este recorrido, se dejó ayudar en la quinta estación por un cirineo, demostrando con este ejemplo, que la humildad es reconocer nuestra propia verdad y esto significaba que no contaba con más fuerza para continuar.

También Verónica, una mujer piadosa que acompañó al Salvador se compadeció ante este calvario y decidió interponerse entre los romanos para limpiar su rostro sudoroso, pero a pesar de ello, Jesús cayó por segunda vez.

Al ver el sufrimiento de los presentes por las heridas que estaban siendo provocadas en su cuerpo por los latigazos, se acercó a un grupo de mujeres y mencionó: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas” y continuó con su caminar.

El camino se turna largo y pesado, el calor, la falta de hidratación y los constantes golpes hacen que caiga por tercera vez, ocasionando la furia de los romanos, quienes deciden desnudarlo frente a todos y repartir sus vestidos, los cuales fueron sorteados con avaricia y burla.

Finalmente, después de horas de sufrimiento se llegó al destino, La Calavera, donde los soldados clavaron sus manos y pies ante los maderos y exclamó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, mientras se veía reflejada una tristeza inmensa en su rostro al mirar hacia el cielo.

“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, se escuchó al momento de que Jesús entregara su espíritu por amor a la humanidad, siendo este hecho la misión salvadora, que continúa con su resurrección y alcanzará la plenitud cuando Él se haga presente.

Finalmente José de Arimatea tramita ante Pilatos la sepultura de sus restos, la cual fue breve, porque al tercer día el Hijo de Dios resucitó y desde entonces está entre los que creen en Él.