Delicias

HISTORIAS, LEYENDAS Y ALGO MÀS…

El poder que da ser buena gente

Fernando Cabral
sábado, 13 abril 2019 | 18:06


El poder que da ser buena gente

Doña Leonor de Arias pasaba la quietud de la tarde en el campo acompañada de sus hijas Constanza, Ana Luisa y María Fernanda. Resignadas vivían miserablemente luego de haber perdido toda la heredad que el conquistador Pedro Ruiz de Haro había dejado a su familia y que fue dilapidada por un mal amigo a quien se confió aquel caudal. Esto sucedió en tiempos de la colonia.

Un día, poco antes de que se ocultara el sol, las mujeres disfrutaban de un vientecillo fresco a las puertas de su casa, cuando a lo lejos vieron venir a un hombre que se acercaba sosteniéndose en un cayado que le servía de bastón. El cansancio solo permitió decir al indio caminante estas palabras:

-Señora buena, ¿me puedes dar algo de comer?, estoy cansado y hambriento.

Aquella dama de buenos sentimientos le respondió con ternura:

-Pásele señor, siéntese, que algo habrá que darle.

Las hijas a una señal de su madre afanosas se pusieron a preparar tortillas de harina, a guisar tocino con un huevo que había y servir un jarrito de leche para aquel hombre.

-Perdone señor lo poco que le podemos ofrecer; somos ricas de voluntad, pero pobres de bienes.

El anciano indio le interrumpió:

-Muy sabroso me ha sabido todo ¡El señor te pague y te aumente esta caridad que me has dado!, hoy estas pobre, pero Dios te ha de dar tanta fortuna que no vas a saber qué hacer, ya verás señora buena, ya verás.

El extraño personaje besó la mano de la señora y con paso lento se fue.

-Hijas, vamos a cenar nosotras…

-¿Cenar madre?, no hay nada que comer.

-Lo que había se lo dimos a ese pobre hombre.

-Vamos pues a rezar el rosario hijas, mañana Dios dirá.

A los tres días regresó el indio a la casa de las Arias, llevaba  un costal con una gran cantidad de piedras muestra de oro y plata, le dio a doña Leonor el dato del lugar preciso de dónde las había tomado, besó la mano de la señora y se alejó lentamente hasta perderse en el horizonte. Las tres mujeres fueron a buscar el lugar con las señas que el hombre les había dicho y lo encontraron. Con la ayuda de un sacerdote amigo de la familia la dama denunció ante la autoridad el lugar y ahí nació la mina Del Espíritu Santo; esta dio de nuevo fortuna a aquellas hospitalarias mujeres, que lo dieron todo por un semejante sin esperar nada a cambio. Doña Leonor, siendo ya una dama opulenta mandó buscar por todas partes a aquel indio anciano del cayado, no se le pudo encontrar, nadie lo había visto ni antes ni después. Bueno, así fue como me lo contaron.