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Andrés Muñoz, el niño superdotado

El velocista mexicano, quien supera las 100 millas a sus 20 años, aceptó que lo difícil no es llegar sino mantenerse

Excélsior

viernes, 26 julio 2019 | 14:57

Ciudad de México

El ascenso de la carrera de Andrés Muñoz como beisbolista profesional se ha dado igual de rápido que su poderosa recta de cuatro costuras que promedia 100.5 millas por hora, el segundo lanzamiento más veloz en Grandes Ligas este año.

Con sólo 20 años, el sinaloense debutó el pasado 12 de julio con los Padres de San Diego y hasta el momento no ha permitido carrera en cuatro apariciones como relevista y suma seis ponches a cambio de dos pasaportes.

"Es un gran cambio para mí estar aquí en las Grandes Ligas ahora”, dijo Muñoz, quien firmó hace cinco años como beisbolista profesional y fue vendido por los Diablos Rojos del México a los Padres de San Diego en 2015.

"Los primeros días aquí son raros, como que no te la crees. Ves el estadio y te cuesta trabajo creer que estás aquí. Ahora poco a poco me la empiezo a creer, a darme cuenta que este es el lugar en que luché para estar y ahora tengo que luchar para mantenerme”, dijo en exclusiva para Excélsior vía telefónica desde Nueva York, donde ayer los Padres terminaron serie frente a los Mets.

 

 

Muñoz no sólo ha mostrado su gran velocidad en su presentación en el mejor beisbol del mundo. En los primeros cuatro encuentros apenas ha permitido un hit, además de los seis chocolates en cinco entradas y un tercio de labor.

"Casi siempre la presión me ha ayudado a hacer las cosas mejor”, dijo Muñoz, quien debutó con sólo 20 años y 177 días. “No siempre es así, pero en la mayoría de las veces cuando las cosas están difíciles o cuando siento el nervio, como ahora de verme en un estadio de Grandes Ligas, es cuando mejor trabajo”.

El dominar esa presión, además de su velocidad, lo ponen como un candidato natural para en un futuro no muy lejano ocupar el rol de cerrador en Grandes Ligas.

Muñoz no desconoce esta faceta, ya que en las últimas tres temporadas en ligas menores ha sumado 14 salvamentos, incluidos seis este año entre las sucursales de los Padres de Doble y Triple A.

"Me gusta mucho ese rol, venir a sacar los últimos outs, es una adrenalina diferente”, explicó. “Quisiera ser cerrador, pero por lo pronto sólo me enfoco en hacer lo que me pidan. Sacar los outs que sean, en la entrada que sea”.

El miércoles pasado, en lo que fue su cuarta aparición como Grandes Ligas y su presentación en la Gran Manzana, Muñoz tuvo un lanzamiento que registró las 102.2 millas por hora, el más veloz que ha tenido en su aún muy corta carrera. En esa actuación saliço ileso a pesar de enfrentar al jonronero Pete Alonso y al veterano Robinson Canó, quien un partido antes pegó tres cuadrangulares.

El sinaloense ya tiene el pitcheo con mayor velocidad cronometrado para un lanzador de los Padres y entre los mexicanos en toda la historia.

Ahora se codea con las grandes estrellas, pero no olvida que de niño acudía a los partidos de los Cañeros de Los Mochis y admiraba al exligamayorista mexicano Francisco Rodríguez.

"Sí me fijo cuánto puedo lanzar, pero para mí lo importante es ponerla en donde quiero. Ahora lo que más quiero es mantenerme en Grandes Ligas. Como dicen, lo más difícil no es llegar, ni llegar rápido como yo, lo más difícil es mantenerte”, expresó con la misma seguridad que muestra en la loma.

 

Ganó una apuesta con su debut 

 

Andrés Muñoz debutó en San Diego frente los Bravos de Atlanta.

 

Manuel Bernal, exlanzador de la Liga Mexicana de Beisbol y uno de los primeros en detectar el talento de Andrés Muñoz, tenía plena fe de que llegaría a Grandes Ligas... pero no tan pronto.

Bernal, junto a Roberto Verdugo, tuvieron a Muñoz en una academia en Los Mochis (de donde ambos son nativos) y de ahí lo promovieron para que firmara con los Diablos Rojos del México.

Muñoz creó un vínculo de confianza con Bernal, quien le daba consejos.

"Yo le decía que llevara las cosas con calma. Yo estaba seguro de que iba a llegar a Grandes Ligas, pero nunca pensé que fuera tan rápido, en incluso le aposté que no iba a debutar antes de cumplir 22 años”.

Muñoz se estrenó el pasado 12 de julio, con 20 años y Bernal tendrá que pagar su apuesta.

"Me hizo una videollamada temprano. Me dijo ‘¿a qué no sabes dónde estoy?’, y desde su cuarto en el hotel, me enseñó por la ventana el Petco Park.

"Me emocioné mucho la verdad y pues ahora voy a tener que pagar. Le prometí ir a verlo jugar a San Diego... Si debutaba después de los 22 él me iba a pagar el viaje”. 

Dejó el atletismo al no encontrar apoyo

 

Andrés siempre ha contado con el apoyo de su familia. Fotos: AFP y Cortesía

 

Andrés Muñoz es un gran pitcher, pero también pudo ser un gran atleta. Durante su adolescencia combinó ambas disciplinas.

"El beisbol fue lo primero que jugué”, recordó Andrés. “Pero hubo un momento en el que sentía que quería distraerme del beisbol y hacer otra cosa y empecé a hacer atletismo y también natación, aunque nunca dejé el beisbol”, dijo.

El talento de Muñoz fue tal, que en varias ocasiones asistió a la Olimpiada Nacional (ON), representando a Sinaloa, como beisbolista, y como atleta en pruebas de campo.

En 2015, ya firmado por Diablos Rojos del México, e instalado en la Academia del Carmen, aprovechó su cercanía con Monterrey, sede de la ON ese año y participó en la prueba de salto triple.

"Sólo lo dejaron saltar dos veces”, recordó su madre, “Fue a escondidas, porque ya desde entonces parecía que lo iban a firmar”.

Muñoz afirma que aún siente un cariño grande por el atletismo, pero su decisión estaba tomada.

"El atletismo casi no tiene apoyo en Los Mochis. Bueno casi no tiene apoyo en México, es muy difícil poder con tan poquito apoyo”.

Miguel Alberto y Helmer Enrique, los hermanos de Andrés, practican el atletismo en el alto rendimiento y están becados por el Tecnológico de Monterrey.

Sus padres, María de los Ángeles y Alberto Muñoz siempre les han inculcado el deporte.

La señora María de los Ángeles recordó que días antes de ser llamado por los Padres, Andrés estuvo deprimido porque fue enviado a Doble A, pero no sabía que  su destino final eran las Grandes Ligas.

"Me habló muy agüitado... y yo le dije que levantara la cabeza, que no pasaba nada.

"Despuecito de eso me volvió a marcar... ‘¿A qué no sabes a dónde voy’?, yo pensé que iba de regreso a Triple A, y me dice ‘a San Diego mamá, voy a San Diego ‘. Pues fue una fiesta aquí en la casa y entonces rápido organizamos el viaje para ir a verlo”.

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