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Nacho Trelles, el estratega

La leyenda del futbol mexicano falleció poco antes de cumplir 104 años de edad

Reforma

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jueves, 26 marzo 2020 | 09:19

Ciudad de México.- Los estadios del mundo están vacíos. Esos mausoleos rinden tributo a Nacho Trelles, que decidió irse cuando no había fútbol, poco antes de cumplir 104 años.

Pocas personas encarnan una profesión. Decir "Trelles" equivale a decir "entrenador", el estratega que dota de mística al vestidor. Debutó como futbolista en 1934, en un equipo convencido de que la imaginación supera a la realidad: el Necaxa. Sus botines soltaron las chispas de los Electricistas, pero sus destellos más formidables ocurrirían en su mente.

En 1950 inició su carrera como técnico en los cañaverales de Morelos, donde logró que el Zacatepec subiera a Primera División y conquistara numerosos títulos, y donde aprendió que el calor y la altura del pasto juegan de locales.

Puso su astucia al servicio de la eficacia para conquistar 15 títulos. Bajo su mando, el Cruz Azul se transformó en la legendaria "Máquina Celeste".

Trelles venía de la época temprana en que los porteros usaban gorra. Poco a poco, esa prenda desapareció de las canchas y pasó al banquillo como atributo del hombre que piensa.

Siempre original, era capaz de lanzar balones al campo para interrumpir el partido.

Como Helenio Herrera o Johan Cruyff, decía frases estrafalarias que en el momento oportuno se volvían certeras: "Un equipo con diez jugadores es más peligroso".

Dirigió a la Selección Nacional en los Mundiales de 1962 y 1966. En Chile le tocó un grupo que no era de la muerte sino de ultratumba. Ante Brasil, que sería campeón, México cayó con un digno 2-0, y derrotó 3-1 a Checoslovaquia, futura subcampeona, en el mejor partido de nuestra historia. Hubiéramos pasado a la siguiente ronda de no ser por una tragedia que no olvidaremos quienes la oímos por radio.

México empataba 0-0 con España cuando faltaban unos segundos de partido. La diosa Fortuna nos regaló un tiro de esquina. Del Águila se dispuso a cobrarlo. Al borde del campo, Trelles tomó una decisión correcta: le gritó al Negro que no dividiera la pelota. Pero sus palabras se perdieron en el aire de Valparaíso. El extremo mandó un centro, vino un contragolpe y cayó un gol que Carbajal no pudo impedir y yo no quiero describir.

Trelles era la inteligencia junto a la línea de cal: acertaba con sus ideas, esperando que los jugadores acertaran con sus pies.

Los estadios del mundo están vacíos. Nacho Trelles ha muerto.

En las gradas sin nadie estalla una ovación.