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Un estadio en sepia; el Parque Oro donde se coronó el Atlas

La historia dicta que en 1951 los rojinegros levantaron su único título de Liga en México en lo que hoy es un depósito de fierro con servicio de báscula

Agencias

domingo, 12 diciembre 2021 | 06:37

Existen caminos que se vuelven invisibles, viejos lugares que se transforman, que cambian desde la pupila del tiempo, que se abandonan y se olvidan.

Hubo un campo de futbol, el Parque Oro, en lo que era conocida en Guadalajara como la colonia Oblatos (grupo que sin ser creyente, se consagra a Dios).

Era el final de los años 40 cuando ahí jugaban las Chivas, el Atlas y el Oro, este último equipo fundado por los joyeros de esa misma colonia, de ahí la derivación de su nombre.

Cruzaba un viejo rio caudaloso que partía a la ciudad en dos desde su vertebra, el San Juan de Dios, separando la que con los años sería la Guadalajara vieja, de la nueva .

Unos kilómetros más adelante, pasando la Catedral y la plaza de los mariachis, se levantó el Estado Jalisco, en 1960 y el perfume del futbol fue esparciéndose sobre la ciudad como un ave abriendo sus alas.

 

 

 

La fachada del depósito esta en la zona que no tenía techo

 El viejo Parque Oro donde se coronó el Atlas en 1951, conservando el recuerdo de un recuerdo nostálgico, cerró sus puertas.

"Mis tíos lo compraron a la familia Martínez Sandoval, una de las más opulentas de la joyería y que fundaron al Oro”, recuerda Fernando Casillas, administrador del deposito de fierro Parque Oro en donde lleva laborando 38 años.

Mantuvimos los colores por tradición, aunque hasta hace un par de años, tuvimos que derribar los baños que mantenían la mampostería original por necesidad de ampliar el espacio”, relata Casillas.

 

El viejo estadio se convirtió desde 1968 en un depósito de fierro, así aparece la leyenda de su frontispicio, aunque en realidad es una empresa que vende material a gran escala para la construcción con servicio de báscula para camiones y traíleres. Partiendo de la foto en sepia del Parque Oro, la fachada del depósito está del lado donde no habia techumbre y avanza hacia el medio campo. Precisamente en la portería del lado izquierdo, Edwin Cubero, un tico que jugaba en el Atlas, le anotó un penal dudoso a Jaime El Tubo Gómez de las Chivas.

Ahora, por el quicio en el que entró el balón, está el taller  para cortar metales mientras que del otro lado, una vez que se fraccionó el terreno, se empezaron a edificar casas.

 

 

La celebración fue una anarquía incontrolable, el Atlas de principios de los 50 era campeón y se pensaba en un porvenir.

Nadie creyó que las fotos se irían carcomiendo con el tiempo y que el sitio sagrado se volvería un depósito de fierro.

Dicen que los jugadores salieron por la calle de Gigantes, a espaldas del estadio, por donde hoy en día transita una laxa rutina de vida.