El Paso

Especial: ¿Dónde está César Fierro?

Luego de 40 años de haber sido sentenciado a la pena capital por asesinato en El Paso, el mexicano fue deportado a México; sus familiares desconocen su paradero

El Diario

Martha Patricia Giovine/Especial para El Diario de El Paso

domingo, 04 octubre 2020 | 13:30

El Paso Sentenciado a la pena de muerte por el asesinato de un taxista ocurrido en 1979 en El Paso, el juarense César Fierro pasó 40 años tras las rejas, la mayor parte del tiempo aislado en el Pabellón de la Muerte, en Huntsville, Texas.

Durante ese tiempo su hija Cindy Fierro esperó la liberación de su padre para poder abrazarlo. Cuando por fin tuvo la libertad luego que la Fiscalía de Distrito de El Paso le retiró en 2019 los cargos, César desapareció, sin dejar rastro, en algún lugar de México.

En vez de ser reunido con su familia, fue entregado a principios de este año a un hombre llamado Santiago, quien años atrás hizo un documental sobre su encierro.

“Después de 40 años en prisión y con severas enfermedades mentales diagnosticadas, debe ser muy fácil manipularlo: él no nos haría esto. Nadie lo ha apoyado por toda una vida como mi madre, mis hijos y yo”, dice Cindy en entrevista exclusiva.

Luego de 40 años de haber sido sentenciado a la pena capital por el asesinato en El Paso Texas del taxista Nicolás Castañón, el mexicano César Roberto Fierro fue puesto en libertad bajo palabra y deportado a México. Sus familiares desconocen su paradero.

Fierro fue acusado del asesinato en 1979 de un inmigrante, originario de la Ciudad de México, quien trabajaba como taxista en la ciudad.

De acuerdo con su hija, Cindy Fierro, quien vive en El Paso, Texas, la libertad de su padre se debe a un acuerdo entre la fiscalía del Distrito de El Paso y los abogados defensores: Los abogados apelarían la condena de muerte impuesta en 1980, y el Fiscal no buscaría retenerlo por mas tiempo en prisión. Cesar Fierro salió de la cárcel, bajo palabra, el 14 de mayo del presente tras haber cumplido cuatro décadas en prisión por asesinato agravado.

Debido a la gravedad del crimen por el que se le sentenció a muerte, Fierro fue trasladado a Laredo, Texas y de ahí deportado a México.

Cindy Fierro, quien de acuerdo a las autoridades carcelarias no dejó nunca solo a su padre y lo visitó constantemente por cuatro décadas –primero con su madre, y después con sus hijos– expone que su padre fue liberado de prisión, trasladado a la frontera y deportado a México sin que ni los abogados, ni personal del Consulado de México en Houston o de El Paso le informaran a ella, o a ningún miembro de su familia.

“Todos tienen mi numero de teléfono; los consulados y los abogados”, dice Cindy quien considera que los abogados no solo no la notificaron, sino que le ocultaron la liberación de su padre para poder entregarlo a un estudiante amigo de los defensores que quiere hacer un documental, sin que ella se interpusiera.

El director de Protección para Estados Unidos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Luis Benjamín Lara Escobedo, indicó que representantes de la Secretaría, así como de los abogados defensores acompañaron a Fierro durante su traslado a Laredo, Texas, y en el proceso de deportación.

“Ahora sé que en cuanto pisó territorio mexicano se lo entregaron a un tal Santiago, un muchachito que es amigo del abogado defensor”, expone Cindy y menciona que el abogado de su papá intentó en numerosas ocasiones presionarla para que hablara con él y le permitiera hacer un documental de la vida de su papá, pero ella se negó rotundamente.

“Me dijeron incluso que este muchacho dijo que le va a dar 25 mil dólares a mi papá, pero yo consideré que mi papá necesitaba tranquilidad” agrega Cindy.

Lara Escobedo señaló que fue el propio César Fierro quien pidió que no se le notificara ni a Cindy ni al resto de su familia de que se encontraba libre y mencionó que Cesar firmó un documento en el que expresaba que quería irse “con la persona con la que se encuentra”. 

Expuso que fueron los abogados los que decidieron no dar a conocer a los medios de comunicación la libereración de Fierro.

Valeria Ramírez Siller, portavoz del Consulado de Mexico en Houston indicó que fue esa sede diplomática la que coordinó el traslado de Fierro a México.

“El Consulado General de México en Houston coordinó la repatriación del señor Fierro con las personas que él mismo designó para tal efecto y realizó las gestiones pertinentes para que al connacional, al ser liberado, se le proporcionara el medicamento y tratamiento médico prescritos por su doctor, en una institución mexicana,” aseguró.

Por su parte su abogado defensor, Richard Burr, aseguró que Fierro tiene un teléfono celular desde el mismo día en que salió de la cárcel y que depende de él si se comunica o no con su hija u otros familiares, Indicó que él está muy bien, y muy bien atendido. Declinó contestar el por qué no notificaron a Cindy Fierro de la salida de la cárcel de su padre.

“Después de 40 años en prisión y con severas enfermedades mentales diagnosticadas, debe ser muy fácil manipularlo: él no nos haría esto. Nadie lo ha apoyado por toda una vida como mi madre, mis hijos y yo” dice Cindy antes de romper en llanto.

Socorro Fierro, madre de Cesar Fierro y abuela de Cindy, a la que ella llamaba mamá, falleció de complicaciones con la diabetes e hipertensión el 24 de diciembre de 1999.

A continuación, la entrevista exclusiva con Cindy Fierro, testigo desde su niñez del calvario que vivió su padre en su paso por el llamado “pabellón de la muerte”, el área especial en Houston donde sobreviven aislados los condenados a la pena capital. 

En el diálogo, cuya versión íntegra se reproduce aquí, la entrevistada llama madre a su abuela paterna, quien se hizo cargo de ella desde la más tierna infancia.

Cindy, ¿cuántos años tenías cuando tu padre fue condenado a muerte?

“Desde que tengo uso de razón, tenía yo un año. Prácticamente crecí con eso, no tengo memorias de antes; todos mis recuerdos de él son a través de un cristal y en la cárcel. Nuestras conversaciones fueron siempre por un auricular de teléfono, Nunca tuvimos contacto físico, n una caricia, ni un abrazo entre padre e hija”. 

¿Cuáles son los recuerdos de tu padre en tu niñez?

“Las visitas a la prisión. Me acuerdo de que me hacía conejitos en con dos dedos en el vidrio; me preguntaba si había palabras que yo no supiera para ayudarme a traducirlas. Yo le inventaba que no sabía cosas para que él pudiera explicármelas y se sintiera útil en mi vida. Le mandaba tareas para que me las corrigiera; lo hacía para hacerlo sentir bien.

Íbamos seguido a la cárcel. Cuando estaba el cónsul Gamboa Mascareñas en El Paso nos financiaba para que fuéramos cada seis meses. Ya después cuando no recibíamos ayuda, mi mamá se ponía a vender ropa para pagar boletos a Huntsville. Nunca dejamos de ir. En ese entonces entre mis amigos estaban otros condenados a muerte mexicanos como Irineo Tristán, Ramón Montoya, Ricardo Aldape Guerra, con los que platicaba en el cuarto de visitas”. 

¿Cómo impactó a tu infancia el que tu padre estuviera preso con una condena de muerte sobre de él?

“No fue una infancia normal, tenía que ser fuerte para mi mamá porque se enfermó de diabetes y de alta presión por el estrés y los sustos, y yo buscaba hacerla sentir mejor siempre.  En la escuela tenía buenos amiguitos pero también había niños que sabían de mi papá y me hacían comentarios feos que me dolían, pero nunca dije nada para no darle más preocupaciones a mi mamá”.

¿Qué lugar ocupaba el tema de tu padre en pena de muerte en la dinámica de tu familia? 

“Todo el tiempo; hubo un periodo en que le fijaron fechas de ejecución muy constantes. En total tuvo 14 fechas; en mi casa había angustia, impotencia y tristeza. Nos avisaba normalmente el abogado que tenía entonces mi papá, Bruce J. Ponder o el cónsul Mascareñas. Inmediatamente el ambiente se ponía sombrío; mi mamá se ponía muy triste y se enfermaba. Yo igual, pero por dentro, no podía enseñarlo porque tenía que estar fuerte para ella.

Entonces comenzaban los planes para ir a verlo. Mi mamá siempre se quería ver bonita para visitar a mi papá. Llevaba ropa de colores porque pensaba que mi papá veía nada más el blanco de los uniformes de los presos o el gris de los custodios. Después, también mis hijos y yo hacíamos lo mismo. Cuando había fecha de ejecución las reuniones eran muy difíciles porque mi mamá sabía que era una de las últimas veces que vería a su hijo antes de que se lo mataran; le daba la bendición y le hablaba de Dios. Mi angustia era doble: porque era entre voy a perder a mi papá, y cómo estar fuerte para mi mamá.

Mi papá tiene un hermano, Sergio, pero él no era un apoyo para mi mamá porque tenía problemas de drogadicción y le daba muchos problemas. La hacía sufrir mucho”.

¿Cómo vive la familia la cercanía de la fecha de ejecución?

“Feo. Mi papá tuvo 4 fechas de ejecución muy cercanas; una de ellas se suspendió a apenas unas horas. Mi mamá quería entrar y mi papá no quería para no darle ese dolor; pero nosotros no queríamos que mi papá pasara sus últimos momentos solo; entonces él y yo acordamos que la que iba a entrar era yo.

Yo buscaba prepararme psicológicamente; me daba mucho miedo e impotencia a la vez, pero era más la preocupación de que mi mamá se podía descompensar. Cuando le suspendían la ejecución era un llanto de alivio, pero sabíamos que eventualmente le iban a fijar otra fecha y la angustia se repetiría”.

¿Qué lugar le diste a tu padre en tu familia después de que nacieron tus hijos?

“Comencé a llevarlos chiquitos a la prisión. Para mis hijos era su abuelito; así los enseñé y se encariñaron. Mis hijos nunca tuvieron una crítica; siempre lo trataron con respeto, con amor. Cuando lo visitábamos y eran bebés, los tenía ocho horas en la sala de visitas de la prisión; a veces ni comida podía meterles; pero lo hacíamos con mucho amor.

Mi mamá todos los días le mandaba una carta y cruzaba la frontera de Ciudad Juárez a El Paso a llevarla a la Oficina de Correos para que le llegara pronto; y a mí siempre me pedía mandar una también. Después, mis hijos le escribían seguido”.

¿Tenías la ilusión de que saliera libre?

“Sí, pero no lo miraba muy posible. Aun así, cuando murieron mis papás conservé la casa por si él salía; para que tuviera un lugar a donde llegar. Hace un año una pareja se metió a la casa por que estaba sola y no se quieren salir. Ya cuando le quitaron la condena de muerte, yo le escribí a la Junta de Perdones para que esperaran un poco a sacar a mi papá y yo tuviera tiempo de arreglar que la Fiscalía saque a los que se metieron a la casa y pudiera arreglarla para mi papá. Además, quería arreglar lo de los medicamentos porque va a necesitarlos por el resto de su vida; pero ya ves, él eligió otra cosa”.

¿Tuviste algún tipo de sistema de apoyo?

“Pues en los últimos años han sido mis hijos. Con el hermano de mi papá, Sergio, no se contaba; nos hacía pasar muchos corajes porque pedía dinero diciendo que era para mi papá y lo usaba en drogas. Pero conocí en el camino a gente que nos ha apoyado y que luego se volvió como familia. Desgraciadamente también se cruzaron en nuestro camino otras que yo creo han querido tomar ventaja de la situación. Te puedo hablar en especial de una persona que me ha ocasionado muchísimos malos momentos y al que por alguna razón los abogados le han dado un lugar prioritario, por sobre la familia.

Se trata de un estudiante de cine, un Santiago que hasta hace poco hacía comerciales. Esta persona vio el documental de “Presunto Culpable” y dijo a los abogados que quería hacer lo mismo con mi papá. Yo desde un principio desconfié de él porque se acercó a mí con mentiras y acosándome en mi propia casa. 

Cuando le dije que no hablaría con él, me mandó una carta haciéndose pasar por personal del Consulado Mexicano. Yo contesté al número que indicaba la carta, angustiada pensando que tal vez mi papá tenía fecha de ejecución, pero fue esta persona Santiago el que me contestó y me insistió en que hablara con él. Yo me enojé muchísimo. Como esto no le funcionó se presentó en mi casa y me tocó a la puerta e intentó sacarme una foto. Después se plantó frente a mi casa y su acompañante en la puerta trasera. Los dos con cámaras fotográficas. Se fue cuando una amiga le dijo que iba a llamar a la Policía. Después me mandó cartas.

Yo le llamé al abogado de mi papá para decirle lo que había pasado, y a pesar de ello el abogado insistió en que lo recibiera, a tal grado, que sentí que me estaba presionando. Se enojaba mucho cuando le decía que no. Como si no fuera suficiente el tener a mi papá con pena de muerte…”

¿Qué ocurrió para que a tu papá se le otorgara la libertad? ¿Se determinó que es inocente?

“No. Hubo un acuerdo entre el abogado de mi papá y el Procurador del Distrito de El Paso para dejarlo salir. Acordaron que el abogado presentaría una apelación, con el argumento de que en la fase de sentencia no se presentaron suficientes elementos mitigantes para salvarlo de la pena de muerte. El fiscal ya no iba a invertir recursos de la Ciudad para retenerlo y dejaría que mi papá saliera. Entonces habría una audiencia para dictarle otra sentencia.

¿Tuvo tu papá esa audiencia?

“Sí, para entonces ya le habían quitado a mi papá la pena de muerte, y la jueza le dio cadena perpetua con posibilidad de fianza a los 20 años en prisión; mi papá ya tenía 40 en la cárcel. De esa audiencia nunca me informaron, ni el abogado ni el consulado. Me enteré por una periodista que me dio la fecha y me informó de que mi papá podía quedar libre. Ya después el abogado me dijo de un cambio de fecha de la Corte. Desde luego, aunque no fui requerida yo me presenté”.

¿Se apeló también el fallo de culpabilidad?

“No, nada más la sentencia”.

¿Te prepararon los abogados para la salida de tu papá?

“Después de la audiencia los abogados me dijeron que ellos se iban a reunir con personal del Consulado Mexicano y que no creían que yo quisiera estar presente. Yo me impuse en su junta.

Cuando entramos todos se felicitaban y decían, ¡Lo hicimos!; y yo pensaba: ‘pero cuál fue su logro, lo están sacando como culpable; en realidad el fiscal lo esta dejando salir….’.

Dijeron que la Junta de Perdones les había pedido un plan para cuando saliera libre. 

Y comenzaron a hablar como si yo no existiera de que ya esta persona, Santiago, había conseguido que le dieran a mi papá un trabajo en un Starbucks y que lo aceptaran por un mes en la Casa del Migrante en Ciudad Juárez.

Ahí fue donde yo los paré en seco para decirles: “Mi papá tiene familia. No es un huérfano para que lo quieran mandar a un albergue. Él va a venir conmigo cuando salga y no me parece muy realista que mi papá pueda trabajar en un Starbucks. Mi papá tiene 40 años en la cárcel, está diagnosticado con psicosis severa, disfunción social, paranoia y las recomendaciones médicas indican, además de la importancia de sus medicamentos, el que no esté en donde hay mucho ruido o manejando máquinas. Y salió como culpable de un asesinato. No veo muy factible que esté en condiciones de atender gente y preparar cafecitos”.

Le recordé al abogado que ese tipo que hace comerciales me había mentido y me había acosado y lo quería lejos de nosotros. Pero ahí entendí que lo que buscaban era que, al salir mi papá, lo pusieran en manos de esta persona Santiago para que él hiciera su video; y que por eso estaban haciendo a un lado a la familia. 

Unas semanas después los abogados que son de Houston regresaron a El Paso y dijeron que me querían ver. Trajeron con ellos a este Santiago e insistieron en que hablara con él. Yo no fui. Llegó un momento en que los abogados me buscaban nada más para que hablara con esta persona y comencé a sentirme acorralada. A mí me interesaba hablar de mi papá; no hablar de esta persona. Me parecía que para ellos era lo más importante. Le pedí a una amiga que asistiera a la junta. A ella le pidieron que tratara de convencerme de hablar con este muchacho”.

¿Por qué la insistencia con esta persona?

“En realidad, no lo sé. 

Querían que hablara únicamente con él. Incluso me dieron instrucciones de que no hablara con ningún periodista ni cineasta, incluyendo a la autora del libro “El Protocolo de la Muerte” [Patricia Giovine], a la que tanto mi papá como yo le tenemos confianza y le dimos los derechos de nuestra historia. Ellos mismos hablaron muy bien del libro cuando fue publicado.

El abogado me dijo que otras personas que hacen cine les habían pedido mis datos y él les dijo, sin consultarme siquiera, que yo me había negado. Insistía en que hablara nada más con esta persona, Santiago. Yo creo quería darle la exclusividad, y no necesariamente por dinero, sino a la mejor para ayudarlo a despegar con el video de un condenado a muerte, porque decía que era como un hijo”.

Háblanos de la salida de tu padre de la cárcel.

“No me enteré de cuándo salió. Yo le enviaba cartas y no las contestaba; me preocupé y entonces usé mis ahorros para viajar en agosto de este año de El Paso a Huntsville, Texas, a verlo. En la cárcel me dijeron que ya había salido desde el 14 de mayo. Ya estaba libre desde hacía tres meses y yo no había sido enterada. Ni yo ni nadie de su familia.

Y no me lo explico: los abogados tienen mi número, el Consulado de México también, pero casualmente al que si le avisaron fue a esta persona de los comerciales. Siento que no solo no nos avisaron de su salida, sino que nos lo ocultaron. Imagino que quisieron impedir que mi papá y yo nos reuniéramos, que lo llevara a casa con su familia y le impidiera a esta persona verlo. Si mi papá dijo que no nos avisaran seguramente es por que ellos lo manipularon”.

¿Te dio gusto que finalmente fuera libre?

“En principio sí, pero inmediatamente sentí una desilusión y una tristeza muy grande por la forma en la que pasaron las cosas. Imagínate, después de 40 años visitándolo, haciéndolo parte de mi vida y de la de mis hijos; de estar ahí apoyándolo en cada una de sus fechas de ejecución y cuando sale libre nadie nos avisa.

Él tiene una familia: a mí, a sus nietos; tiene más familia en El Paso-Ciudad Juárez, y él está enfermo, no tiene la capacidad de decidir lo mejor para él, y se lo entregaron a esta persona, Santiago, que sin avisarnos se lo llevó a otro lugar para hacer su proyecto; que quiere hacerse de un nombre usando a mi papá, sin importarles a él ni a los abogados que provocaron una grieta en la relación de padre e hija, que a pesar de las circunstancias era cercana y bonita.

Me dolió que para salir mi papá aceptó que es culpable, cuando los abogados tienen testimonios que pudieron haber probado que es inocente, y el abogado tomó el camino fácil para sacarlo más rápido. Al sacarlo culpable, le cerraron a mi papá la posibilidad de quedarse en Estados Unidos y de que el Gobierno le ayudara con sus medicinas; así como la posibilidad de tener una vida digna”.

¿Las autoridades de Texas, no se comunicaron contigo tampoco para decirte que tu papá estaba por salir?

“Fíjate que en los días en que mi papá salió, recibí una llamada de alguien que me decía que era de una cárcel y que necesitaban a un familiar para dejar salir a mi papá. Desconfié, porque este tipo Santiago ya me había contactado una vez con mentiras. Le hablé entonces a un miembro del equipo del abogado y le pregunté si podía confiar en que esa llamada era verídica. Él me dijo que no les contestara, que no creía que fueran de la cárcel.

Ahora se que sí eran, y que esta persona lo sabía pero no querían que yo lo sacara”.

¿Tu papá se ha comunicado contigo?

“No. Dicen que tiene mis datos y que es él el que no quiere, pero no sé si lo estén manipulando para que no me llame, porque sabe que me lo traería conmigo y no podría usarlo en sus presentaciones. Tengo entendido que esta persona quiere llevar a mi papá a los lugares a donde va a presentar su video para atraer a gente. Y me enoja mucho que haya impedido que esté con su familia, porque pienso que lo quiere exhibir, que sea su gancho para que la gente vaya por morbo a ver su video”.

¿Qué vas a hacer?

“Nada. Se niegan a decirme en donde lo tienen. Imagino que cuando ya no le sirva a ese muchacho lo va a dejar en un albergue. Yo estoy buscando asesoría legal porque no tienen ni mi papá ni él mi autorización para hablar en su documental ni de mis hijos ni de mí; y mucho menos de publicar fotos nuestras; especialmente las que le podamos haber enviado a mi padre estando él en prisión”. 

¿Algo más?

“Me da tristeza que después de mi infancia en cárceles para visitarlo y hacerlo sentir que no estaba solo, y mi vida como adulta incluyéndolo y apoyándolo primero con mi mamá y luego con mis hijos, de la angustia; de escribir cartas hasta a los presidentes para que se detuvieran una tras otra las fechas de ejecución, de desgaste emocional, me hayan negado el momento tan esperado de verlo salir de esa cárcel. Un momento que debió ser de reunificación familiar, de los primeros abrazos de padre-hija, abuelo-nietos.  

Ojalá que su video valga la pena, porque a nosotros nos costó mucha desilusión y provocó una fisura muy honda en la relación.

Y lo hago a él, Santiago, y a los abogados, responsables de lo que pueda pasar en adelante con mi papá. Finalmente fueron ellos los que rompieron el lazo con su familia.

A mi papá le digo: Estoy desilusionada, pero lo quiero. Cuídese siempre, y no permita que lo sigan usando”.