Escaparate

Exorcismos: ¿Qué dice la ciencia al respecto?

Existen dos tipos

Agencias

miércoles, 30 octubre 2019 | 18:46

Aunque diversas culturas practican exorcismos, en Occidente resulta casi inevitable asociar la práctica del exorcismo con la Iglesia católica. Por Guadalupe Alemán Lascurain

 Regan MacNeil, de 12 años de edad, se incorpora violentamente sobre su cama mientras un sacerdote le grita: “Por la señal de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo”. 

De pronto, la cabeza de Regan gira 180 grados. Los ojos desencajados de la niña poseída miran fijamente al cura y toda la habitación comienza a temblar… aunque no tanto como los espectadores del filme. 

Los fans del género sabrán que me refiero a El exorcista, la famosa película de terror dirigida por William Friedkin en 1973 y basada en la novela de William Peter Blatty. Gran parte de su efectividad radica en que supuestamente está “basada en hechos reales”. Pero ¿qué dice la ciencia al respecto? 

Cuestión de fe

 La palabra exorcismo proviene del griego antiguo exorkismos, literalmente: “obligar mediante juramento” o “conjurar”. Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa “conjuro contra el demonio”. 

Para los católicos, el diablo es un dogma de fe: una verdad que están obligados a creer porque se apoya en la autoridad divina. Pero el dogma no se refiere a un diablo metafórico o a una filosófica “ausencia del bien”, no: se trata de Lucifer y de sus secuaces. 

De acuerdo con la misma fuente, existen dos tipos de exorcismos:

El primero, llamado “exorcismo simple”, es el que se reza durante el rito del bautismo.  Mientras que el segundo es el exorcismo solemne, que sólo puede ser celebrado por un sacerdote con permiso del obispo. El Vaticano puede otorgar formalmente a un sacerdote el oficio de exorcista. 

¿A quién vas a llamar?

Uno de los exorcistas más famosos del mundo fue el padre Gabriele Amorth, fundador de la AIE o Asociación Internacional de Exorcistas (que cuenta con uno 250 afiliados en 30 países) y autor de varios libros, entre ellos Un exorcista cuenta su historia y Más fuertes que el mal. 

En marzo de 2010, cuando tenía 85 años de edad, Amorth declaró que había realizado alrededor de 70 mil exorcismos a lo largo de su carrera, lo cual implica un promedio de diez exorcismos al día. 

“Soy el único exorcista que trabaja siete días a la semana, desde la mañana hasta la tarde, incluidas Nochebuena y Semana Santa”, declaró el padre al diario español La razón.

Entonces, ¿debemos creer que una persona poseída por el demonio blasfema con voz gutural y se retuerce cual tlaconete con sal cuando le presentan un crucifijo? De acuerdo con Amorth y sus colegas, sí.

 Imagen: Getty

 © Proporcionado por Editorial Televisa S.A. de C.V. Imagen: Getty 

Los demonios de la mente

 Ahora bien, puesto que el tema que nos ocupa da pie a la incredulidad, los voceros oficiaes de la Iglesia católica suelen ser cautelosos cuando publican sus embates contra Satán. 

 Ya desde 1608, el monje italiano Francesco Maria Guazzo, autor del tratado demonológico Compendium Maleficarum (Compendio de las brujas), expresó la dificultad de distinguir entre las posesiones satánicas y los síntomas de algunas enfermedades mentales. 

 Basta con revisar someramente la historia de los exorcismos para sospechar que, mientras más progresos se hacen en los campos de la neurología, la psicología y la psiquiatría, más pruebas existen de que las supuestas posesiones satánicas no son sino manifestaciones de trastornos mentales.  

 En 1791 el doctor Eberhard Gmelin tuvo a una paciente alemana que alternaba entre dos personalidades distintas, una de las cuales hablaba francés sin que la paciente hubiera aprendido ese idioma. 

 Lejos de asumir que esta xenoglosia (“hablar en lenguas extrañas”) era obra de Belcebú, Gmelin abordó el asunto a la luz de la medicina. Así dio con el primer diagnóstico conocido de un trastorno de personalidad disociativo.  

 “Posesión demoniaca” codificada por la OMS

 La Organización Mundial de la Salud considera que la “posesión demoniaca” es una forma del trastorno disociativo que antes recibía el nombre de histeria. Está codificada dentro de la clasificación internacional de enfermedades mentales (CIE) como F-44.3, trastorno de trance, o F-44.81, trastorno de personalidad múltiple, y es también conocida como “demonopatía” o “demonomanía”.

La maligna ignorancia

Existe la certeza de que los enfermos aquejados por la demonopatía sí viven un infierno, frecuentemente agravado por las supersticiones de quienes intentan “liberarlos”. Es bien sabido que la película El exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson, 2005) estuvo basada en un caso real. 

Lo que algunos eligen olvidar es que la paciente verdadera, una joven alemana llamada Anneliese Michel, murió desnutrida y deshidratada después de haber sido sometida a un exorcismo. Tanto los curas que la exorcisaron (con permiso del obispo) como los padres de Michel, fueron acusados de homicidio negligente. Un filme que narra el mismo caso es Requiem: el exorcismo de Michaela (Hans-Christian Schmid, 2006). 

La historia es una de las más célebres, pero por desgracia no se trata de la única. 

Por lo tanto…

En suma, sólo hay dos maneras de responder a la pregunta “¿existen las posesiones demoniacas?”. La primera depende de la fe. Una de las consignas de la Iglesia católica reza así: “el mayor triunfo del diablo consiste en hacer creer a la gente que no existe”. Como falacia lógica es irrefutable, justo porque opera fuera de las reglas de la razón. 

¿Cómo discutir lógicamente la idea de que Satán sí es real y posee a las personas, pero que convenientemente se oculta detrás de un diagnóstico psiquiátrico? Imposible entonces. Pero llevando la discusión al terreno de la ciencia, queda claro que todavía nos queda mucho por saber acerca de los misterios de la psique humana. 

Sin embargo, hasta ahora todos los casos bien documentados de supuesta “posesión satánica” pueden atribuirse a una desafortunada combinación de trastornos psiquiátricos, perversidad humana, sugestión mental e ignorancia. 

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Texto publicado en revista Muy Interesante. Ed.10, 2016