Espectáculos

Javier Bardem: Hombre selectivo

El español afirma que le divierten las competencias pues lo obligan a contender con gente que realmente admira. Estrena El buen patrón y Being the Ricardos

Agencias

Excélsior

domingo, 09 enero 2022 | 06:55

Mientras España dejó fuera del Oscar a Penélope Cruz con la dirección de Almodóvar en Madres paralelas, la postulación española quedó en familia al elegir a Javier Bardem con la tragicomedia El buen patrón. Y mientras Penélope estrena en Hollywood Agentes 355 con Lupita Nyong’o y Jessica Chastain, competirá en las mismas salas de cine contra Javier, con la historia de Lucille Ball y Desi Arnaz en Being the Ricardos, con otra segura competidora del Oscar como Nicole Kidman.   

¿Qué tan incómoda fue la conversación en casa cuando Penélope Cruz se enteró que en España eligieron tu película para competir en el Oscar en vez de ella y Pedro Almodóvar con Madres paralelas?

Fue una situación muy extraña (haber sido elegido para representar España en el Oscar con El buen patrón), eso seguro. Porque también conozco bien a Pedro. Lo amo y me encanta también su película. Además, tengo muy buenos amigos en esa producción de cine también. Pero claro, mi esposa estaba del otro lado. Digamos que no hablamos para nada del tema.

Pretendimos que no pasó nada aquel día que lo anunciaron. Y fue como decir: “Lo siento, querida”. Pero claro, ella se puso bastante triste. Obvio, tiene sentido. Pero también estaba el lado feliz. A ella también le gustó nuestra película y hubiera sido lo mismo conmigo, me hubiera puesto triste si no nos hubieran elegido, pero feliz por Almodóvar. Es muy difícil comparar las dos producciones. Y ya bastante cansado es estar en esta carrera de tanta competencia. No me parece justo. Son dos películas totalmente diferentes. Y tuvimos suerte de haber sido elegidos.

El buen patrón sólo fue elegida por España para ser postulada. Ahora tienen que ser elegidos entre más de 90 países. ¿Qué significaría para Javier Bardem conseguir ahora la nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional?

Estoy muy orgulloso y muy comprometido de poner la bandera con el nombre de España en el cine porque es una industria que tiene artistas increíbles y gente con una asombrosa calidad técnica y artística. Muchos otros se sorprenden cuando van a filmar a España por la calidad humana de la gente, que es algo muy importante. Y es hermoso  representar todo eso en la carrera del Oscar.

¿Y es pura coincidencia que hayan elegido El buen patrón, donde tu personaje se desespera por ganar otro estilo de premio?

Absolutamente (risas). Eso es lo que le pasa al personaje en esta película, al buen patrón, por todo lo que hace para conseguir un premio. Hasta tiene un lugar destinado en la pared para la placa de reconocimiento que quiere ganar. Y es un buen recordatorio de la ambición de algo que realmente no tiene mucho sentido, porque no hay razón para que él sea elegido como el más excelente de todos. Es algo imposible de elegir. Pero él cree que es la verdad y que se lo merece.

 

¿Las veces que te nominaron al Oscar o cuando ganaste no pensabas que te lo merecías?

Es un problemita, a mí me divierte todo esto de las grandes competencias porque obligan a competir con gente que realmente admiras. Y yo los respeto. Es muy divertido conocer gente en las ceremonias de premios, porque cada vez que estás ahí es imposible no saludar con: “Mi Dios, te aprecio tanto, que buena oportunidad de conocerte”, sin mentir. Yo siento que es una bendición estar cerca de gente que aprecio por sus trabajos, gente que inspira. Pero cuando piensas así de ti mismo, es un problema si crees que te mereces un premio por encima de los demás. Y es un poco lo que se siente en la historia de El buen patrón.

¿Y por qué crees que este personaje se merece una nominación al Oscar?

Como actor fue un desafío mantener tanto peso, pasar de tonos oscuros a un torneo de comedia, en una misma escena. Está todo muy bien escrito, pero como actor también hay que llegar emocional y físicamente. Ése fue el desafío. Además, estoy en todas las escenas. Y el final me parece que es una bomba para el público, con un silencio que te deja un mensaje profundo.

Como bien dice el título, Bardem es el buen patrón de una fábrica de balanzas donde trata a toda costa de solucionar los problemas personales de sus empleados, como si fuera don Corleone en El padrino. Pero en realidad sólo trata que los problemas no afecten el funcionamiento de la fábrica, justo cuando están a punto de entregarle un premio a la excelencia empresarial. Y la ficción se mezcla con la realidad cuando la misma producción de cine intenta competir por el Oscar en la categoría Mejor Película Internacional.

¿Es verdad que en la interpretación te inspiraste en verdaderos jefes malos y poderosos como Harvey Weinstein?

Es también una lectura sobre nuestra sociedad actual, por tanta obsesión con las redes sociales. ¿Qué hay detrás? ¿Cuál es la verdad? Pero sí, conozco gente así en España, es algo que se repite en todos lados y bien puede ser un perfil de Harvey Weinstein, por la forma de actuar y moverse. Es un poco lo que pasó con él.

¿Qué tan importante es seguir filmando en España cuando te siguen buscando en Hollywood para superproducciones como Being the Ricardos y Duna?

Es una obligación para mí. Y tampoco creas que soy muy selectivo con los trabajos en español. Soy selectivo, siempre, porque siempre tengo miedo y nunca estoy seguro de lo que hago. Necesito entender que estoy protegido, rodeado de una gran calidad. El buen patrón fue la primera producción de cine en España desde el pico más alto de la pandemia. Y ensayamos igual, con todos los protocolos de seguridad, para estar juntos y seguir con el rodaje, filmando sin un solo caso de covid.

En un fiel reflejo del nivel internacional de Javier Bardem, además de representar a España en el Oscar con El buen patrón, él también protagoniza en Hollywood la verdadera historia del cubano Desi Arnaz, con la posible nominación de Nicole Kidman detrás del impecable parecido a Lucille Ball. Pero Bardem también interpreta a uno de los temerarios líderes de la superproducción Duna, que seguramente figurará entre los próximos nominados a los Mejores Efectos Especiales, después de haber pasado por el Festival Internacional de Cine de Venecia, además de Toronto y Londres.

¿Es verdad que en la historia de Lucille Ball, que protagoniza Nicole Kidman, habías sido el que había llamado al director Aaron Sorkin para convencerlo que te contratara para el rol del esposo cubano Desi Arnaz?

Siempre quise trabajar con Aarón Sorkin.

¿Y es cierto que durante la prueba de casting te preguntó si sabías tocar guitarra y le dijiste que sí... sin saberlo hacer?

(Risas) Tampoco era algo esencial. Me preguntó si alguna vez había tocado guitarra y le dije: “¿Estás bromeando? Además, soy un experto bailando” (risas). Fue todo muy divertido. 

¿Y qué tanto sabías sobre Desi Arnaz... de verdad?

En España no es tan conocido como en Estados Unidos, pero yo sabía un poco de su historia. Y después, cuando empecé a ver los shows de Yo amo a Lucy quedé obsesionado con lo bueno que era como comediante, como productor y como persona.

Este año también participaste en Duna, que toca el tema del problema ambiental en el mundo.

El autor es un adelantado, por tanta preocupación sobre el planeta, con algo que hoy en día estamos enfrentando en la realidad, sabiendo que es algo que puede pasar en el futuro y que está pasando mientras estamos hablando. Eso da miedo. La solución es cambiar nuestra forma de pensar y cómo nos comportamos en este mundo. Es un cambio instantáneo en el estilo de vida de todos nosotros. Claro que da miedo, pero hay que hacerlo para evitar un desastre.

¿Todas estas producciones de cine las filmaste durante una pandemia que justamente requería la distancia social o cubrebocas imposibles de usar en un rodaje?

 Sí... y no te imaginas el miedo que tenía. Todavía tengo miedo. Nuestro mundo también ha cambiado. Hace un año sabíamos mucho menos de lo que sabemos hoy, no teníamos la vacuna y era también la primera vez que yo salía de mi casa con el rodaje de El buen patrón. Me llevó tiempo ganar confianza.  Me llevó tiempo dar el gran paso de fe. Fue un gran esfuerzo.