Las letras de Yayis. El amor más puro

Todos deberían tener por lo menos un amor eterno, dentro de lo efímera que es esta vida

De la Redacción
martes, 19 febrero 2019 | 14:47

El pasado jueves, fue Día de San Valentín, como todos sabemos, se celebra el amor y la amistad. Ese día siempre viene a mi mente el hermoso recuerdo de un pequeño hablando con su madre, la miraba como si fuese una diosa, la mirada de ella hacia él era cual si estuviese presenciando un milagro. El pequeño le preguntó a su madre el motivo por el cual todo mundo cenaba en pareja, y por qué todo estaba decorado con corazones. Por un momento creí que ella hablaría de la historia de aquel sacerdote que casaba en secreto a los enamorados desafiando al emperador, quien lo había prohibido, pero no fue así, ella se remitió a contestar que era el Día del Amor.

Todos deberían tener por lo menos un amor eterno, dentro de lo efímera que es esta vida, con el cual recordar ese día, o con quien celebrarlo. Un amor incondicional, un amor perfecto. Podría jurar que escuché mi propio corazón romperse cuando el pequeño le preguntó a su madre el motivo por el cual ella no tenía un amor así. Incluso sospechó de que su madre lo hubiese invitado a él a cenar a falta de contar con un amor verdadero. Ella guardó silencio mientras miraba a su hijo dulcemente. Luego le acarició su manita y de sus labios salieron las más hermosas palabras que un niño pudiera escuchar jamás.

-Hijo mío, no necesito un hombre a mi lado para conocer el amor verdadero. Tú eres mi amor más puro, es tu amor el cual estoy celebrando el día de hoy, la bendición de tenerte me hace creer en todos los tipos de amor que existen en el universo de un corazón. De todas las parejas aquí cenando, tú y yo somos los que más se aman, mira los ojos de cualquier mujer y dime cuáles brillan más que los míos. Todos los años seremos tú y yo, cenando, festejando todo el amor que nos tenemos, desde el día en que nuestras miradas se cruzaron, hasta el día que nuestros ojos se cierren a la eternidad.

Sin embargo hijo mío, un gran día encontrarás una hermosa mujer digna de un amor como el que ahora sientes por mí, te vas a enamorar, entonces, vendrás con ella, y te brillarán los ojos cuando la mires, le darás flores, le tomarás la mano y serás un hombre muy feliz. Pero hijo mío, a mí.... Jamás me brillará la mirada como cuando te miro a ti.

La mujer tenía la voz entrecortada, parecía dolerle tan solo el hecho de imaginar aquel día en que ella fuera suplantada por otra mujer. Pero no lloró, al menos no lo hizo hasta que su hijo se levantó con prisa y se acercó a una de las mesas continuas, ahí, le pidió una flor a una de las mujeres que había recibido un ramo; la mujer sonriendo le concedió una rosa. El pequeño volvió extasiado con su madre, le entregó la flor y le dijo con el rostro iluminado: -Siempre seremos tú y yo mamá.

Siendo sincera, no se quién lloraba más, si aquella mujer abrazando a su hijo o yo cada año que recuerdo aquel día.

Dudo que ese hermoso Día de San Valentín, alguna mujer en el mundo haya sido más afortunada que esa madre, me parece imposible encontrar un hombre más amado que ese pequeño niño.

Supongo que todos los seres humanos tenemos algún recuerdo grabado en el alma, memorias del corazón que jamás se olvidan. Cada San Valentín se emiten suspiros cual si fuesen besos que vuelan atravesando el aire y traspasando el tiempo y besan a ese ser tan amado cuya distancia duele tanto.

Aquel inolvidable día, esa peculiar pareja perfecta en ese restaurante, éramos mi hijo y yo. Todos y cada uno de los días de mi vida mis suspiros se envían a mi hijo, quien hizo de mi soledad el más hermoso día del amor y la amistad. Y con quien vivo un 14 de febrero eterno...


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