Espectáculos

Mi héroe de lágrimas valientes

Las letras de Yayis

De la Redacción

lunes, 17 junio 2019 | 16:10

Normalmente la mayoría de las historias comienzan con algunos clichés como "Érase una vez", pero las verdaderas historias, las que son reales y creíbles, las más hermosas, comienzan en día común, con gente común, en un lugar común. 

La nuestra comenzó en un hospital, cuando abrí los ojos para conocer la vida, unos brazos masculinos y protectores me abrazaron y sus ojitos se encontraron con los míos. Ahí creí en el amor a primera vista. Jamás en el mundo ha habido un hombre tan fuerte y duro que se enterneciera más que aquel que sostenía a su hija en brazos, ese que se convertía en padre por primera vez, el día en que yo nací. 

Fue entonces cuando supe que existían los súper héroes, los hombres fuertes que te protegen el alma y nada puede hacerte daño porque él existe. Mi hombre de ojos verdes. Un universo de amor se esconde siempre en su tierna mirada. Por muchos años su amor nutrió mis raíces, por muchos años sus consejos forjaron mi carácter, por muchos años sus brazos me protegieron. 

Hoy mis ramas han crecido y cobijan con su sombra retoños nuevos, pero él siempre me será indispensable, su consejo aún es brújula en mi vida. Cuando pienso en amor, fortaleza e integridad, pienso en él, cuando la vida se vuelve difícil de amar, lo recuerdo a él y la vida me sonríe. Le admiro y le respeto, ha sido mi guía y mi amigo, mi consuelo y mi consejo, mi ejemplo y mi maestro, por eso, por su lealtad y su infinito amor y por una serie de inexplicables razones lo amo más allá de su entendimiento y más allá de mi razón. Él me da la certeza de que me cuidará el corazón hasta su último aliento, yo le creo.

Este hombre del que hablo, ahora porta canas y se ha cansado un poco de la prisa del tiempo, pero nada ha menguado la fuerza de su alma. Este hombre del que hablo, ha perdido un poco la sonrisa, pero aún hace felices a quienes lo rodean. 

Este súper héroe ha sido para mí, árbol de raíces profundas, no importa el ángulo por donde yo lo observe, jamás me da la espalda. Ha perdonado mis errores, ha sido amorosamente firme, me ha amado hasta el extremo de otorgarme libertad absoluta para volar lejos, pero su amor siempre me detiene, no se como hace para mantenerme voluntariamente cerca. 

Su amor es fiel, es constante, es permanente. Su amor es limpio, puro y bueno. Él me da la certeza de que estará a mi lado hasta el final de su vida o hasta el final de la mía. Me ha heredado en vida infinito amor, conocimientos y recuerdos. Él está en mí y yo en él, como gotas de agua que al fundirse forman una sola. Somos almas gemelas desde que nuestros ojos se cruzaron. 

Mi viejo es fuerte roble que ni los vientos más temibles han logrado derrumbar, pero cuando formé mi hogar y dejé el suyo, lo vi llorar, la bendita mañana en que tuve un hijo, lo vi llorar. Desde que la vida le regaló esos momentos que le tocaron el alma, se hizo consiente de lo efímera que es la vida y constantemente lo veo llorar. Entre más pasa el tiempo, más veces me ha tocado ver sus ojitos del color de la aceituna llenos de agua tibia. 

Uno jamás nota el pasar del tiempo hasta que éste te golpea en el rostro, uno jamás se imagina a sí mismo en la vejez, hasta que ésta te llega por sorpresa y una mañana la ves cara a cara cuando miras el espejo. Desde ese día te vuelves nostálgico, amorosamente nostálgico, añorando aquellos años que la vida te robó. Así es él... nostálgico. 

Lo veo mientras me observa y creo saber lo que esta pensando. Apuesto a que una serie de recuerdos de mi infancia hacen que el océano se traslade a sus ojitos... Y lo amo más, es como sentir en el alma una dolorosa ternura y unas hirientes ganas de devolverle la juventud, la salud y la alegría. 

Ese hombre fuerte de lágrimas valientes, es mi Papá, el primer hombre que me amó y desde aquella primer sonrisa que me dio, hasta mi último latido, estaré amándole. 

Feliz día del Padre, es un profundo orgullo ser tu hija. 

Yayis Rentería

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