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Vive odisea modelo refugiada

Posar desnuda le costó la condena de autoridades de su país, pero mantener su libertad en Europa ha sido más complicado

Reforma
jueves, 11 julio 2019 | 09:14
Tomada de Internet

Ciudad de México.- Negzzia, nombre artístico de una modelo iraní de 29 años, tiene claro que perseguir un sueño no es fácil.
Posar desnuda le costó la condena de autoridades de su país, pero mantener su libertad en Europa ha sido más complicado y la ha obligado a dormir en calles de París. A la capital francesa se mudó hace nueve meses, y, aunque en junio obtuvo el estatus de refugiada, asegura que por ahora no ha cambiado nada.
"Todos me iban echando de sus casas porque no me acostaba con ellos. Un día me decían que me amaban, y como no funcionaba, me recomendaban que me metiera en la prostitución", narra, en entrevista.
Tras huir de Teherán, donde posó desnuda y fue amenazada con recibir 148 latigazos y una pena de cárcel, viajó a Estambul. Allí trabajó un año como modelo, pero el conservadurismo también se impuso.
"Me teñí el pelo de rojo y la gente me gritaba por la calle. Las mujeres eran las peores, una incluso me mordió", revela.
Pensó que la sociedad francesa es mucho más abierta de mente, pero descubrió un mundo muy sexualizado.
"Un tipo me dijo que me iba a ayudar; me ofreció trabajo. Llegó mi visa y me llamó diciendo que todo estaba preparado. 'Ya están los boletos, pero la primera semana quiero alquilar una habitación preciosa frente a la Torre Eiffel. Tú y yo, pasando una semana maravillosa juntos", recuerda que le dijo.
"Nunca en mi vida me acostaría con alguien a cambio del éxito. Le dije que no, que si quería ayudarme lo hiciera, pero que no quería pasar una semana romántica con él. Me dijo 'OK, pues no hay trabajo', y me bloqueó".
Harta de las proposiciones indecentes que recibía por todas partes, y debido a que los ahorros con los que llegó a París en octubre de 2018 (5 mil euros, poco más de 100 mil pesos) iban disminuyendo, Negzzia se vio de la noche a la mañana sin familia, sin amigos y viviendo en la calle.
"La primera noche en la calle fue muy dura, pero por dentro me sentí mucho mejor".
Con sólo una maleta y una bolsa como equipaje, ha dormido varias semanas en bancas, con la protección de otras personas sin hogar y dejando sus pertenencias en hoteles cuyo personal se ha apiadado de ella.
Llegó a París confiando en encontrar trabajo gracias a las agencias, pero la falta de sus papeles de residencia y la necesidad de aclarar que era refugiada cada vez que le preguntaban le cerró muchas puertas.
Según cuenta, dedicó parte de la ayuda de 400 euros al mes que le da Francia para ir al gimnasio y mantener el físico, que es su pasaporte al trabajo. Ahí encontró amigos que le ofrecen resguardo y comida desinteresadamente y la han ayudado a dejar de lado pensamientos negativos.
"Me han llegado a proponer que sea stripper o prostituta. He tenido la tentación de suicidarme tres veces en París, de lanzarme a las vías del Metro", dijo a Le Parisien una vez.
Su perfil de Instagram, con 135 mil seguidores, es su única tarjeta de presentación para conseguir su sueño.
"Es mi cuerpo, sé quién soy y cómo vivo y haré con mi cuerpo lo que quiera hacer (...) Estoy orgullosa de mí misma porque peleo por lo que quiero, porque no me vendí. Y sigo teniendo un sueño: quiero demostrarme a mí misma y a la gente de mi alrededor que crecer no significa dejar de soñar".
Algunas agencias, como The Models Factory o Martine's Women, ya empiezan a contar con ella.