Estado
Especial

A 111 años del ‘encuentro memorable’

El 15 de octubre de 1909, Porfirio Díaz llegó a Ciudad Juárez para recibir a su homólogo de EU, William Taft, hecho que determinó la historia de México

Cortesía / El desfile oficial por la que hoy es la 16 de Septiembre
Cortesía / Uno de los anuncios del encuentro binacional
Cortesía / Fueron colocadas como adornos banderas de ambos países
Cortesía / El coronel William Howard Taft y el general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori

Luis Carlos Cano/ El Diario de Juárez

jueves, 15 octubre 2020 | 13:02

Ciudad Juárez ha sido a través del tiempo el centro de acontecimientos que marcaron la historia del país, como ocurrió hoy hace 111 años, el 15 de octubre de 1909, cuando el entonces presidente de la república, el general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, llegó a esta frontera para encontrarse al día siguiente con su homólogo de Estados Unidos, el coronel William Howard Taft.

Después de cuatro días de viaje en un ferrocarril especial con cinco carros, salido de la Ciudad de México, el presidente Díaz y su comitiva llegan a Ciudad Juárez el 15 de octubre; aquí, encabezados por el jefe político Félix Bárcenas, los juarenses lo reciben en un ambiente de fiesta en el que desfilan los masones, comerciantes y agricultores.

El encuentro entre Porfirio Díaz y William Howard Taft se suscita el 16 de octubre de 1909 primero en El Paso, Texas y luego en Ciudad Juárez, un encuentro que sin duda tiene una repercusión en todo el mundo, en los aspectos político y económico, dice el historiador Carlos Rocha Pineda, promotor cultural de Comunicación Educativa del Museo de la Revolución en la Frontera (Muref).

“Los dos presidentes contaban con una amplia trayectoria y el hecho de que se promoviera una reunión entre ambos ya era en sí un gran acontecimiento”, indica.

Para el encuentro se escoge el edificio de la entonces Aduana Fronteriza, hoy Museo de la Revolución en la Frontera, y es ahí donde se da el famoso acontecimiento; adicionalmente se adornan las calles y se remodela la Aduana para convertirla en un hermoso salón estilo francés.

Es en este inmueble donde el 16 de octubre de 1909 se da el encuentro entre el presidente de México, general Porfirio Díaz, y el de Estados Unidos, el coronel William Howard Taft, un abogado egresado de la Universidad de Yale, quien estaba de visita por Texas y busca la entrevista con el presidente Díaz, que se da en esta ciudad por la cercanía con El Paso, dice el historiador José Roberto Fernández Muñoz.

Incluso, comenta, para este encuentro se elaboran botones conmemorativos con las imágenes de los presidentes Díaz y Taft, así como las banderas de México y Estados Unidos.

Desfile en la calle Del Comercio

Durante la visita de ambos mandatarios, la calle Del Comercio, ahora 16 de Septiembre, es adornada: se instalan obeliscos estilo corintio, con águilas porfirianas y banderas de México y Estados Unidos, monumentos elaborados en la Ciudad de México.

Además, el piso es arreglado, se colocan 8 mil focos y se instalan mil 200 de otro tipo para alumbrar la calle y el edificio durante la visita de los presidentes.

El presidente Díaz se hospeda en la Aduana Fronteriza para preparase para el encuentro con Taft, que será al día siguiente.

A las 8:00 de la mañana del 16 de octubre, narra el historiador Fernández Muñoz, Porfirio Díaz se levanta y atiende algunos asuntos, se viste de gala, se pone 31 medallas en su traje, 15 de ellas extranjeras; a las 11:00 de la mañana cruza el puente internacional acompañado por el gobernador Enrique Creel y parte de su guardia presidencial, pasa la frontera y lo reciben con 21 disparos de cañón en El Paso, Texas.

Allá se reúne con el presidente estadounidense William Howard Taft en las oficinas de la Cámara de Comercio y el traductor es el gobernador Enrique Creel, que conoció a Taft en Washington.

Después se trasladan a Ciudad Juárez, a la Aduana Fronteriza; se había arreglado la sala principal con el techo en lámina troquelada a dos aguas que fue traída de Francia con un costo de 20 mil pesos, de lo cual se había encargado el embajador Francisco León de la Barra; la construcción es estilo Luis XVI.

Además se adorna la sala con 12 candiles instalados alrededor, hechos de vidrio cortado y traídos desde Austria, que entonces era el país del mejor vidrio; también colocaron seis columnas estilo corintio con apariencia de mármol. La decoración interior fue comparada con un pequeño salón de Versalles.

Cena con menú francés

Para la cena presidida por Díaz y Taft, el menú está escrito en francés, traen a un chef de Francia, Silvayn Dumont, que había cocinado para el rey Alfonso XIII de España y trabajó con el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre Mier, esposo de Amada, la hija mayor del presidente.

El menú en esta cena es de 7 tiempos, se sirve consomé, brochetas, espagueti, salsa de tomate, espárragos, pastel napolitano, vino francés, café y té.

La cena es en la sala principal, en cuyo centro está la mesa para 50 personas con los presidentes y el gobernador Creel, además de otras cuatro mesas para 25 personas cada una.

Tras la cena se hacen dos brindis, uno por cada presidente; las copas las regalaron ciudadanos de El Paso y están grabadas en oro con la fecha, 1909, y los nombres de los dos presidentes.

En este edificio que ahora es el Muref, los presidentes Díaz y Taft se toman una fotografía en el llamado salón verde, que se adornó con cortinas y tapices de ese color, además de las fotos de Benito Juárez y José María Morelos. Con ellos están los traductores, Archibald Wood con Taft y el general Pablo Escandón por parte de Díaz.

En este encuentro, que es a puerta cerrada, narra el historiador Carlos Rocha Pineda, promotor cultural del Muref, entre las situaciones que se tratan está la Política de Estados Unidos hacia Cuba y Puerto Rico, la Bahía Magdalena como punto estratégico y los rumores de que México forja una alianza con Japón.

Se aborda también la problemática de El Chamizal, así como el hecho de que Estados Unidos pide la eliminación de las vías férreas desde Salina Cruz, Oaxaca hasta  Coatzacoalcos, además de que se pide el apoyo de México para eliminar o invadir el canal de Panamá.

Lo más importante

Pero el punto más importante no está relacionado con estos problemas, indica el historiador: es algo más lo que inquieta a los estadounidenses en aquella época, y es nada más y nada menos que la edad de Porfirio Díaz, quien acaba de cumplir 79 años.

Además de eso, comenta Rocha Pineda, inquieta la edad del gabinete completo, que si bien tuvo un período de éxitos, aquellos científicos que vivían bajo el precepto de orden y progreso habían envejecido, y se dice que Taft, con 52 años, le viene a pedir la renuncia a Porfirio Díaz, pues quiere tratar con personas más jóvenes.

Después del evento en la Aduana, que se acaba a las 8:30 de la noche, Porfirio Díaz despide a William Taft y le dice: “hasta que nos volvamos a ver otra vez”.

Taft se va a El Paso a descansar, porque está haciendo una gira por el país, mientras que Díaz termina su agenda a las 10:00 de la noche, recorre el edificio de la Aduana, se sube al tren presidencial acompañado del gobernador Creel y se va a la Ciudad de México, luego de su estancia en este inmueble, el hoy Museo de la Revolución en la Frontera.

Recepción de rey

El encuentro entre Porfirio Díaz y William Howard Taft es un hecho sin precedentes, de ello quedan algunas fotografías memorables, varias de la Aduana con sus adornos y sus columnas, que se las llevaron acabándose el evento.

Pero lo que queda como un momento histórico, señala Rocha, es la fotografía y el video que se toma a Díaz y Taft en la entrada del edificio de la Aduana hoy Muref; esa fotografía muestra a los dos presidentes en todo su esplendor.

Una anécdota de ese momento es que al recibir Porfirio Díaz a Taft, éste se le acerca al oído y le dice: yo lo recibí como un hermano (esto en El Paso) y usted me recibe como un rey europeo; esto fue porque Díaz utilizó su traje de gala y parte de sus medallas que había recibido entre guerras que participó y reconocimientos por su labor como presidente.

Primera piedra del monumento a Juárez

Tras su llegada a Ciudad Juárez la tarde del 15 de octubre de 1909, y antes de la entrevista con el presidente estadounidense, uno de los primeros actos que preside Porfirio Díaz es colocar la primera piedra en donde se construiría el monumento a Benito Juárez; ahí el ingeniero Rómulo Escobar, director de la Escuela Particular de Agricultura “Hermanos Escobar”, da un discurso.

El monumento fue inaugurado el 18 de septiembre de 1910, un año después de iniciada la obra en la que se gastaron 150 mil pesos porfiristas.

El historiador Carlos Rocha comenta que Porfirio Díaz tenía la inquietud de conocer el lugar donde Benito Juárez había vivido durante su huida de los soldados leales al imperio de Maximiliano, es decir, este lugar arenoso, inhóspito, pero que donde su gente es fraterna y no hace distinción de razas ni credos, y en palabras de Juárez: “aquí no hay traidores”.

Y para celebrar los 100 años de la independencia que se juntaba con su cumpleaños, Porfirio Díaz se mandó construir un monumento alusivo a Benito Juárez, y fue la persona que puso la primera piedra para erigirlo.

Y fue uno de los aciertos más importantes de esa única visita del presidente en 32 años, hecho que determinó la historia de México y del mundo en ese momento.