Estado

Bertha, apache que vuela libre

Tras el secuestro de su hijo, la mujer comenzó una búsqueda incansable que la reencontró consigo misma y su cultura indígena

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / En Juárez, creó la asociación civil Ecocanis en honor a la perrita que le ayudó a mantener la esperanza de encontrar a Kevin
Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / Bertha logró reencontrarse con su hijo

Alejandra Gómez / El Diario de Juárez

miércoles, 29 diciembre 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.— A finales de los noventa, la vida de Bertha Flores cambió por completo: el secuestro de su hijo y su búsqueda incansable terminó por reencontrarla consigo misma y su cultura indígena, además la alentó a consolidar su misión de servir a los animales por medio de la constitución de una asociación civil que lucha por sus derechos. 

Nacidos de una madre chiricahua y de un padre rarámuri, Bertha y sus 9 hermanos crecieron educados dentro de la cultura mestiza, pero a partir de sus 30 años decidió recuperar la historia de su raíz apache e incluso alentó a uno de sus hermanos a la creación de un árbol genealógico en el que plasmaron la diseminación de sus antepasados por las tierras de México y Estados Unidos. 

Fue así como se reencontró con la historia de las tribus apaches que habitaron el sur de Nuevo México y Arizona, al norte de los estados de Chihuahua y Sonora, y su descendencia de los guerreros Cochise y Gerónimo que a finales del siglo XIX resistieron el control de los estadounidenses y lucharon por la sobrevivencia de su pueblo. 

Cuando su hijo Kevin Fleichnann, de entonces 6 años, fue sustraído de su escuela en El Paso, Texas, Bertha recurrió a los gobiernos de México y Estados Unidos para localizarlo, pero los años pasaron y no logró obtener ningún indicio de su paradero. Su desesperación la hizo terminar refugiada en un albergue para mujeres maltratadas de El Paso. 

Fue ahí cuando su historia comenzó a forjar un nuevo destino: en el albergue le asignaron a una pequeña perrita de nombre Princess Helen para que se hiciera cargo de ella durante el tiempo que estuviera en recuperación, pero sin darse cuenta el animal al que ella ayudaría a sanar terminó por darle la fuerza necesaria para continuar luchando por encontrar a su hijo. 

Al salir del albergue, Bertha viajó a reservas de comunidades apaches diseminadas en varias ciudades de Estados Unidos y por primera vez se relacionó con las prácticas de su cultura indígena. Sin embargo, aunque nunca renegó de su raíz mestiza, en las tradiciones de su pueblo encontró la sabiduría necesaria para hacerle frente a la pérdida de su primer hijo. 

“Estoy en el punto en que amo quien soy porque tuve que vivir mucho sufrimiento para llegar hasta aquí. Amo mi parte mestiza, pero me siento más indígena por lo espiritual. Fue el destino el que me trajo hasta aquí y aquí voy a estar”, dijo Bertha, de 52 años, quien habla español, inglés, alemán y navajo, una lengua indígena americana. 

En las reservas indígenas, Bertha aprendió el significado de las prácticas de su pueblo, como la razón por la que los hombres portan el cabello largo y únicamente lo cortan cuando tienen una pérdida, pues representa tanto su fuerza como su conexión con el universo, además de una pluma colgando del lado izquierdo de su rostro para hacer referencia a la purificación y su relación con la madre tierra. 

Después de sanar, Bertha regresó a Chihuahua y, luego de prepararse en cinco academias entre México y Estados Unidos, decidió formar parte de la Fiscalía del Estado con el objetivo de continuar con la búsqueda de su hijo desde este país, pero tras cuatro años de trabajo abandonó una vez más la tierra que la vio nacer y volvió a buscar refugio en las reservas indígenas. 

Finalmente, con el paso de los años, decidió regresar a Ciudad Juárez, el lugar al que se mudó en compañía de su familia cuando apenas tenía 6 años y donde estudió Bellas Artes, y aquí creó la asociación civil Ecocanis –el único albergue registrado oficialmente en el estado– en honor a la perrita que le ayudó a continuar con la esperanza de algún día encontrar a su hijo Kevin. 

También fue en esta ciudad en la que Bertha Flores, a pesar de todo pronóstico, hace siete años logró reencontrarse con su hijo y supo que durante todo el tiempo que estuvo lejos vivió en Francia en compañía de su padre biológico, quien lo sustrajo del país. Además, fue aquí donde Bertha comenzó una nueva vida bajo el lema navajo “dah he tih hi” que significa “volar libre”. 

Para saber

-Bertha, de 52 años, habla español, inglés, alemán y navajo

-Creó la asociación civil Ecocanis, el único albergue registrado oficialmente en el estado