Estado

El muro invisible de Estados Unidos

Sus historias narran parte de lo que han vivido más de un millón de migrantes expulsados de Estados Unidos a México

Hérika Martínez Prado / El Diario

sábado, 18 septiembre 2021 | 05:00

Primera de 3 partes

Dina tuvo que huir tras ser amenazada de muerte por las maras, a Kate la intentó matar su exmarido, Luis Javier quiere trabajar para hacerle una casa a su familia, a Isabel la abandonó su esposo con sus cinco hijos en una comunidad indígena, el esposo de Eilín no cedió a colaborar con un grupo criminal y Laura fue engañada y endeudada por una red de coyotaje. Todos ellos buscaban llegar a Estados Unidos, pero se toparon con un muro invisible llamado Título 42.

Sus historias narran parte de lo que han vivido más de un millón de migrantes expulsados de Estados Unidos a México desde el 21 de marzo de 2020, cuando de conformidad con el Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos, el entonces presidente Donald Trump determinó que debido a la existencia del Covid-19 en México y Canadá existe un grave peligro de que se siga introduciendo el virus a su país.

Pese a los exhortos de organizaciones como Naciones Unidas, el gobierno de Joe Biden continúa con la política del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), bajo la cual la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) prohíbe la entrada de los migrantes con el argumento de que representan un potencial riesgo para la salud pública.

El pasado 16 de septiembre, el juez Emmet G. Sullivan ordenó a la administración de Biden terminar con la política del Título 42 hacia las familias migrantes con hijos menores. Sin embargo, el fallo no entrará en vigor durante 14 días.

“Si la administración de Biden apela la decisión, es posible que no veamos cambios en el terreno de inmediato […] Lo que hemos sabido desde el principio es que el Título 42 se implementó ilegalmente para impedir que los migrantes accedan a su derecho a buscar asilo. Nunca se ha tratado de salud pública. Nuestras comunidades fronterizas tienen los recursos y el corazón para recibir a las personas con dignidad, pero la administración de Biden debe tomar medidas esenciales para restaurar el asilo en la frontera”, externó el Hope Border Institute o Instituto Fronterizo Esperanza.

Según cifras de CBP, desde el 21 de marzo de 2020 han sido expulsadas a las distintas fronteras de México un millón 43 mil 353 personas; 129 mil 231 de ellas fueron devueltas a través del sector El Paso, de octubre de 2020 a julio de 2021.

A dichas cifras se le suman las más de 100 personas que ha expulsado diariamente Estados Unidos a Ciudad Juárez desde el 28 de julio pasado, después de que ingresaron por el Valle de Texas y fueron trasladadas en los llamados "vuelos paralelos”, de Brownsville a  El Paso. 

Las causas de la migración

De acuerdo con el estudio denominado Matriz de Seguimiento de Desplazamiento “DTM Retornados a México bajo Título 42”, realizado por la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas (OIM), el 64 por ciento de los mexicanos que fueron expulsados de Estados Unidos salieron de su lugar de origen en busca de oportunidades económicas, el 19 por ciento por motivos de seguridad y el 17 por ciento para reunirse con su familia.

Según las estadísticas de CBP, del total de los migrantes que son devueltos por el sector El Paso el 30 por ciento son mexicanos, seguidos del 24.21 por ciento de Guatemala, 9.20 de Honduras, 3.9 de El Salvador y 32.82 por ciento de otras nacionalidades, entre quienes se encuentran oriundos de Nicaragua, Venezuela, Cuba y Ecuador. 

Sin embargo, quienes están siendo trasladados en aviones de Brownsville a El Paso y luego son dejados a la mitad del puente internacional Lerdo-Stanton son centroamericanos, en su mayoría mujeres solas con sus hijos pequeños, originarios principalmente de Honduras, informó Alex Rigol, coordinador en Ciudad Juárez de la OIM.

Amenazas de muerte

Dina de 33 años de edad, es una de esas madres que tuvieron que huir de Centroamérica con la esperanza de lograr el asilo en Estados Unidos, sin saber que podrían ser expulsadas a México.

Ella vivía con sus dos hijos de 9 y 11 años de edad en Honduras, en donde una pandilla mató a su tío y cuando la familia fue con las autoridades en busca de justicia, todos fueron amenazados de muerte.

“Era como mi hermano, era mi tío, él y yo crecimos juntos. A él lo fueron a amenazar y él no salió de Honduras porque pensó que no lo iban a matar, y lamentablemente lo mataron. A los días, por querer nosotros hacer justicia, toda la familia (fuimos) a poner denuncia, a investigar, y a todos nos amenazaron de muerte. A mí, llegaron a mi negocio a correrme prácticamente, era ‘o te sales o te mueres’. Eso es duro porque uno no se explica por qué le pasan estas cosas, si uno trabaja humildemente para salir adelante”, narra entre lágrimas.

Dina, de 33 años y madre de dos, huyó de Centroamérica con la esperanza de lograr el asilo en EU 

Dina y sus hijos salieron de su país el 5 de agosto, sin un “guía”, como llaman en Centroamérica a los traficantes de personas. Ella les dijo a sus hijos que iba a buscar un mejor lugar para ellos y que trabajaría para su educación, cuenta tras ser enviada a esta frontera.

A través del estudio basado en más de un millar de testimonios, la OIM analiza las principales consecuencias humanitarias que enfrentó la población migrante tras la aplicación de la norma Título 42. 

De acuerdo con su encuesta, mientras que el 80 por ciento de los migrantes mexicanos expulsados del vecino país son varones, en el caso de los extranjeros el 66 por ciento son mujeres. El uno por ciento de los participantes se identificó como parte de la comunidad LGBTI+, y del total de las mujeres encuestadas el 5 por ciento se encontraban embarazadas al momento de migrar y ser expulsadas de Estados Unidos.

El principal rango de edad es de los 21 a los 30 años, seguido de los 31 a los 40 años. De acuerdo con las autoridades locales, la mitad de quienes llegan desde el Valle de Texas son niños que viajan acompañados sólo por su mamá o su papá.

En el caso de las mujeres mexicanas, el 11 por ciento cruzaron la frontera para resguardar su vida, mientras que el 59 por ciento de los hombres lo hizo en busca de trabajo. 

De las mujeres mexicanas que dijeron huir de sus lugares de origen por motivos de seguridad, el 18 por ciento fue a causa de la delincuencia, el 22 por ciento tras la presencia de personas armadas en sus viviendas, negocios o comunidades, el 4 por ciento tras haber presenciado enfrentamientos entre grupos armados, y el 11 por ciento porque eran víctimas de violencia de género.

Violencia familiar

Kate Funes, de 28 años de edad, logró sobrevivir a un feminicidio en Honduras, en donde estuvo casada tres años con el padre de su hijo, de quien se divorció hace cinco años por violencia familiar. Sin embargo, las agresiones continuaron aun estando separados. 

Kate Funes, de 28 años, sufrió violencia familiar en Honduras 

“Yo salí a Estados Unidos por la desesperación de salir de Honduras, porque el padre de mi hijo me quiso matar, y mi hijo presenció todo. Ya no éramos esposos. Yo tengo todo interpuesto, lo llevé a audiencias y todo, pero lo que pasa es que el papá de él trabajó con la policía y con la DPI (Dirección Policial de Investigaciones); el señor murió, pero él quedó con sus contactos. Entonces de nada me sirvió (demandar), nunca hicieron nada, cada vez era peor con él. Y (la violencia) era enfrente del niño, yo no salía, porque le tenía miedo”, relata.

Kate pidió prestado para pagar los 12 mil dólares que les cobró el ‘coyote’ por llevarlos hasta Houston. El 5 de junio ella y su hijo de 8 años huyeron de su país. Sin embargo, al llegar a Veracruz el traficante los abandonó.

Engañada y endeudada

Laura López, tiene 21 años, es madre soltera y salió de Guatemala con su hijo de un año de nacido con la esperanza de lograr el llamado “sueño americano”. Ella vivía con su familia y laboraba en la cosecha de la papa, un trabajo que no era constante y por el que le pagaban apenas 30 quetzales al día, equivalentes a 77 pesos mexicanos. 

Laura López, de 21 años, se realiza una prueba de Covid 

Por ello, cuando el ‘coyote’ le dijo que con un niño pequeño fácilmente le darían el asilo en Estados Unidos y la llevó con un hombre para que le prestara dinero, ella no dudó en endeudarse y salir de su país.

El trato del préstamo fueron los 50 mil quetzales, equivalentes a casi 130 mil pesos mexicanos, que le entregó al traficante, más un 10 de interés mensual; sin embargo, no sabía que podría ser retornada a México,  en donde permanece con una deuda que crece constantemente. 

Quiere trabajar para arreglar su casa

Luis Javier Flores, de 42 años, vendía verduras en Honduras, pero no le alcanzaba para arreglar su casa, por lo que al escuchar que con un niño menor de cinco años podría ingresar a Estados Unidos decidió viajar con su hija de 3 años, mientras que su esposa y sus otros tres hijos de cinco meses de nacido, 9 y 11 años, esperan en Honduras que logre el anhelado “sueño americano”.

“(Mi esposa y yo) hablamos y nos pusimos de acuerdo, fue duro para nosotros, no fue fácil. Pero queremos hacer una casita, queremos sacar adelante a la familia, queremos darles estudios a las niñas que quedaron allá. Y un mejor bienestar para mi hija también (…) Yo tengo una casita, pero la casita no está muy buena y no puedo arreglarla por el problema que no nos ha ajustado el dinero. Y por eso decidimos ir allá, porque allá usted trabaja, gana dólares y los dólares se multiplican”, un dólar vale 23 lempiras, señala.

Luis Javier Flores decidió viajar con su hija de 3 años, mientras su esposa y sus otros tres hijos esperan en Honduras 

Él cruzó México sin un guía, pero con su hija de tres años en los brazos, como lo hacen desde 2018 la mayoría de los centroamericanos que buscan el asilo en Estados Unidos.

“Me la traje porque nosotros escuchamos que con niños menores de 5 años pasaba uno, por eso yo me decidí traer a mi hija, porque ella tiene 3 añitos y yo pensé que podía ser rápido, porque se miraba que sí pasaba la gente, que les daban la oportunidad. Pero yo no pude lograr la oportunidad”, lamenta el hombre sentado frente a su hija, mientras ambos se comían una dona de azúcar, después de un mes de permanecer lejos de su casa.

El estudio de la OIM destaca que la lengua materna del 8 por ciento de los encuestados es distinta al español, principalmente lenguas mayas de Guatemala como el quiché, mixteco, quekchí y mam.

Abandonada en comunidad indígena

Isabel habla mam, dice tener 32 años aunque no sabe su fecha de nacimiento. Ella decidió ir a Estados Unidos después de haber sido abandonada por su esposo junto a sus cinco hijos, narró con el poco español que habla.

“Mi esposo me dejó, por eso que vengo yo a Estados Unidos. Me dejó con cinco hijos, y yo dejé a cuatro allá con mi mamá. Mi mamá ya es una anciana. Yo estoy luchando por salir (adelante). Y me dijeron mis hermanos: venga usted, yo escuché que está saliendo la gente (de Centroamérica a Estados Unidos) y por eso es que me vine yo, para cuidar a mis hijos”, explica.

Isabel habla un dilecto; ella y sus cinco hijos fue abandonados por su esposo  

En su comunidad, ella se dedicaba en ocasiones a “arrancar”, como le llama a la cosecha de hortalizas, y otras veces a lavar ropa, a cambio de 50 quetzales, equivalentes a 128.47 pesos mexicanos, los cuales empleaba en la comida de sus hijos.

Isabel dice no saber cuánto le pagó su familia al ‘coyote’ que prometió llevarla a ella y a su hijo de 6 años hasta Florida. Tampoco entiende por qué fue expulsada a México, en donde permanece con su hijo, pero extraña a los otros cuatro.

De acuerdo con la DTM de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas, mientras que el 67 por ciento de los mexicanos viajan solos hacia Estados Unidos, el 83 por ciento de los extranjeros lo hacen acompañados, 98 por ciento de ellos con algún hijo.

De los extranjeros que viajan acompañados, el 71 por ciento lo hace con un hijo, el 23 por ciento con dos, el 5 por ciento con tres hijos y el uno por ciento con cuatro hijos. El 12 por ciento viaja con su pareja, el 6 por ciento con personas que no son sus familiares, el uno por ciento con nietos y otro uno por ciento con sus hermanos. 

Por su parte, de los mexicanos acompañados, el 70 por ciento lo hace con sus hijos, el 21 por ciento con uno de ellos, el 44 con dos, el 21 con tres y el 14 por ciento con cuatro hijos.

Según la encuesta de la OIM, el 30 por ciento viaja con su pareja, el 17 por ciento con sus hermanos, el 15% con sobrinos, el 5 por ciento con nietos, un 5 por ciento con padres y otro 5 por ciento con personas no consanguíneas.

Esperanza de asilo

La de Eilín es de las pocas familias centroamericanas expulsadas que están integrada por ambos padres, y es que ella, su esposo y sus dos hijos tuvieron que huir de Honduras tras ser amenazados por un grupo criminal.

Eilín trabajaba como enfermera en Centroamérica, y desde hacía más de ocho años su esposo laboraba como gerente de cuentas en un banco, hasta que lo amenazaron para que les diera la información confidencial de algunos clientes, pero al negarse a hacerlo tuvieron que vender todo y huir con la esperanza de refugiarse en Estados Unidos.

Eilín fue amenazada en Honduras, por lo que tuvo que vender todo y huir con la esperanza de refugiarse en Estados Unidos 

El traficante de personas que contactaron no les dijo que la frontera estaba cerrada, y les ofreció llegar hasta Estados Unidos a cambio de 12 mil dólares, los cuales reunieron con la liquidación de su esposo, sus ahorros y la venta del automóvil familiar, el cual tuvieron que rematar para poder salvar su vida.

Las historias de Dina, Kate, Luis Javier, Isabel, Eilín y Laura narran parte de lo que continúan viviendo diariamente un gran número centroamericanos y mexicanos, quienes salen de sus lugares de origen con la esperanza de encontrar refugio en el gobierno de Biden. (Hérika Martínez Prado / El Diario)

hmartinez@redaccion.diario.com.mx