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En el olvido los juegos de antaño

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Jesús C. Aguirre Maldonado/el Diario

martes, 20 abril 2021 | 22:14

Delicias.- En solo recuerdos han quedado algunos o la mayoría de los juegos de antaño como los hoyitos, el cinto escondido, el bote volado, las escondidas, el changais, el chinchilagua, la rayuela, las canicas, los carritos de baleros o rodillos, el trompo, el balero y la construcción de juguetes de madera,  cuando había más contacto y se tenía una infancia más sana, sin la burbuja en que ahora se encuentran sumidos los niños y adolescentes a causa del uso del celular y las nuevas tecnologías.

Los clásicos juegos unían a la chavaleada al caer los últimos rayos del sol, juntándose generalmente en las esquinas sin hacer travesuras, no importaba que no hubiera dinero, ya que para jugar y pasársela súper bastaba el ingenio.

En el caso del chinchilagua, que no era otra cosa que el juego chinche al agua, que fue cambiado y convertido a una sola palabra.

Bastaba una pared, un poste para recargarse o hasta un niño o niña fuerte y se gritaba: “Chinchilagua arriba yo, brincando lo más al frente que se podía, dejando caer su peso sobre la espalda del que la hacía de “burro” y así uno a uno brincaban los niños y niñas, en juegos donde no había morbo, hasta que aguantaran el peso los que estaban abajo. Era un juego muy divertido.

Los carritos de baleros o rodillos los hacían los papás de los niños o los chicos más grandes de las palomillas, utilizando pedazos de madera que se tenían en casa.

Se jugaba en las banquetas, los carritos tenían su eje delantero que servía para dar vueltas. En el centro se hacía un agujero y lo atravesaba un tornillo dejando que girara a la izquierda y derecha. Uno conducía y otro empujaba, jugándose carreras en las banquetas, lo peor era cuando algunos pequeños, al fin pobres del barrio, sin zapatos, eran aplastados por un balero, iban llorando a su casa con el dedo reventado.

En el juego de las canicas solían hacerse hoyitos en la tierra. Había los ágates de varios colores, las damas chinas de un solo color, las canicas de barro y las pirrinas o chirrinas que se sacaban de las botellas de vino, generalmente de Don Pedro y Presidente. Ahhh! y estaban las más grandes, las “macalas”.

En este juego se terminaba con las manos todas partidas o “roñosas” a causa de la tierra y con las rodillas todas raspadas o los pantalones rotos, sin faltar el regaño de mamá.

De quienes solían robarse las canicas, cuando perdían o por maldad, se decía que “hacían garruña”.

También estaban los futbolitos, que los había en la tienda de la Sexta sur, con Los Torres, donde también jugaban los más mayores y señores a las huasas o al cuatro.

Fubolitos también los había ahí en el mercado Morelos, en La Marea.

Los trompos se compraban generalmente en el mercado Juárez, con todo y su cuerda, este juego fue muy promocionado en la televisión, junto con el del Yoyo, con suertes como “Brincando la cerca” o “Paseando el perro”.

Pero los años pasaron y se llevaron con ellos los recuerdos infantiles de personas mayores de 60 años que aún recuerdan su infancia, ya que como dice el dicho: “El corazón no envejece, es el cuero el que se arruga”.