Estado

En hospitales hasta el 70% de infecciones

El Central y General han sido señalados por muertes debido a una bacteria, que no reportan como causa del deceso

S. Ochoa / M. Silva / El Diario

lunes, 24 junio 2019 | 11:00

Chihuahua— El viernes 19 de mayo de 2017, cuatro recién nacidos que eran atendidos en el área de prematuros del Hospital General de Guadalupe y Calvo adquirieron una infección nosocomial, situación que dejó sin vida a tres de ellos, en tanto que la cuarta afectada tuvo que ser trasladada para su atención al Hospital General de la ciudad de Chihuahua. 

Los menores que nacieron entre las 32 y 35 semanas de gestación presentaron un cuadro infeccioso que les ocasionó una “enterocolitis necrotizante” y posteriormente la muerte, convirtiéndolos así en parte de la estadística que indica que en México, las infecciones nosocomiales (adquiridas en el hospital) producen discapacidad y muerte en un 23 por ciento.

En Chihuahua, los hospitales públicos (Central y General) han sido señalados recientemente como causantes de afectaciones a pacientes debido a la presencia en sus instalaciones de bacterias que ocasionan enfermedad y/o muerte a pacientes que ingresan a las áreas de cuidados intensivos o quirófanos y que no son reportadas como causa de muerte.

“En la ciudad se han reportado infecciones nosocomiales o intrahospitalarias por una peligrosa y letal bacteria llamada Acinetobacter Baumanni, llamada coloquialmente por el personal de enfermería como ‘Asesinobacter’ y nunca es reportado como causa de muerte”, señala Javier García, médico especialista en Medicina Interna.

 

Indica que localmente se reporta hasta un 70 por ciento de infecciones adquiridas en pacientes de las Unidades de Cuidados Intensivos –UCI– del Hospital Central, Hospital General y en el Instituto Mexicano del Seguro Social –IMSS– unidad Morelos, situación que es –asegura– negada por las autoridades de dichas instituciones.

“El problema de las infecciones se niega y se omite en el reporte a la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica –Rhove– que se encarga de establecer indicadores de evaluación, dar seguimiento al sistema de vigilancia local y retroalimentar el mismo. Además, destaca la particularidad que desde hace un año la UCI del hospital Central se encuentra ‘provisionalmente’ en un área donde hasta hace poco en los techos de ese lugar vivían decenas de palomas y era un ‘coruquero’ conocido”, dice García, quien hace un quinquenio fuera director del Ichisal.

Abunda que no se trata sólo del cuidado de las instalaciones, sino de las medidas de higiene en general, que también se ven afectadas por la falta de insumos denunciada públicamente por personal de enfermería que labora en dicho hospital.

“Sin duda que las instalaciones, insumos de higiene como bactericidas son importantísimos para evitar las infecciones, por lo que el lavado de manos que se realiza con jabón Zote para cirugías y curaciones contribuye a exacerbar el problema, aunado a la ausencia de buenas prácticas de higiene de los hospitales donde por falta de insumos elementales, la asepsia y antisepsia nos evoca a recordar aquellos viejos galerones hospitalarios donde el Dr. Lister eliminaba bacterias con su solución y un mechero de Bunsen con su flama de alcohol”, señala el entrevistado.

En este contexto el director del Hospital Central, Óscar Aguirre, asegura que este registra un promedio de 1.3 infecciones en pacientes causadas por bacterias nosocomiales, por cada mil egresos, situación que –asegura también– lo coloca dentro de los estándares normales. Sin embargo, reconoce que dichos procesos infecciosos sí les han ocasionado “complicaciones” a los pacientes.

“Este hospital cuenta con la Unidad de Contingencia Epidemiológica Hospitalaria que realiza las revisiones diariamente bajo los lineamientos que exigen las autoridades sanitarias a las que se les entrega un informe semanal de la condición en la que se encuentra el hospital. Las bacterias nosocomiales existen en todos los hospitales sean públicos o privados, en países de primer mundo o tercermundistas, pues las prácticas hospitalarias así lo generan”, explica Aguirre y agrega que el trabajo de cada hospital es mantener esas bacterias en control a través de las medidas de higiene adecuadas.

Lo anterior implica que el personal médico y de enfermería se lave las manos antes y después de intervenir al paciente, su indumentaria debe estar siempre limpia y mantener la higiene en las áreas donde se encuentran los pacientes recién nacidos o aquellos que serán intervenidos quirúrgicamente. 

En este último caso, médicos y enfermeras deben realizar un “lavado quirúrgico” con antisépticos y hasta con técnica determinada, es decir, no es un lavado común con jabón igualmente común. 

“El riesgo de contraer una infección por estas bacterias se incrementa con la permanencia del paciente en el hospital, es decir, una hospitalización prolongada es de mayor riesgo y es por eso que dentro de lo factible se envía al paciente a casa para que no esté expuesto. De igual modo, es por eso que se restringen las visitas de familiares o amigos, pues estos podrían adquirir un contagio y provocar que la bacteria salga del hospital, esto a pesar de que existen bacterias que no constituyen ningún peligro para personas sanas, pero si pueden ser muy agresivas para los pacientes”, indica.

De acuerdo con Aguirre, hay ocasiones en las que resulta necesario aislar a un paciente para evitar contagios o incluso que amerite el cierre de áreas del hospital que cuentan con una prevalencia mayor.

Otra de las restricciones que se tiene en los hospitales es no permitir el ingreso de niños que visiten a un paciente, pues quedan expuestos a un contagio y en ocasiones la gente no lo entiende y se molesta porque no se le deja pasar con menores. De igual modo, dijo que se realizan labores de asepsia y antisepsia en quirófanos y neonatales, así como en las demás áreas del hospital para mantener el brote bajo control.

Problema de salud pública

Las infecciones nosocomiales son un problema de salud pública que genera un fuerte impacto económico y social y que producen discapacidad y muerte en un 23 por ciento de los pacientes en México, señala García, y hace hincapié en que se relacionan con altas tasas de enfermedad y muerte.

“Estas infecciones se asocian con altas tasas de morbilidad y mortalidad, lo que se traduce en un incremento en los días de hospitalización y los costos de atención. También en un incremento en Dalys (años de vida ajustados de discapacidad) en la población”.

Debido a que las infecciones nosocomiales son complicaciones en las que se conjugan diversos factores de riesgo, que en su mayoría pueden ser susceptibles de prevención y control (limpieza de áreas hospitalarias, limpieza de instrumentos e implementos hospitalarios, lavado de manos por parte del personal y en general técnicas de asepsia y antisepsia) resulta fundamental la evaluación continua sobre los programas y políticas establecidas para su control a nivel nacional.

“Estos procesos infecciosos se definen como una infección contraída en el hospital por un paciente internado por una razón distinta a esa infección. Operacionalmente, las infecciones que ocurren después de 48 horas del internamiento se consideran como nosocomiales”, dice el entrevistado.

La norma oficial –NOM-045-SSA2-2005– para la vigilancia epidemiológica, prevención y control de las infecciones nosocomiales, también considera en este grupo las adquiridas por los neonatos que se infectan en su paso a través del canal de parto, las que se desarrollan en los 30 días subsecuentes a una intervención quirúrgica y aquellas que ocurren en el primer año posterior a la colocación de un implante.

En México, se estima que la frecuencia de infecciones en unidades hospitalarias varía desde 2.1 hasta 12 por ciento, siendo las unidades de cuidados intensivos las más susceptibles.

“En las unidades de cuidados intensivos (UCI) la situación es más grave. Un estudio realizado en 895 pacientes de 254 UCI de diferentes hospitales del país, encontró que 23.2 por ciento de estos tenía una infección nosocomial”. 

“La neumonía fue la más común (39.7%), seguida de la infección urinaria (20.5%), la de herida quirúrgica (13.3%) y la del torrente sanguíneo (7.3%)”. 

“La letalidad asociada a estas IN fue de 25.5 por ciento. En las unidades neonatales y servicios pediátricos los riesgos de bacteriemia son significativos pues a los factores de riesgo conocidos se agregan la saturación de los servicios, el uso de mezclas de soluciones parenterales y el abuso en la cateterización umbilical”. 

“Por desgracia, la manipulación de soluciones puede causar un nivel endémico de contaminación, incluso en adultos, situación difícil de detectar pues no se piensa en ello”.

La Rhove a la que, según la NOM-045, todos los hospitales deberían reportar de manera pertinente los casos de infecciones nosocomiales, sólo recibe reportes del 49 por ciento de estos, lo que indica que el 51 por ciento restante de las instituciones de salud no sólo no se apegan a la norma, sino que pueden estar enfrentando problemas infecciosos de manera continua.